Su nuevo álbum se manifiesta como un vehículo conceptual y una geografía musical, que viaja a través del rock alternativo y el pop introspectivo para captar los arreglos y texturas que pasan inadvertidas en una escucha superficial.

Tras dejar su huella en Frandiavolo y Fra, Sebastián Oriani resurge a través de Smor. Su proyecto más personal que debuta discográficamente en 2018 con «Nada es suficiente»: Esta obra conceptual de tintes pop y rock, lo consolida como un artista versátil y talentoso al encargarse íntegramente de la composición, instrumentación, mezcla y masterización.
La pandemia lo inspira a crear «Despiértame», un himno de resiliencia en pleno encierro. Durante el 2021 edita el sencillo «Una vez más (un poco más)», canción que refleja la introspección y búsqueda de perspectivas frescas en un mundo cambiante.
En 2022 concreta la regrabación, remezcla y reinterpretación de su primer álbum «Nada es suficiente», para descubrir nuevas facetas y sumar colaboraciones de artistas argentinos y españoles.
Los sencillos «Indestructible» y «Es Real» salen a la luz durante el 2023 como un pantallazo sonoro, que termina de desarrollarse en el siguiente disco: «Todo se puede apagar». El primer corte es «Sentimientos de Papel», una balada que remite a los himnos de bandas como Coldplay, o el fraseo honesto de Leiva. También disecciona la fragilidad de las conexiones humanas en tiempos de inmediatez.
Realizado con una estética que equilibra la urgencia del post-punk británico, la profundidad lírica del rock argentino y el drama emocional del pop de autor español, el nuevo disco logra un sonido expansivo y moderno.
Su llegada a las plataformas digitales se concreta con la sumatoria del video lyric oficial de «La crueldad» (segundo corte). Mientras tanto, la intención de presentarlo en vivo de manera integral, es cada vez más tangible y promete un encuentro memorable.
Smor la integran Sebastián Oriani (voz y guitarra); Albert Martin (guitarra eléctrica); Marcelo Mangiantini (batería) y Paul Slomi (bajo).
¿A qué se refiere el nombre del álbum?
Sebastián Oriani: El título “Todo se puede apagar” funciona como una advertencia necesaria e invitación a reconocer nuestra propia finitud. Es un llamado a habitar el presente con intensidad, comprendiendo que lo que importa no es el peso de lo que ya pasó, sino la urgencia de disfrutar el aquí y ahora.
Las canciones que integran este trabajo actúan como un vehículo conceptual, explorando la fragilidad de la vida y la importancia de no postergar nuestro sentir.
¿Cómo y cuándo nacieron las canciones que incluye?
El proceso creativo se disparó en diciembre de 2024 con “Sentimientos de papel”, que funcionó como el motor de todo el álbum. Sin embargo, la chispa terminó de encenderse el 1 de enero, cuando compuse y grabé “Es Tiempo de Volver” durante una mañana marcada por la fiebre y el encierro; esa pieza conserva grabaciones one take (en una sola toma) que definieron el ADN del resto del disco. El espíritu sonoro persiguió esa misma premisa: jugar con la sorpresa. La intención fue desafiar al oyente, de modo que las resoluciones armónicas y melódicas eviten el lugar común; rompiendo constantemente las expectativas de lo que debería suceder en una canción.
¿El número y orden tienen un motivo?
Absolutamente, el orden de los tracks está diseñado como un viaje narrativo. El álbum comienza con una intro que combina reflexión y explosión, estableciendo el tono de lo que está por venir. A lo largo del recorrido, atravesamos diversos estados espirituales, cicatrices de vivencias pasadas y procesos de pérdida; estructurando un arco emocional que encuentra su punto final en una catarsis necesaria.
¿Existe un concepto integral entre las mismas?
Sí, el álbum es una obra conceptual de nueve tracks que funciona como un examen de nuestra humanidad. Explora la dualidad intrínseca entre la luz y la oscuridad, el exceso y la redención; hilando cada canción no solo por su sonido, sino por una temática central que conecta la vulnerabilidad con la capacidad de renacer.
