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Leandro Aput: «No hay nada mejor que casa»

  • Lucas Seoane
  • 14 enero, 2015

El ex integrante de Cabezones vuelve a la Argentina, tras su residencia en España y su paso por México, para presentar su tercer disco, «Por vivir», grabado en Madrid.

aput

Leandro Aput confiesa que su proyecto solista comenzó sin planearlo, como un acto reflejo, un ejercicio de supervivencia luego del abrupto final con Cabezones. «Me refugié en mi casa, en mi habitación –recuerda-. Allí tenía una guitarra acústica y de a poco me fui amigando con ella y empezaron a surgir algunas ideas que se cristalizaron en canciones. Casi sin darme cuenta, en poco tiempo estábamos grabando ‘Luz día’, mi primer disco. No sé si sentía que estaba listo, pero necesitaba seguir y aquí estamos 7 años y 3 discos después».

Alejado del power que emanaba Cabezones, Leandro apunta a un estilo más cancionero, relajado, donde la guitarra y la poesía pasan a un primer plano al unísono, con una influencia muy marcada de Luis Alberto Spinetta y Gustavo Cerati, a quien cita al final de esta nota.

«Fueron responsables de mis primeros deseos de hacer música. A Spinetta lo recibí por herencia de mis viejos y a Cerati por furor adolescente en la época de Soda. He intentado aprender a tocar la guitarra a la sombra de sus canciones, metiéndome en sus recovecos, tratando de descifrar esos acordes misteriosos, esas armonías; a medida que yo iba creciendo como persona y como músico, la obra de ambos cobraba más valor por comprender su complejidad y belleza. Intento situarme bajo esa ala, en el compromiso artístico, en su nivel de excelencia, en su capacidad de superarse, en su amor por la música y la poesía. En el caso de Luis Alberto, siempre admiré esa obstinación e integridad inquebrantable ante las miserias de la industria y otras sombras que rodean a nuestra profesión».

¿En qué ayuda a tu proyecto musical haber formado parte de Cabezones?

Musicalmente, no tienen muchos puntos en común mis discos solistas con los de Cabezones, pero no sería el que soy si no hubiera pasado por allí. Tocando en esa banda me convencí del lugar que ocupaba la música en mi vida. En esos años pude vivir todo aquello que había soñado cuando empecé a hacer música: grabar discos, pisar escenarios increíbles, viajar.

Imagino que haber pasado por Cabezones facilita el camino solista

Cabezones es una banda que dejó su huella y sin dudas a mí me abrió varias puertas. En Argentina y en México hay cierto sector del público que se ha involucrado en mi obra, que me tiene cariño y que viene de la época de Cabezones. Me pasa con periodistas o con otros músicos. Me dejó grandes amigos, experiencias imborrables. Pero así como no puedo eludir el hecho de haber formado parte, siento que en 2007 empecé una nueva historia, un camino distinto y que he construido con otros materiales y otras herramientas.

¿Qué cosas te permitís como solista que antes no podías?

Un proyecto colectivo es una estructura que te contiene y te protege a la vez. Requiere de un gran equilibrio entre sus partes, de roles, de flexibilidad, de paciencia. Lo primero que experimenté como placentero del proyecto individual fue la inmediatez de las decisiones, una especie de libertad que también puede llegar a abrumarte, porque implica una gran responsabilidad y un nivel de exposición total.

¿Y en un plano más artístico?

El solista tiene la obligación de exponerse más, de plantarse y brindar un punto de vista personal. También sentí la necesidad de experimentar ese vértigo que me otorgaba el hecho de no pertenecer más a una estructura. De ahí surgió la idea de viajar a otros países con una guitarra y una mochila llena de discos, algo que con la banda era más difícil de concretar.

¿Qué intentaste reflejar en «Por vivir»?

El título sintetiza bien el espíritu del disco. Tiene que ver con la idea de encontrarle un sentido a la vida a través de una búsqueda personal, profunda, más allá de los lugares convencionales que nos ofrece el mundo y la sociedad en la que vivimos. La vida tiene sentido en tanto y en cuanto podamos vivirla en plenitud, conectados con nosotros mismos y con nuestras actividades de una manera profunda. En mi caso suelo hacerlo a través de la música. Es un compromiso y un contrato que hay que renovar a diario. El hecho de encarar un proyecto como el disco me hace sentir que estoy siguiendo adelante con algo que realmente vale la pena, que me hace sentir vivo.

