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Demarco: «dejé de ser tímido gracias a los Decadentes»

  • Redacción Rock.com.ar
  • 26 marzo, 2014

Diego Demarco, el otro gran compositor de los himnos populares de la banda, lanzó finalmente su primer disco como solista.

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No tantos lo conocen. Aunque, pensándolo bien, sí muchos lo conocen. Porque… ¿quién no tarareó alguna vez «El gran señor», «Besándote» o «La prima lejana»? El responsable de esas canciones, que seguramente cantaron nueve de cada diez argentinos según encuestas de dudosa rigurosidad (pero alta credibilidad también), es «el tapado» de Los Auténticos Decadentes, el «George Harrison» detrás de Jorge Serrano y Cucho Parisi (los Lennon-McCartney en la analogía) y, básicamente, el hombre capaz de exponer su más pura ternura, inocencia y timidez en una canción. Y siempre salir airoso.

«Es lo que me representa y lo que mejor me sale», explica sencillo, como no podía ser de otra manera, este Auténtico Decadente de 43 años pero aún con cara de veinteañero. Las arrugas apenas marcando una mirada calma, sin dobleces. Y esa sonrisa que aparece genuina, serena, cada vez que se le pide que indague en su mundo interior.

«Yo le llego a mostrar un tema social a mi mujer y me saca corriendo. Me dice ‘No seas boludo, ¡no te va!’ (risas). Entonces termino volviendo a esto, lo que me sale», dice y señala Casi nada, su esperadísimo primer disco solista, porque después de tantos hits para los Deca, no pocos aguardaban el álbum propio de Demarco, que presenta esta noche en el Samsung Studio.

–Ahora que finalmente pudiste lanzar el disco, ¿sentís que te sacaste un peso de encima?

–No, porque ahora la presión se trasladó a la presentación y a ensayar todos los días. ¡Es más pesado que antes! (risas). Por otro lado, fue muy divertido grabar con La Moska Lorenzo y Mariano Franceschelli, mis compañeros en los Decadentes, y con Juan Absatz y Diego Serrano, todos productores del disco. La pasé muy bien, la verdad.

–¿Cómo tomaron tus compañeros que al fin hayas podido sacar el disco?

–Mucho no tuve que explicar porque ellos mismos me lo pedían: «Che, cuándo sale? ¡Tenés que hacerlo!» (risas). Eso sí, por una cuestión de respeto les avisé cuándo salía, así no se pisaba con el nuevo de los Decadentes.

Las canciones, entonces, estaban. Y también el interés de sus propios amigos de toda la vida para que Demarco (al igual que antes lo había hecho Serrano) pudiera sacar su propio disco. Pero algo –igual– lo demoraba. Y más de la cuenta: «Por ahí arrancaba con una banda que me acompañaba y hacíamos tres o cuatro ensayos, pero se me cortaba la energía. Me derrumbaba y no podía seguir».

Demarco cuenta que un poco tenía que ver con la propia exigencia de los Decadentes: un nutrido calendario de shows y giras internacionales que prácticamente lo dejaban sin ganas de nada cada vez que Diego regresaba a su casa en Mármol (frontera con Adrogué) y no podía ni encarar un fogón. Pero también –agrega– ciertos bajones previos, intrínsecos a su personalidad. «Siempre fui de bajonearme, quedarme sin energía», reconoce.

La solución –cuenta Demarco– fue hacer Freeletics, una gimnasia que descubrió en YouTube y que propone una rutina de ejercicios funcionales sin pasar por el gimnasio. «Hacía de todo: salto en rana, abdominales, flexiones de brazo. Al principio, a rajatabla. Después, más tranqui. Y así pude terminar el disco», celebra.

El siguiente paso fue armar una nueva banda solista. Pero no con sesionistas sino con amigos y familiares, incluido su hermano Gastón y su hijo mayor, Lautaro, de 19 años. «Con ellos es distinto porque me bancan y me animan a seguir. No está tan presente la presión de garantizarles un proyecto, por más que eso también está».

–¿Siempre fuiste de tener esos bajones, como el que te demoró la salida del disco?

–Sí.

–¿La música te ayudó a superarlos?

–Sí, bastante. Ahora estoy en una etapa más equilibrada en lo afectivo. Pero en aquellos otros momentos la música era el salvavida. Dicen que de esos momentos salen las mejores canciones. Ahora se pone más jodido con la familia, con todo en orden (risas).

–La timidez y la sensibilidad está muy presente en tus canciones. –¿Cómo afectaron tu vida?

–Yo tengo una mala combinación de timidez y desinterés por comunicarme (risas). La extrema timidez fue lo que me impulsó a subirme a un escenario. Problemas para comunicarme, básicamente con las mujeres, hicieron que sea músico. Gracias a los Decadentes dejé de ser tímido.

–Por otro lado, y al revés de cierto enrosque más habitual en el rock nacional, hay mucha inocencia en tus temas. Cierta transparencia afectiva, sin dobleces.

–Tiene que ver con dónde las hago también. Vivo rodeado de un ambiente muy natural. Siempre viví en lugares así. Si escuchás el demo de «A dónde vas», escuchás los grillos de fondo. Eso influye mucho. Me gusta todo lo que tiene que ver con la naturaleza. Lo que pasa es que también tengo mi parte complicada. Mis canciones dicen todo lo que yo no soy, pero quisiera ser. El «mí» más simple. El que más me gusta. El complicado no lo muestro (sonríe). Lo conoce mi familia, el psicólogo y no muchos más.

–¿Y cómo es ese vos complicado que no mostrás?

