En su tercer disco, Mukunda confirma que los diez años de trayectoria en el reggae no son en vano.
Pasaron diez años desde que Mukunda empezó a asentarse como la orquesta reggae que hoy suma catorce integrantes. Y en este, su tercer álbum, suenan tan afianzados que parecen tener pasaporte jamaiquino. «Vibración Mukunda» transmite tranquilidad y pacifismo vegetariano desde el primer segundo y en ningún momento abre espacios al caos o la deformidad. Esa serenidad es lograda en base a los cuelgues místicos que emergen permanentemente a lo largo de los cuarenta y cinco minutos que dura la placa. Pero lo positivo es que no todo se resume en mencionar a Jah ocho veces por canción: hay melodías convincentes y una rítmica pegadiza.
La mayoría de las letras pueden agruparse entre las que cargan mensajes religiosos, las que piden detener la matanza de animales y las que advierten acerca de los peligros de la mano del hombre cuando se empeña en destruir la Tierra. Es sorprendente que en ningún momento las voces de Sankirtan, David Soria o Pablo Molina suenen sobreactuadas; todo parece ser emitido desde la convicción y un profundo conocimiento de la religión rastafari. El apoyo musical más importante de esos mensajes lo aporta la vibrante sección de percusión que adorna cada tema.
En «Poesía en el Yamuna» revisten la canción con detalles, como un xilofón o una armónica, y en eso se puede ver la intención artesanal de aspirar a armar algo soberbio a partir de elementos pequeños. «Un mantra» podría calificarse como una canción religiosa, pero es mucho más amena que cualquiera de las que se entonan los domingos por la mañana en las iglesias. Y si llegara a sonar «No te comas a mis amigos» o «Matan animales» durante un asado seríamos varios los que elegiríamos el bol de las ensaladas (por lo menos mientras se oigan las canciones). En esa efectividad al momento de persuadir con la palabra reside la gracia de Mukunda.