Una docena de canciones rock y pop conforman el cuarto disco solista del tecladista y guitarrista. Con la coproducción de Tweety González, «Mucha madera» resulta el álbum más rockero de Guillermo Beresñak hasta el momento.
Además de su proyecto en solitario, cuenta con un historial que incluye a su primera banda, Antü, con quienes lanzó tres discos; y Le Microkosmos, un dúo que comparte junto a Juan Pablo Retamero con variado material editado.
Cuando no está tocando su música, este joven artista versátil ocupa su tiempo como productor, arreglador e ingeniero. Ha trabajado con músicos de renombre como Miss Bolivia y El Chávez.
¿Por qué decidís encarar un trabajo solista a la par de tus proyectos grupales?
Mis proyectos grupales son Le Microkosmos, dúo con quien hemos sacado un EP en noviembre; y Antü que es una banda sin actividad en vivo que sólo grabamos una vez cada tanto, último lanzamiento 2008, y ahora estamos por sacar un EP. Además, trabajo produciendo a varios artistas. De todos modos encuentro en el desarrollo de mis canciones y su coloración un gusto especial, ya que en Microkosmos la esencia es tecno electrónica experimental; y Antü es más recuerdo que presente, ya que nos juntamos una vez al año. Por tanto, el espacio creativo para la canción queda vacante y armo el proyecto solista para dar lugar a mi música y lírica que sino, no tendrían lugar.
¿Qué cosas te permitís como solista que con tus bandas no podés?
En todos los proyectos está todo permitido. La banda real en paralelo es Microkosmos, en la cual mi responsabilidad sobre todo es la de llevar adelante la ingeniería del disco en cuanto al audio. Con lo que tengo absoluta libertad y me muevo de manera similar que como solista.
¿En qué se diferencia este último disco a los anteriores solistas?
En principio su hechura fue diferente. Si bien en todos los discos estuve muy presente, particularmente en este tomé también las riendas relativas a la ingeniería de sonido en mezcla y mastering que solía delegarlos. Esto fue todo un desafío y al mismo tiempo, un juego. Musicalmente, es un disco que tiene una pulsión rítmica más alta que en los discos anteriores al menos en promedio, y que termina siendo más luminoso desde la tímbrica y el mensaje. Puede decirse que cierta tristeza desesperanzada de otros discos anteriores empieza a diluirse en este disco, en el cual se reconoce este sentir pero se lo transforma en belleza mediante la artesanía de la sonrisa sobre la melancolía, la impotencia y el desamor. Ya no es un caballo de ajedrez celeste, una grieta en la cueva de la oscuridad iluminando con su rayo de luz el aire sórdido. Sino la fuerza del Sol bañando las piedras lo que nos quema en la sobreexposición.
¿Qué quisiste reflejar en este álbum?
Quise reflejar la próxima estación. Un símbolo de la quietud. La furia adolescente desde la melancolía orgullosa de un adulto que vive un sueño como un grito de libertad y vida. La crudeza urbana habitando el subconsciente y repercutiendo su aridez en el amor y la existencia. Se trata de honrar a los artistas influyentes por primera vez. En vez de alejarse del parecido, se acerca para chocarse y romper el espejo con diferencias y aceptar que somos por lo que escuchamos, más que por lo que cantamos.
¿Cómo fue trabajar junto a Tweety González? ¿Qué le aportó a tu obra?
Tweety tuvo un gesto de cariño para conmigo en este disco muy grande, ya que ni bien nos conocimos y le mostré las canciones se mostró dispuesto a colaborar y cuando quise hablarle de dinero, se negó. Con lo que fue un trabajo informal en el cual yo me acerqué algunas veces a su estudio para mostrarle los avances que iba teniendo con las canciones, y asimismo él venía a mi estudio algunos domingos que tenía libres para darme tareas para la semana. Aprendí mucho de su paciencia para lograr el sonido que buscaba. Uno a veces fantasea con la magia de los grandes como algo encriptado, y él me mostró que era humildad ante la obra, trabajo y sinceridad con uno mismo. Su aporte sobre todo, fue plantearme el desafío de estar a la altura del nivel que proponía. Eso, y tener que mostrarle la tarea los domingos fue como una universidad. Logró sacar lo mejor de mí y ese fue su mayor aporte.
Te ha tocado trabajar para otros artistas consagrados. ¿Cómo te sentís en tu otra faceta de productor, arreglador e ingeniero?
Me siento muy cómodo y creciendo sobre todo en el plano del conocimiento de las herramientas de estudio. Siento que disco a disco voy puliendo la manera de laburar, y eso mejora las condiciones en las que el artista puede desarrollarse. Soy un amante de esa búsqueda frente a los parlantes, y me siento en mi lugar en el mundo cuando estoy en esa silla. Las cosas fluyen, en general, naturales, como si no hubiese que hacer nada, algo que viene del silencio, de saber escuchar y permitirle el paso al viento.
