El quinteto finlandés de power metal volvió a nuestro país para presentar “Eternal”, su disco de estudio número 15.

Sábado 13 de febrero. Metal desde temprano, para entrar en calor. La previa, a cargo de las tres excelentes bandas locales Corazón Profeta, Conxuro y Abeydon – que además contaría con la participación especial del guitarrista Adrián Subotovsky -, dejó a la sala – literalmente repleta -, en punto caramelo para un número principal que nunca decepciona.
Stratovarius subiría al escenario a las 21.30, casi 45 minutos después de que la última banda soporte – Abeydon, que festejó sus 10 años de vida – dejara el escenario. La espera, aunque prolongada, lejos de caldear los ánimos, aumentaría la expectativa del estridente e incansable público.
El calor, desértico, devastador, tampoco sería excusa para claudicar. Rolf Pilve, Lauri Porra, Matias Kupianen y Jens Johansson subirían al escenario para recorrer los primeros acordes de ‘My Eternal Dream’, track que daría comienzo oficial al show (y que abre “Enternal”) para que inmediatamente, esperado pero sorpresivo, el inoxidable Timo Kotipelto saltara a las tablas para cerrar el círculo con sus primeras líneas. El sonido se mostró combativo: por momentos faltaba la voz, luego la guitarra se ausentaba. Aun así, el show atrapaba.
Además de las de Eternal (‘Lost without a trace’, ‘The lost saga’ y ‘Shine in the dark’), sonarían algunos de los momentos más importantes de los eximios 30 años de la banda: ‘Eagleheart’, ‘Phoenix’, ‘SOS’, ‘Paradise’, Against the wind’, ‘Unbreakable’, sumados a los eximios solos instrumentales de Johansson (teclado) y Porra (bajo, que incluiría fragmentos del tango “Por una cabeza”), completarían la lista previa al ya repetido ritual de ausencia momentánea antes del bis.
El setlist se completaría con ‘Forever’, ‘Shine in the dark’, ‘Speed of light’ y una ‘Hunting the hight and low’ interactiva, en la que Timo & Cia charlarían largamente con su público, los harían participar de los coros y, claro, agradecerían la acalorada bienvenida y repetirían hasta el cansancio que somos el mejor público del mundo.