La frescura, la espontaneidad total es la caracteristica de la música de Gieco registrada en este primer álbum. El mismo es así y traslada ese espiritu a su elemental guitarra, a su armónica com sonido diéfano a su voz. un poco alegre como un cantor de chacareras. León Gieco es un tipo sincero y así son sus letras: no hay rebuscamientos literarios ni intelectuales para describir la verdad y la injusticia del campo, tema en el que se empecina durante todo el álbum, y con justicia porque es de esa tierra postergada. No importa analizar aquí si hay técnica instrumental, si está bien grabado o si las composiciones son ricas o pobres por la cantidad de notas. Eso no sirve de nada cuando uno se da cuenta que se trata del juego limpio de un cantor, de un hombre joven sin camelo que tiene muy clarito ese horizonte de terciopelo que es la vida, que es la gente. Su música por momentos parece tener alguna dependencia del folk de América del Norte. Pero él no lo oculta porque le gusta y visiblemente le sirve para expresar cosas que, con otras formas, no hubiesen salido de un folkorismo escasamente atrayente. Después de todo trata de nosotros y de aquí, quizás, con más fervor que ningún otro.
Tapa: Sobria y sencilla, tiene un clima natural y no de monumento como pretende alguna onda actual.
Síntesis: ¿Qué estamos buscando? Aquí ya tenemos un buen cantante. ¿Por qué no lo adoptamos? Todo el álbum es como luna esperanza y una alegría, aun para gritar las injusticias.