Por Fernando D’Addario, para el Suplemento No de Página/12.
«Ya sé que nunca voy a poder ser el 9 de San Lorenzo, así que cantar en una banda de rock es cumplir mi otro sueño del pibe», dice el pelado Pablo Marchetti, periodista de «La Maga», como la mayoría de los Sometidos por Morgan, incluyendo al tecladista Fernando Sanchez, encargado de una tarea tan ardua como la Agenda de este suplemento.
En la caótica entrevista con el «No», el tánden Marchetti-Sanchez deja frases para la posteridad, como: «Al final de cuentas, no era tan difícil hacer música»; «estamos cansados de cubrir conciertos de rock; ahora queremos protagonizarlos»; o «para nosotros, llegar a Obras será conseguir hace playback en el programa de Tinelli».
El disco es un cambalache bien logrado, donde conviven sin prejuicios la cumbia, el rap, el bolero y el funk, con el común denominador de la sátira, a todo y a todos, incluyéndose ellos mismos. El tema Press es una gema al respecto, una feroz visión del mundillo periodístico (…). De todos modos, admiten, «nunca nos enganchamos una minita chapeando», declaración digna de ser puesta en duda.
Por eso es preferible pasar a otro tema, como La cumbia del odontólogo, un alegato reinvidicador del famoso dentista que liquidó a toda su familia. Algunos comunicadores sociales tildaron de incocebible que se jugara así con la muerte, mientras que Lalo Mir no paraba de difundirla por radio mientras duraba el juicio a Barreda.
«Que Hadad haya dicho que no era ético hacer esa canción es algo que nos llega de orgullo», admite Sanchez, y para volver a destrozar los estereotipos, Marchetti cuenta que después de cantar Press en Prix D’Ami, se le acercó un pibe que lo felicitó, diciendo: «El tema de los periodistas es una masa, hicieron bien en deesenmascararlos, son una lacra y nadie se atreve a decirlo». El pelado sólo dijo: «Sí, claro, gracias», y en rigor es cierto que sólo ellos podían atreverse a escribir un tema como Press sin peligro de ser censurados para siempre por el temible cuarto poder. Imperdible, también, el Rap del baloncesto, al que varios programas de básquet difunden sin entender, claro, la acidez con que tratan a los poseídos por la NBA. (…).