De aquella vieja Portuaria que hizo de su nombre un estilo, conjugando en sus canciones todos los géneros arribados a Buenos Aires a través del puerto, hoy quedan sólo dos integrantes y un sonido de acordeón que aparece muy de vez en vez.
La Portuaria de Diego Frenkel y Sebastián Schachtel, que renació en 2001 con Me mata la vida y editó el año pasado el EP Hasta despertar, ahora presenta «10.000 KM», trece nuevas canciones pop cuyo eje es la voz melódico-nasal de Frenkel, que entona y rapea versos de amor sexual, filial y geográfico, disculpas, remordimientos y romance. Los sonidos de secuencias y teclados plásticos se combinan naturalmente con las guitarras acústicas y las baterías rockeras, y el foco ya no está puesto en recrear géneros sino en hacer lindas canciones. Lo que sí permanece es “La Portuaria para bailar”.
Si bien es cierto que los lentos de base hip-hop y guitarra acústica onda “Don’t Tell Me” de Madonna se llevan la mitad del disco (con “Discúlpame”, las imágenes paganas de “Bajo la piel”, y más), tanto la canción del título como “Huracán” o “Llama mañana” invitan a mover los hombros y la cabeza como marcando el ritmo al caminar, en esa danza cool entre casual y lánguida que es parte del ADN portuario. Diego Vainer coproduce, Javiera Parra canta como invitada en “10.000 km”, y La Portuaria sigue su viaje. Ya no representa a los chicos porteños modernos de fines de los 80 y principios de los 90; ahora propone canciones para adultos jóvenes con onda buena; una música alegre y luminosa de sábado al mediodía que también es bienvenida.