Escrito por Andrés Calamaro en Madrid. Publicado en el Suplemento No de Página/12 el 9 de Julio de 1992.
¿Cuándo empieza a haber en Argentina un sentimiento-rock? No lo sé muy bien. Sé que Moris escuchó s Elvis por primera vez a fines de los 50, en la esquina de Serrano y Güemes, cuando el rock empezaba a estar de moda planetaria. El sentimiento previo al estallido hacia la sociedad era de sumas: Sandro cantaba rock con Los de Fuego, en La Cueva los cueveros se mezclaban con los jazzmen, el rock se relacionaba generalmente con el tango.
En julio del 67 estalló La Balsa, y el tiempo del rock nacional empezó a correr. Quisiera haber estado allí, pero me fue imposible. Paralelamente la tele y las disquerías preparaban su ataque nuevaolero: el Club del Clan y compañía. A través del sello Mandioca grabaron Moris, Manal, Vox Dei, Abuelo y el big bang había comenzado. Largó Almendra.
¿Cuál habrá sido el momento en que esta fiebre se difundió por las escuelas, por los barrios? Seguramente al ritmo de la revista Pelo. Y así un largo camino hasta el presente (lejano) donde – y cuando- las melodías se funden por la pasión futbolera y las masas televisivas se acoplan a la vieja-nueva fiebre.
Es importante recordar que el rock aquí nace en el centro, en la playa y en los bares, heredero del tango, del arte-pop y del blues y de la canción. Moris es, indudablemente, un claro ejemplo de guerrero rockero. Guitarra al hombro, bolerista, rockista y bossanovista, cantor-varón y poeta improvisador, reúne el puñado de canciones inmortales suficientes para encabezar este resumen: Esto va para atrás, El oso, Pato trabaja en una carniceria, Ayer nomás, etcétera. Edifica, además, una clase personal de rock marchante con Sábado a la noche y otros que finalmente exporta (en persona) a Europa. Con éxito.
Abuelo es un divino caso de combustión espontánea: Poeta fértil, cantor del cante, gorrión del rock, fundó por primera vez a Los Abuelos de la sicodelia con Nunca te miró una vaca de frente, Mariposas de madera, etcétera.
Javier martinez era un virtuoso completo: actor, poeta, cantante negro, baterista zurdo, blusero-jazzero impecable. Parte de la movida de artistas y bohemios portentosos porteños, armó Manal con Gabis y Medina después de actuar y tocar en la película Tiro de gracia.
Nebbia, fino cantor y autor de miles (literales) de canciones. Hijo de artistas, primer rosarino (junto con el Che Guevara) triunfante. Supo formatearse adecuadamente con Los Gatos, conquistar la popularidad y los marshalls hace tiempo.
Pajarito Zaguri, al que Joe Cocker visitó en su casa para tomar vino y cantar.
Pappo y sus blues virtuosos y virtuales.
Ramsés, el primer mito muriente.
Spinetta, de Belgrano, y la más durable sensibilidad en guitarras y palabras. Angel exquisito de todos o casi todos. Prodigio de la esencia más posta. Responsable de una enormidad de títulos que ya son parte de la carne de todos. Acompañante místico de una multitud noble.
Billy Bond pudo ser el Elvis argentino pero por suerte nunca lo fue. Presidente de La Pesada del Rocanrol y empresario y productor temerario y adelantado.
Sin olvidar a Sandro, rey del mainstream, Elvis y Aznavour, pero más que nada Sandro, quien finalmente absorvió mejor que nadie el concepto del rockstar total.
A La Joven Guardia, en el límite de las cosas.
Aquelarre, aquella mística.
En los setenta, entre La Pesada, Color Humano y Vox Dei (pioneros del rock importante de barrio, profundos responsable de La Biblia y Presente, padres del rock de fogón popular y generacional), y esencialmente continuadores-dúo de Pedro y Pablo (sus dos discos de antología, uno con pelo corto y arreglos de F. Smith y otro comunitario y con la guitarra de Kubero Díaz, Conesa).
Aparecen en escena los imposibles de olvidar Sui Generis, encantadores de serpientes, voz de millones de jovencitos que se presentaron con un LP total: Vida.
Así aparece nuestro más importante francotirador: Charles García.
Junto a Nito Mestre, Raffaneli y David Lebón recorren el país con recitales y canciones, dejando una huella imposible de borrar.
Pero después de Sui Generis, los que verdaderamente cautivan a multitudes ávidas de sensaciones rotundas son los Polifemo. Al grito de Po-li-fe-mo, Po-li-fe-mo. Sin embargo, el rocanrol tardó en «soltarse» ya que la gente creyó más en la cosa sinfónica y el jazz rock. Claro que el rock puro nunca se apaga y los discos de Purple y Zeppelin siempre se cotizaron en Plaza Lezica o Parque Centenario.
Después se lee el Expreso Imaginario y se escucha el Tren Fantasma, se reúnen todos los grandes grupos antiguos: Manal, Almendras, Pedro y Pablo, Moris vuelve.
(Arco Iris, otro gran grupo de rock y etnics no se reunió, aunque sí los… Abuelos de la Nada-reformados). Inmediatamente se hace un gran festival por el asunto Malvinas; un resumen de la situación actual (entonces) un entierro gigante del pasado (aunque muchos hayan opinado lo contrario). En los pubs abiertos por el jazz rock más demócrata empiezan a cocinarse los platillos más calientes de los ochenta.
Vuelven los Seru Giran de Brasil (de un exilio bastante particular) y conquistan el mundo. Charly, con Lebon, Pedro y Moro (como todos recordarán). Rock para todos, y potencia en directo. Charly se convierte en sí mismo por primera vez para desplegar su insólito genio por todo el pais. Spinetta de Jade, y allá afuera, el resto.
El Einstein y el Chevallette hierven con Sumo, Violadores, Laxantes, Nylon, Soda Stereo y Virus (más lejos de la dirt-culture) también. Los Twists y Fontova con categoría de genios de la locura, Los Abuelos abarcando incluso el multimedia: Ring Club y sus artistas del circo porteño. Y los eternos (ya entonces) Redonditos de Ricota, que conocí por primera vez en la sala de Corrientes ensayando con mis padrinos Raíces (fue Beto Satragni quien me dio la alternativa de este ruedo).
Una fecha muy importante -25 años de rock nacional- impone un resumen y una encuesta, y están aquí las triste omisiones y los imperdonables olvidos. Máxime si son los músicos que los resumen.
La verdadera historia es historia, por suerte merece ese status. Yo me alegro de haber sido y seguir siendo siempre un aficionado (por afición). La memoria y el CD son excelentes páginas para este libro nuestro, que además de ser parte del pasado y el presente de algunos está hecho de saliva y sangre y de … (amigos míos) música.