Con la característica cuota crítica y contestararia del género, Nil Obstat debuta con un disco que aporta aire fresco al reggae local.
«Nihil obstat» es una expresión latina que indica que un texto puede ser publicado sin censura. La traducción literal puede ser «nada se opone», precisamente el escueto título del primer álbum de este grupo de reggae del Oeste porteño. Teniendo en cuenta el crecimiento constante de la escena, se puede decir que es un género sin muchas trabas ni opositores, salvo por los rockeros de la línea de Pappo y Ricardo Iorio. Aunque pensándolo bien el mayor crítico de la escena reggae argentina tiene dreadlocks y se llama Fidel Nadal…
«Nada se opone» fue construido sobre algunos condimentos ineludibles para un disco reggísticamente correcto: pulso, crítica social y un poco de humareda. «El dragón» y «Levantarse» abren la placa y muestran una faceta contestataria imprescindible en un género que hizo de los mensajes políticos una columna vertebral. «Isla» y «Charampa» ofrecen un costado sentimental donde calza muy bien la voz cálida y tierna de César García. La versión del himno revolucionario «Hasta siempre» deja bien parada a la base rítmica, ya que los arreglos le aportan aire fresco a una composición a esta altura un poco trillada. En «Justicia», Luis Alfa (cantante de Resistencia Suburbana) aporta su voz, una de las más fuertes del reggae local. La canción narra una historia que ya escuchamos muchas veces: una madre que llora porque a su hijo lo baleó la policía. Sobre el final «Déjalo que fluya» y «Mundo en común» abren un poco la temática de las letras y la última muestra un arreglo de voz que zarandea un poco la homogeneidad.
Es subrayable la labor de los guitarristas a partir del uso de pedales muy efectivos al momento de crear la atmósfera típica del género. Cuando termina el disco queda una amena imagen de grupo-con-mensaje-comprometido que convencerá seguramente a los amantes del género, pero no es una señal fructífera que ocho de las doce canciones se limiten a recalcar el patetismo de los babilónicos gobernantes que elegimos o lo maligno que se volvió el planeta Tierra.