¿Dónde se grabaron y quiénes ayudaron a plasmarlo?
La producción se gestó en un entorno de Home Studio, apostando por un sonido íntimo y honesto. La masterización estuvo a cargo de Rodrigo De Haro en el Estudio Peluson; su trabajo fue fundamental para darle coherencia al sonido final. También aportó su talento en el bajo de “Sentimientos de papel” y Es tiempo de volver”. El resto del equipo se completó con Marcelo Mangiantini en batería; Albert Martin en guitarra; y Paul Slomi en bajo. Músicos que entendieron a la perfección la visión del proyecto.
¿Cuáles fueron los mayores desafíos dentro del estudio y cuánto duró el proceso?
Más que desafíos, hubo un flujo constante. Muchas de las tomas que quedaron en el disco, son las originales, aquellas que surgieron durante la composición e improvisación en el estudio.
Intentamos regrabar algunas secciones buscando una perfección técnica, pero terminamos descartando esas versiones: perdían la frescura y la urgencia del primer impulso. Por eso, decidimos respetar la imperfección natural del momento, dejando que las canciones conservaran esa aura viva y sin filtros.
¿Qué condimentos sonoros destacarías y qué géneros prevalecen?
Es un álbum pensado para la escucha inmersiva. Recomiendo disfrutarlo con auriculares, en un espacio de introspección, ya sea viajando o en la intimidad de casa, para captar todos los arreglos y texturas que pueden pasar inadvertidos en una escucha superficial.
Musicalmente, es una geografía sonora que se desplaza entre el rock alternativo y el pop introspectivo, redefiniendo un sonido «transatlántico». Su estética equilibra la urgencia del post-punk británico con la profundidad lírica del rock argentino y el drama emocional del pop de autor español, logrando un resultado expansivo y contemporáneo.
¿Por qué sentiste la necesidad de acompañarlo audiovisualmente?
Soy un artista profundamente visual. El arte de tapa, los videos y la comunicación en redes sociales deben formar parte de un mismo ecosistema.
“Sentimientos de papel” fue el primero en contar con un video lyric. “La crueldad” (segundo corte) tiene una propuesta estética similar para mantener la coherencia narrativa del proyecto.
¿Cómo se traslada la propuesta al vivo y de qué manera definís a tu público?
El vivo es el lugar donde las canciones terminan de completarse. Buscamos trasladar los climas del disco al escenario, pero con la energía innegociable de la sangre y el sudor de la ejecución en directo. La diferencia fundamental es la potencia: los temas ganan una tracción física que se siente en el cuerpo, transformando la introspección del estudio en una experiencia compartida.
Describí tu presente musical.
Desde 2018, tras cerrar una etapa fundamental de 15 años con mi anterior banda, Frandiavolo —un ciclo de giras, festivales y música para cine que me formó profundamente—, emprendí este camino solista con la madurez necesaria para entender qué quería decir y cómo quería que sonara.
Hoy, al llegar a “Todo se puede apagar”, siento que atravieso mi mejor momento musical. Lo más gratificante de este proceso ha sido ver cómo, gracias a la complicidad de Marce que está desde el inicio de todo, Albert y Paul, lo que nació originalmente como un proyecto solista terminó transformándose en un sentimiento compartido de banda. Ellos no solo ejecutan las partes con maestría, sino que comprenden y naturalizan la visión del proyecto de tal manera que, al tocar, la música fluye con una solidez y una energía que solo se logra cuando hay una comunión creativa real.
Es, sin dudas, una etapa de plena realización donde la suma de nuestras voluntades ha hecho que el proyecto cobre una identidad mucho más grande de la que imaginé en un principio.
¿Qué me podés adelantar sobre la presentación oficial en vivo?
Estamos preparando un show integral. La intención es presentar el álbum de principio a fin, respetando su arquitectura conceptual e intercalando una selección de canciones de mi repertorio anterior, que dialogan bien con este nuevo sonido. Será un encuentro para recorrer el camino completo hasta este presente.