¡Gloria señor de las lombrices solitarias!
El niño ha vomitado una estupenda cantidad de ranitas
Y voces solitarias rozan lo intimo de la ruptura,
El invierno ya no se demora en estos páramos,
Las gargantas gritan los que los estómagos hundidos dictan y sin carne que sostener
¡El hueso se derrumba mi señor!
La nunca inmóvil agua clara nutre de vida a nuestros huertos
pero solo usted fue capaz de dar alas a los sumergidos
y nueces a los desdentados
¡Simulen!
¡Sonrían!
¡Copulen!
solo usted sabe como decirlo como se debe
¡Gloria Señor!