¿Otro tiempo será hermoso?, tituló el diario Clarín, en su edición del domingo 7 de mayo pasado, la nota en la que anunció el retorno de Sui Generis. El texto, firmado por Javier Rombouts, decía lo siguiente.
Una cinta abierta, de ésas que se usaban en los grabadores tipo Geloso, una cinta perdida en el tiempo y en el desván de una familia de clase media de Martínez fue, dice Nito Mestre, confirma Charly García, la llave que abrió la puerta del regreso. Un retorno bosquejado, programado, intentado, hundido muchas veces en estos últimos 25 años.
La cinta -una grabación hecha en el cumpleaños de Juan Mingo Lospennato, en Mar del Plata, en el año 1968- tiene ocho canciones donde se mezclan boleros, voces, temas más olvidados que inéditos de García, guitarras criollas y un fuerte sabor a fogón. El material llegó a Charly hace poco más de un mes de la mano de un chico de 18 años, Pablo, el hijo de aquel amigo de los viejos buenos tiempos. Casi, casi, un cuento de hadas, una alegoría propia de los temas que Sui Generis cantaba en esos lejanos setenta.
Hay, claro, otra versión sobre este revival menos, cómo decirlo, poética. Una versión más siglo XXI. Desde hace unos meses, en la discográfica Universal -el sello que fichó el año pasado tanto a García como a Mestre- circula un rumor: cuando la empresa firmó el contrato con García, la charla habría derivado en Sui Generis. Y uno de los pedidos -no se sabe si hecho en forma contractual o sólo de palabra- habría sido que Charly hiciera todo lo necesario para la reunión. Por su parte, la discográfica se habría comprometido a editar el disco de Mestre Colores puros.
La historia del regreso de Sui Generis supo de otros intentos. Una vez tentaron la suerte (con más voluntad que música) en un show en Prix D’Ami. Era el año 1995 y todo se resumió a una zapada bien intencionada y a un televisor arrojado por García al público. Unos años antes, la suerte los había tentado a ellos: en 1992, en un parador de Pinamar, durante un show de la banda Presa del Odio, Charly y Nito tocaron los viejos temas. Sin embargo, nunca hubo chance de un disco nuevo que los reencontrara Sui Generis.
Ahora, el disco ya tiene título: Sinfonía para adolescentes. Y fecha de grabación: junio. Incluso, hay una gira prevista. Según García, harían cuatro o cinco shows en el interior del país, unos seis recitales en Latinoamérica, uno en Miami y dos estadios en la Capital como cierre de función. «En el disco habrá nuevos temas, algunos ya están compuestos por Charly. Quizás haya algún tema mío. Y también incluiremos canciones viejas que nunca grabamos, entre ellas las que están en la cinta que encontró el hijo de Mingo», aseguró Mestre a Clarín. Antes de esta movida, el globo de ensayo será el 19 de mayo, en Obras. Ahí Charly dará un show que tiene a Mestre como principal invitado. También estará Fito Páez esa noche, con quien (también) planea un disco y un show para el mes de diciembre.
La separación de la banda -con los recordados shows del Luna Park de setiembre de 1975- tiene también su historia, algunos datos concretos, mucha fábula. Según Jorge Alvarez -el hombre que editó sus discos y que armó los recitales de despedida-, «ya en 1974, Charly me llamó y me dijo que no quería seguir con Sui Generis. Sabía que era un éxito, pero no le importaba. Entonces llamé a Nito y les propuse hacer un final de fiesta. ‘Hagamos de esto una fiesta, no un entierro‘, les dije».
Para el baterista de la banda, Juan Rodríguez, el final fue un accidente: «En la última gira al sur, la camioneta que llevaba los equipos volcó y se rompió todo. No quedó nada. El tenía un sintetizador, un melotrón, un piano Fender. No había quién los arreglara. Hubo un parate, y él empezó a reunirse con David (Lebon). ¿Rivalidad? No, siempre fueron amigos». En este contexto, que marcaba las nuevas motivaciones musicales de García y que derivarían en su siguiente banda, La Máquina de Hacer Pájaros, hay otro dato privado que nunca se estableció como motivo de la separación: la cantante María Rosa Yorio, madre del hijo de Charly, Miguel, se había convertido en pareja de Mestre.
La amistad entre ellos tuvo sus altas y bajas. De la mayor indiferencia -Mestre sacó un disco con temas de Sui Generis que García no apoyó, al que incluso le restó importancia- a las noches compartidas en los últimos meses, pasaron muchos desencuentros. Pero, ellos dicen, la famosa cinta trajo aparejadas las anécdotas, la famosa cinta puso play y los tiempos en que, según Mingo, «Charly y Nito esperaban las vacaciones de verano, el final de clases en el Dámaso Centeno, para dejarse el pelo largo». De ese tiempo, Alvarez recuerda al Gordo Pierre: «Ese fue el tipo que los aguantó siempre. El me los presentó. Un día hicimos una cita: fuimos a la casa de Bebe Muñoz, que era el único que tenía piano y escuché todo».
De esos días, Daniel Grinbank -el empresario fue manager de la banda entre 1974 y abril de 1975, cuando volvió Alvarez- recuerda: «Todo era bastante incipiente. Sui Generis fue lo primero que pasó del under a lo masivo. Para eso, hicimos de todo. Desde la presentación de Confesiones de invierno un mediodía, en el teatro Opera, con una orquesta de 16 músicos, hasta recitales en los colegios, en los centros de estudiantes, en la Costa. Lo importante eran las letras. Pero también el trabajo. Ibamos a todos lados».
Veinticinco años después, García y Mestre van a elegir con precisión de misil inteligente dónde explotar. Los tiempos son propicios. Y el negocio del rock aprendió a hacer milagros. Por eso, todos los mitos tienen derecho a su resurrección.