El cantante y guitarrista John Goodblood explica cómo compusieron «Tesla Rhapsody», un disco con canciones de un minuto. Además, adelanta el show del viernes en The Roxy Live.

«A fines de 2017 tuvimos un impasse. Cuando nos juntamos, nos planteamos qué hacer: si editar algo en un formato usual o subir la apuesta. Ahí surgió la idea de armar temas de un minuto, y ofrecer las versiones extendidas solamente en los conciertos», explica John Goodblood, cantante de los argentinos Electric Child.
-Entonces se viene una gira importante, ¿no?
-Sí, claro. Obvio que hay gente que va a pedir temas de los primeros dos álbumes -«21 Blue» de 2017; y un EP homónimo de 2016- y también los vamos a tocar. Pero queríamos algo nuevo, y al crear «Tesla Rhapsody» nos dimos cuenta de que podíamos armar cosas conceptuales, como un western a lo Mad Max, o uno todo acústico, con instrumentos locos. Esas bases están, porque en la banda tenemos tareas asignadas. Yo desde la composición, Luke -baterista- con la producción y Sánchez -tecladista- desde lo audiovisual. Está bueno que cada uno meta mano en lo que es bueno. Eso se logra después de años de laburar juntos.
-Una de tus ideas era ir en contra de discos conceptuales como «The Wall» (1979), de Pink Floyd. Lo loco es que «Tesla Rhapsody» también tiene un concepto, porque hay un leitmotiv.
-Sí, obvio. Me encantan esas megaobras con temas de nueve minutos, y quizás algún día hagamos algo así, pero esto fue muy natural. Se dio a lo Tesla, adecuándonos al ritmo de vida de la gente de hoy. Es la audacia y el riesgo de producir rápido, haciéndolo sobre la marcha y siguiendo el instinto y el pulso de las cosas. Creamos un nuevo formato, el «insta-álbum».

-¿Te influenciaste en algún otro grupo para llegar a eso?
-Tuve esa idea en la sala. Hay bandas que tienen versiones estándar de sus temas y que los acortan para Instagram, pero en nuestro caso duran un minuto desde su concepción. Es componer con esa restricción en mente, y experimentando muchas cosas y expandiendo la paleta instrumental. En Electric Child traemos un estilo tradicional y le agregamos cosas eléctricas o modernas. Yo por ejemplo aporté una melodía ragtime, que es parte del jazz de los años ‘20, y además una pieza de tango. A ambas se les aplicó ese tratamiento, y al ser de un minuto, podemos explorar un montón.
-¿Cuántos temas van a ser?
-Podrían ser infinitos, porque no tienen nombre. Se llaman «Tesla Rhapsody #1», «Tesla Rhapsody #2» y así. Estamos liberándolos de a poco en Instagram.
-¿La idea es luego subir todo eso a Spotify?
-Sí, después se va a ensamblar en un lanzamiento formal y lo vamos a distribuir en las plataformas. The Dead Weather, la banda de Jack White, sacó temas durante un año y medio; cuando terminaron, lo editaron a la vieja usanza. Esa idea capaz viene de ahí.
-A la hora de componer, ¿qué diferencias hay con los otros dos discos? Porque ya tienen temas de menos de dos minutos, como «Cocaine taxi», pero nunca habían llegado a estos extremos.
-Es muy difícil. Si tenés un riff, como muchas de las cosas influenciadas del blues, debe durar lo justo y necesario. En vez de hacerlo de cuatro compases, lo dejamos en dos. Si íbamos a meter un intervalo entre la voz y otra cosa, lo eliminamos. Es una onda medio Frankenstein de armar y zapar una canción como si fuera de dos o tres minutos, pero reducirla con la misma imaginación. No queríamos hacerlo a través de la edición, sino que fueran directamente tomas así. No sólo fue difícil en en el estudio, sino que también va a ser complicado en vivo, porque tenemos que cambiar tanto en la voz y en la guitarra, y no pifiar. Ahí está el juego de lo que quería al retomar nuestra actividad: hacer algo que nos resultara re limado y difícil.

