El músico uruguayo cerró su gira por todos los departamentos de su país tocando en su Barrio Sur natal.
Jaime Roos es un soberbio autóctono del barrio Sur. Allí donde la calle Durazno nace la intemperie. Justo donde Durazno se cruza con la desgastada Convención. En ese instante y lugar, Jaime la recorre y es observado. A veces como un extraño visitante, otras veces como un hijo más del fuerte viento de invierno, que se aproxima cargando en su lomo algunas gotas del Río de la Plata y te salpica la cara como con pequeñas agujas. Como un buen porteño ama su Buenos Aires: Jaime le rinde culto a sus lugares, muestra sus fotografías y la colorea con tambores y redobles de murga uruguaya. El rock parece un accesorio más de su música, sin más virtud que el de la voluntad de repasar algunos sonidos hoy extraños para las nuevas generaciones, pero históricos del rock oriental. Su banda sabe de Shaker`s por tener a Hugo Fattorusso tocando en algunos temas el acordeón, sabe de rock (de aquí y de allá) por los hermanos Ibarburu: Nicolás (guitarra), Andrés (bajo) y Martín (Batería). La banda se completa con Walter Haedo en percusión y Gustavo Montemurro en teclados, además del coro de murga de la banda «Los mareados». Jaime y su banda también saben de Eduardo Mateo, de murga, de tango y milonga y sobre todas las cosas, saben como llegar al corazón de la gente, que coreó cada una de las canciones por casi dos horas.
Gira
El domingo culminó su gira por los 19 departamentos del Uruguay. Entre reproches de algunos sectores políticos de la hoy opositora derecha preguntando el «porqué», del auspicio de la Administración Nacional de Combustibles (Ancap) tanto al disco como la gira, el músico convocó a miles de personas en todo el país. Además, para completar la fiesta, Roos se dio un lujo personal para alimentar aun más su soberbia, tocando en el barrio Sur, «mi barrio», tal como expresó el músico sobre el escenario entre el aplauso cerrado de los vecinos y el acompañamiento del resto. El domingo entró como suplente ya que el sábado la lluvia dejó fuera a Jaime de la cancha. El músico que supo fusionar el rock con el candombe y la murga –sin desconocer los méritos de otros músicos anteriores-, se fue a tocar a pleno barrio Sur, a tres cuadras de su Durazno y Convención, frente a la rambla, con un cielo amenazante, y un sutil viento con sabor a la Sal del puerto.
Fuera de ambiente
El último disco -«Fuera de Ambiente»-, es una obra testimonial e íntima. Aquel Jaime que contaba la historia de otros, de la hermana de la Coneja, de los futuros murguistas, y Colombina, hoy homenajea y se da el gusto. A su madre, a Mario Benedetti, a los murguistas que salen en el Carnaval por amor al arte, le dedica su música y letra. Tal vez estar fuera de ambiente, -tal como titula su disco y frase incorporada en «Tema del Hombre Solo»-, puede ser esa necesidad del artista de abstraerse, de mirar hacía sí mismo, de renovarse. Claro está, que nadie puede pretender, -ni siquiera el propio Jaime-, lograr renovarse totalmente, siendo que su música está en cada baldosa de esta ciudad. Por eso respondió con clásicos viejos, y clásicos nuevos. «Cometa de la farola» dedicado al club Defensor Sporting que tanto dice del Parque Rodó, las canciones de murga tales como «Colombina», «Los futuros Murguistas», que recuerdan a su paso por Capurro, La Teja, o Paso Molino. «Adiós Juventud», o «Que el letrista no se olvide», rememorando viejos carnavales. «Tal vez che –che», con el típico chico, repique y piano del Sur, Buceo y Malvín. En Jaime está la Ciudad Vieja, el puerto, la Unión y Palermo. Está el fútbol, el carnaval y el boliche. En la voz de Jaime está la voz del más lejano de los uruguayos por el mundo, como alguna vez lo fue el propio Roos. Es que en él está la identidad de toda una ciudad que lo quiere y sigue. Pero él, muy soberbio, no deja de hablar de su barrio Sur.