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Tony Macalpine deslumbró en el Roxy

El guitarrista estadounidense llegó a la Argentina para presentar "Death of Roses", su disco más reciente.

Si no proponemos pensar en guitarristas virtuosos, por lo menos al principio, nos vienen a la cabeza siempre los mismos tres o cuatro: Steve Vai, Joe Satriani, Yngwie Malmsteen, algunos de los más populares a nivel mundial, suelen ser los primeros en asaltar la memoria cuando repasamos el catálogo de maestros de las seis cuerdas. Sin embargo, hay muchos más, y Tony Macalpine en especial, está - a pesar de ser prácticamente un desconocido para el gran público - entre los más respetados y queridos tanto entre sus colegas como entre el público del estilo. Con quince discos solistas en su haber y un enorme inventario entre bandas full-time y colaboraciones con otros artistas, el guitarrista oriundo de Springfield, pionero del metal neo-clásico instrumental es, además, uno de los más prolíficos.

Luego de visitar nuestro país hace algunos años como parte de la banda en vivo de Steve Vai, Macalpine volvió a pisar suelo local, esta vez la primera vez en plan solista – ahora como trío, acompañado por los gigantes Pete Griffin (bajo) y Gergo Borlai (batería) -, para presentar su último trabajo de estudio y festejar, además, el cumpleaños número treinta de Maximum Security (1987), disco que, a fines de los 80, lo puso definitivamente en el podio junto a los mejores de su generación.

Y, a decir verdad, el apartado Death of Roses (2017) fue casi una excusa, un trámite para lo otro: rozando apenas el tracklist de su álbum número quince (sonaron “Chrome Castles”, “Death of Roses”, y alguna más del extenso archivo), el plato fuerte no fue otro que la interpretación, de punta a punta y con apenas alguna pausa para agradecer, del enorme Maximum Security. Así, desde pocos minutos después de comenzado el show, la emocionada audiencia disfrutó de clásicos como “Autumm Lords”, “Hundreds of Thounsands”, las tarareadas “Tears of Sahara” y “Keys to the City” o la preciosa “Porcellain Doll”.

A pesar de un volumen en ocasiones demasiado alto (contratiempo que, al parecer, se repitió en otras fechas del tour, como el Santiago ProgFest, en Chile) y que, por momentos, dificultaba incluso seguir las melodías, el saldo fue el de un show en todo sentido memorable. La visita del artista a tierras argentas dejó como resultado solo alegría y regocijo, abundantes vítores y cánticos de aliento, varios “una más y no jodemos más”, otros tantos “olé olé olé, Tony, Tony” y, sobre todo, grandes emociones, no solo por la performance, indudablemente impecable: es que, hace apenas tres años, el músico se vio obligado a suspender una gira al detectársele un agresivo cáncer del colon que lo tuvo, literalmente, más cerca del arpa que de la guitarra. Y hoy, quizás gracias a la divina intervención de Apolo (aunque más probablemente gracias a la oportuna práctica de algún también virtuoso profesional de la medicina), tuvimos la invaluable oportunidad de verlo y escucharlo, no solo en el mejor de los estados de salud, si no brindándose completamente a su público, en un concierto simplemente inolvidable.