Tras un 2025 de constante crecimiento profesional y de público, el dúo de rock conformado por Joan Manuel Pardo en voz y guitarra y Santiago Luis en batería editó el que seguramente será uno de los discos del año, “Pruebas de contacto”.

“Pruebas de contacto” marca el tercer disco de estudio de Camionero. ¿Qué búsqueda artística y conceptual quisieron plasmar en este nuevo trabajo? ¿En qué se diferencia con los álbumes anteriores y en qué cosas sienten que evolucionaron como banda?
Joan Manuel Pardo: Nuestro proceso compositivo por lo general implica ir construyendo el mismo concepto que encierra el disco a medida que lo vamos armando. La música suele ir primero, y después vamos buscando, armando y desarmando en base a ideas que por ahí ya traíamos de antes y las vamos probando. En este caso, de «Pruebas de contacto» solo sabíamos que queríamos que tenga 10 temas y también sentimos que teníamos que dejarnos llevar por el momento que estaba atravesando la banda, en términos de posibilidades técnicas, para no descartar ningún recurso y entregarnos sin miedo a la experimentación. Esa fue la diferencia entre este último disco y los anteriores. Los procesos fueron bastante similares, pero las condiciones fueron cambiando. A modo general, sí hay una búsqueda más fundamental de la banda, que tiene que ver con la contundencia de la canción y con el manejo de los recursos. “Pruebas de contacto” nace justamente en el cruce de esas dos tendencias.
El álbum fue producido por Dylan Lerner y masterizado por Brian Lucey. ¿Cómo influyó trabajar con nombres de ese calibre en el sonido final de este disco?
Trabajar con Dylan para nosotros es un orgullo. Él tiene algo que lo vuelve único. Cada cosa que agarra tiene su sello, y nosotros aprendemos de él en cada sesión que trabajamos juntos. Es el tercer disco que hicimos juntos, y antes ya habíamos grabado 3 EPs: toda la discografía de Camionero. Él sabe manejar nuestra energía creativa, y maneja una espontaneidad y una intuición admirables. La idea de masterizar con Brian Lucey fue de él, e hizo la gestión directamente con Brian. En este nivel, no tuvimos intercambios, porque el trabajo final del master es muy técnico y no hay mucho más para decir que «siento que podría tener más agudos» o «siento que tiene demasiado agudos» o «se escucha muy bien en mi teléfono». El gran trabajo y el mérito en el sonido está casi todo en las manos de Dylan.
Camionero siempre destacó por su autogestión y cercanía con el público. ¿De qué manera sienten que esa conexión aparece reflejada en “Pruebas de Contacto”?
Hay mucho de eso que nos traslada él público en las decisiones que tomamos, pero no tanto en la música en sí. Tratamos de seguir orientando nuestra práctica de esa forma. Antes de la salida del disco a plataformas, se repartieron ediciones piratas a las personas que compraron para la fecha del 23 de marzo (la que salió primero a la venta), y esas ediciones se hicieron en una jornada que vino El Acoplado a nuestra sala de ensayo. Después queremos ver cómo responde la gente a lo largo de estos meses, para saber realmente cuál es el nivel de apropiación que nuestro público hace del disco. Por lo pronto, para nosotros es una oportunidad de seguir buscando la manera de conectar con la gente e ir generando los contactos, tanto en el recital como por fuera.
Al haber tenido un año de gran crecimiento y de llegar a muchos más oídos, ¿se siente una presión extra al momento de sentarse a componer? ¿Cómo afrontan ese compromiso?
No sentimos presión externa a la hora de componer. Sí hay una presión lógica interna, porque uno siempre se quiere superar o no repetirse. Sabíamos que mucha más gente que antes iba a escuchar el disco, pero eso nos entusiasma. Es una gran oportunidad y uno lo disfruta.
Además de la banda, el universo de Camionero incluye a “El Acoplado” y la “Rueda de Auxilio”. ¿Qué representa esa comunidad para ustedes y cómo influye en la identidad del proyecto?
Tanto El Acoplado como la Rueda de Auxilio para nosotros son dos fenómenos increíbles. La mayoría empezaron como seguidores, y ahora son amigos cercanos, y la admiración que sentimos es recíproca. Es increíble lo que se puede hacer cuando se trabaja en comunidad; te obliga a superarte de manera permanente para poder acompañar a la persona que tenés al lado. Más que como una identidad de la banda, nos sentimos como si formáramos parte de algo más grande aún.