–Es el que no acepta las cosas como son, el que está quejoso. Ese no lo vuelco a la música. Prefiero hacer las canciones en estado de gracia, de felicidad.

–Es curioso, porque cuando un autor se pone por demás inocente o sensible en una canción, a veces recibe el mote de cursi o sensiblero. Pero con vos no pasa.

–Alguna vez me lo han dicho. En un medio dijeron que mis canciones son económicas, y eso puede ser bueno o malo. Porque «Zambia de mi esperanza», que a mucha gente que le gusta, puede ser considerada económica o simple. Lo que pasa es que yo escucho una canción enroscada y no entiendo nada. Y no me gusta tratar de ver qué está diciendo. A mí las canciones me llegan al corazón, no a la mente.

–¿La timidez también se vincula con que el reconocimiento del gran público y la prensa haya tardado más en llegarte?

–Sí, pero tiene más que ver con la dinámica de la banda, con que muchos somos perfil bajo, empezando con el propio Jorge. Y si él, que es el principal referente compositivo, es así, ¿yo cómo puedo ser?

–¿Qué te enseñó Jorge a lo largo de todos estos años?

–Me ayudó mucho ver que se podía hacer canciones con lo que tenés. Pero una vez, al principio, vio que estaba tocando «Vení Raquel» algo alocado y me dijo: «Diego, no sos Keith Richards» (risas). Eso sólo me bastó para ver hacia dónde tenía que ir. No me olvidé más. «

Los detalles del disco

–¿Cuáles canciones venías acumulando y cuáles son nuevas?

–No hay ninguna nueva-nueva. Pero sí algunas que salieron hace poco («Cumbia apasionada» e «Hilando fino»), otras que presenté a los Decadentes tal cual estaban («Estrella fugaz») y otras que cambiaron bastante porque eran apenas embriones («Palabras», «A dónde vas»).

–¿Qué pasa si ahora te dicen «Eh, ¡ahora sí te la aceptamos!»?

–¡Ja, sí, puede ser! (risas). Aunque el hecho de que en su momento hayan quedado afuera no quiere decir nada porque los Decadentes tienen un gusto musical, que a veces coincide con el de uno y otras no.

Mano a mano con un artesano del hit

–Hay quienes se pasan la vida haciendo canciones pero nunca logran un hit. A vos ya te salieron varios. ¿Cuál es el secreto?

–En mi caso, pensar a la gente cantando esa canción. Cuando era más chico imaginaba a la gente cantándola en un boliche (tararea la letra de «Paseando por Temperley», una de sus primeras canciones para los Decadentes). Eso suele traerme una melodía y después una frase con la que suelo arrancar todo. La melodía es la clave.

–¿Qué no hay que hacer para arruinar un hit?

–No hay que pensar en el éxito. Si bien una canción puede tener potencial popular, es importante que nazca de adentro, que lo sientas. Si lo pensás mucho la cagaste. Por eso, cuando decís: voy a hacer una canción, ése no es el momento para hacerla. Pero sí, tal vez, para estar atento. Porque ya paraste la antena. Y si estás con una guitarra cerca, en algún momento va a salir.

–¿Cómo salieron «El gran señor» y «La prima lejana», quizás tus dos temas más conocidos?

–»La prima lejana» empezó jugando a hacer un tema de Morrissey inventado. De pronto apareció una frase, de ahí la historia, y luego la canción casi toda entera. «El gran señor», en cambio, la pensaba como un Cacho Castaña árabe (risas). En ese momento estaba pasando por un momento duro de mi vida, un desaire amoroso. Y de alguna manera eso se coló en la letra cuando arranca: «Ay ayay / ahí va/ es el gran señor…».

–De tus canciones para los Decadentes, ¿cuál fue la que más instantáneamente te salió?

–»Turdera», que coincidió con el nacimiento de mi primer hijo, Lautaro. Me acuerdo que un día antes de que naciera bajé del tren acá en Turdera y vine caminando a casa. Un barrio tranquilo, con la gente descansando en sus casas durante la siesta, el sol y los grillos de fondo. Creo que logré reflejar bien ese momento del atardecer con muchos colores

–¿Y la que más satisfacciones te dio?

–»La prima lejana». Estuve años redondeando los arreglos del demo. Lo que pasa es que tenía tiempo. Estaba soltero y vivía en San Vicente con mi primo, que me decía: «¿Hace cuánto que estás con este tema?» Pero valió la pena. Porque al principio no iba a entrar en el disco Sigue tu camino. La banda apostaba más a otro tema mío. Pero todos los hijos de los Decadentes la pedían y escribían en el pizarrón: «¡Pongan ‘La prima lejana’!» (risas). Fue el quinto corte de ese disco, pero pegó muchísimo.

–¿Cuál sería un hit ajeno que sentís que podrías haber compuesto vos?

–No suele pasarme eso. La escucho y puede gustarme o no. Pero no siento que pudiera haberlas compuesto, porque lo mío es muy espontáneo y no sé qué podría haber hecho (risas).

–¿Alguna canción propia que ahora tal vez te dé vergüenza ajena?

–Sí, un par (risas). «El tren», por ejemplo. Fue un momento en dónde era más fácil que entraran temas de los Decadentes. Hoy no haría esa canción.

–¿El hitero que más admirás?

–Jorge Serrano y Andrés Calamaro.

–¿Y un hacedor de canciones que si tuviera más difusión nos daría hits?

–Esteban Rial. Me gusta mucho lo que hace. También su hermano, Santi Rial. Y Walter «Ñoqui» Lema, el cantante del grupo Placer.

La nota completa de Juan Manuel Strassburger, en Tiempo Argentino

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