El quinteto presentó oficialmente su segundo LP, una obra conceptual inspirada en el amor a la camiseta.
Admiradores del jogo bonito, los portadores del paladar negro elogiaron a una chilena, un caño o una rabona más que a un gol de rebote que empujó a la red un nueve pescador. Cuando la actualidad futbolística convirtió a estos seres en una especie a punto de extinguirse, Los Heladeros del Tiempo eludieron la lógica resultadista para enaltecer los olvidados valores del balompié.
Frankie Langdon abandonó su universo de cangrejos, mares y playas desoladas en invierno para emprender una nueva aventura. Logró combinar el intrépido espíritu del investigador francés Jacques Cousteau con la audacia de Diego Maradona en once canciones, una por cada jugador en cancha, para musicalizar un viaje al «Mundial».
«Dios dio nombre a los seres en el principio», evocó Langdon tras bambalinas. En su plegaria a la deidad de la redonda incluyó una descripción del rol que ocupó cada heladero durante el partido. Maxi Lazbal fue el baterista encargado de custodiar los tres palos; Juani de Abreu, el eficaz defensor y bajista; He Man Garrido, un virtuoso mediocampista de las seis cuerdas; Dante Violanti, un punzante delantero con riff y el vocalista desempeñó con elegancia la tarea del enganche.
«En el fondo somos arqueros» más «La marcha de la derrota» dieron el puntapié inicial. «Mundial de Brasil» desplegó su cadencia tropical para confirmar que la alegría no es propiedad exclusiva de quienes habitan la tierra de la capoeira. El primer disparo «Al arco» exaltó al público y motivó una ovación afectuosa para un equipo que celebró la igualdad entre colegas con «La marcha del empate».
Tras gambetear barriletes y cometas, disputaron «La final» con un estribillo que conquistará la tribuna de cualquier estadio. Entonaron jubilosos «La marcha de la victoria», cobijados por una hinchada que alentaba con el corazón en la mano. Sin abandonar su esencia cancionera, el grupo ideó su rezo fogonero para el astro del fútbol que vistió la camiseta albiceleste. «Nunca más le corten las piernas a Dios», rogó Frankie en la canción dedicada al diez que nos alegró la vida: «Corte».
«Mañana» -un cover de Charles Strouse y Martin Charnin grabado en el simple «Hoy»-, «Italpark» de Don Adams más el inolvidable «Luna de miel» creado por Virus animaron el entretiempo. ¡Foul! ¡Mano! ¡Penal! Exclamaron junto a Edu Schimdt para reavivar «Las emociones mundiales» y despedir a la monada con un «Cierre de área sin gol».
Dos monos guardametas y uno boxeador irrumpieron en escena. «Uno es Burgos y el otro, Navarro Montoya. Cómo no hay otro arquero con ese apodo, el restante es Gatica», explicó Frankie antes de sumarse a un improvisado partido de fútbol con sus amigos primates.
Para el final, reservaron algunos temas de «Espuma Libertad», el álbum debut de la banda, como «Marina del rey», «Hoy», «Altura crucero» o «Santo remedio».
Los Heladeros del Tiempo no rechazaron la pelota vulgarmente, tirándola a la tribuna. Respetaron su disciplina táctica y no traicionaron su idiosincrasia futbolística. Supieron absorber la presión para coronar una actuación sobresaliente con «Nueve de área sin gol» más «Muñeca». Consumada la victoria, bailaron junto a su gente «You make me feel like dancing», de Leo Sayer.
Foto: Mono Gómez