UN ARTISTA, MUCHAS FACETAS
-Yendo a un plano personal, creciste en Nueva York y viniste acá a los 16. ¿Qué te influenció del blues y del delta? Sé que incluso te fabricaste una guitarra de dos cuerdas.
-Fue medio sin saber, porque desde los once meses a los cuatro años viví en Virginia. Ese era el verdadero sur, pero yo no era muy consciente. Los adultos lo entendemos, pero de pendejo sos inocente y no pensás en eso. Mis padres no eran antropólogos del blues ni nada. El primer jardín al que fui era de la iglesia católica, y se cantaba gospel. Recuerdo eso, y también que en los Estados Unidos los cementerios estaban al costado de la ruta. Iba manejando y veía las tumbas al lado, en el pastito. Y desde lo personal, me acuerdo del atentado del 11 de septiembre: tenía nueve años, estaba en la escuela y nos evacuaron. El país estaba bajo ataque, pero yo tenía cero idea. Había alertas de ántrax, y mi familia vivía en el típico barrio suburbano con las cercas y el buzón. Esa mañana, mi vieja salió con un barbijo y guantes de goma. En ese momento no me significó nada, pero es imposible que no me haya influenciado artísticamente. Trato de no sobreanalizarlo, pero debe haber dejos y fantasmas que se me metieron. Muchas veces no me siento en control de lo que compongo: a veces toco un tema mío y es como si estuviera haciendo un cover.
-¿Al español ya lo hablabas de antes?
-Claro, la cultura criolla se preservó desde cero. Mi viejo es diplomático, así que su laburo consiste en representar a la Argentina en distintas embajadas del mundo. En mi familia se cenaba en los horarios típicos y se consumía la música de acá. Es más: desde los diez a los quince, cuando llegaba el verano en Nueva York, me venía acá y era invierno. ¡Así que tuve cinco años en mi vida sin ningún verano!
-¿De dónde salió el apodo «Goodblood»?
-Puede significar lo que vos quieras. Me empezaron a decir así por un blues que hice muy de chico, que se llamó «Blood on the wall». Pero quedó y me sirvió. Es necesario tener un nombre de escenario. Bob Dylan no se llama así, ni tampoco Prince…
-¡Pero imagino que no vas a ponerte un símbolo como nombre!
-(Se ríe). Te voy a contar algo gracioso, que grafica cómo la gente necesita etiquetar todo. Hace poco, el bajista de Electric Child -Santino Kazalauskas- subió una foto nuestra de su Facebook, diciendo dónde íbamos a tocar. Alguien le respondió: «Escuché la banda y está muy buena. Les voy a decir algo, pero por favor no se ofendan. ¡El que canta suena igual al que está en Cabildo y Juramento!». Era imposible para él identificar que yo era el mismo pibe. En otra ocasión fui a ensayar con Harm & Ease en Colegiales, y estaba vestido normalmente. Cuando nos acercamos a pagar, el dueño me dijo que me parecía a un tipo llamado John Goodblood (risas). Necesitan tenerme sólo en una dimensión, pero yo me quiero tomar libertades artísticas. Tengo mi versión callejera, la de Electric Child y la de Harm & Ease. Me causa gracia que algunos piensen que hay clones míos dando vuelta.
-O muchos imitadores…
-¡Claro! (carcajadas).

EN VIVO EN THE ROXY
«El viernes vamos a tocar las versiones extendidas, sólo para quienes vayan -explica el cantante y guitarrista-. En los shows de Electric Child experimento un juguito mágico, una dopamina, similar a la que sienten los que manejan los autos de Nascar. Ellos tienen los sentidos re agudizados, y es parecido a lo que me pasa. Trato de generar un éxtasis musical medio relacionado con la euforia».
-¿Cómo van a hacer para que la gente no grabe esas versiones y las suba a YouTube?
-Ah… (se queda pensando). Ahora que me lo estás diciendo, capaz que tenga que hablarlo con el road manager para que se ponga a rescatar celulares. Es interesante, me hiciste trastabillar, porque si empiezan a compartir los temas nos arruinan el marketing. No lo había tenido en cuenta, ¡pero algo se nos va a ocurrir! (más risas).