¿Cómo definirías su sonido?

Tiene un sonido muy basado en mi manera de tocar la guitarra, de cantar y de componer. Sin demasiados trucos de producción, intentando lograr una sensación de inmediatez. Creo en la idea de transmitir con pocos elementos, tocando bien y poniéndole mucho amor a las cosas.

¿Qué le aportó cada uno de los invitados al álbum?

A Gabo Ferro lo admiro profundamente. Tenemos muy buena relación a la distancia. Eligió la canción «Primer Paso». Sólo tenés que escucharla para saber qué le aporta: su voz única y ese poder de interpretación brutal. Esa misma canción tuvo el aporte de otros dos tremendos músicos: Juan Pablo Toch, que además la produjo; y Pedro Barceló, que es un músico de una trayectoria fabulosa, baterista de Ketama, hoy con Joaquín Sabina. También fue un gran aporte el de Elbi Olalla, pianista de Altertango, escribió los arreglos de cuerdas y vientos para la canción «El mapa y el territorio». La música se enriquece con el talento y el amor de la gente que la hace con cariño, eso fue lo que pasó.

¿Qué cosas de España te nutren e influencian al momento de componer?

He vivido 5 años en Madrid, la mayor cantidad de tiempo en el que he desarrollado mi carrera solista. Es una ciudad que me influenció mucho, por lo que me ofreció, su gente, sus calles, tantas cosas vividas. Me nutro de eso para escribir y crear. Lo que más me influenció fue el hecho de borrar mi historia, empezar de cero, despojarme del pasado, no ser nadie y ofrecer lo que tenía ese momento. Allí nadie me conocía, ni a mí, ni a mi banda anterior, y eso es lo que fui a buscar. Eso me ayudó y me obligó a ofrecer lo mejor de mí en cada momento, sin descansar en un pasado glorioso. Esa experiencia me enriqueció en lo personal y fue motor e inspiración para todo lo que hice.

¿Cómo es tu vida musical allá?

Dejé Madrid a mediados de 2014 para encarar la gira mexicana y proponerme una temporada sin plazos definidos en ese nuevo país para mí. Aunque no pienso en Madrid en pasado, no sé cuándo voy a volver porque cuando termine estos meses de verano en Argentina tengo que regresar a México. Mi vida musical en España fue la más productiva, intensa y variada que he experimentado jamás. Empecé llevando mi primer disco a todos los bares y lugarcitos de la ciudad para intentar conseguir fechas para tocar. El resultado fue tocar, tocar y tocar en todos lados, conocer gente maravillosa, músicos increíbles, lugares de todo tipo, e involucrarme en otros proyectos musicales en los que trabajé y que me obligaron a estudiar y tocar cosas que nunca hubiera imaginado.

¿Cómo estuvo gira por México?

Era un sueño por cumplir desde la época de Cabezones. Siempre había estado en el horizonte y por diferentes razones no lo había podido concretar. En 2009, con mi primer disco en la calle, tuve la oportunidad de hacer bastante promoción y una buena cantidad de entrevistas a la distancia, pero la vida me llevó a Madrid. Cuando comencé a trabajar en «Por vivir», retomamos el contacto con la gente de Tanuro Pro y le fuimos dando forma. Me pasé toda la segunda mitad de 2014 haciendo promo y tocando en un montón de ciudades. Editamos el disco y tenemos que volver en este 2015. México es un lugar impresionante, imprevisible. El mío es un proyecto de dimensiones pequeñas y, por la misma razón, estos pasos son enormes.

¿Y qué te produce venir a tocar tu música a la Argentina?

Es trascendental para mí. Hacía 5 años que no venía y desde que empezó a gestarse fue cobrando cada vez más importancia. La mayor parte de mi carrera solista la desarrollé en España y poder venir a mostrar el fruto de ese trabajo aquí es especial. Hasta ahora los reencuentros han sido muy intensos y emocionantes, y creo que ese es un componente básico de mis conciertos, es una energía que muchas veces logramos, que se comparte y se percibe en el aire. La idea es volver a plantar la semilla y lograr una relación dinámica que me permita venir periódicamente. No hay nada mejor que casa.

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