Juan Lo Bianco, lector de nuestro sitio, suma su visión a la llegada del rock a los 40 años. Otra opinión…
¿Esta bien que la historia se base en un eje recto? Siempre el mismo eje es el que leemos, esa historia del rock en Argentina recopilada desde las bateas de locales de música. La gente ve lo que quiere ver o no se inspira en encontrar otras versiones del mundo que los rodea.
En la historia un día es poco, pero ese mismo día podría cambiarla para siempre.
Existe algo olvidado muy rico que debe ser expuesto. Es la otra vereda, la del ilegal. Un mundo al lado del mundo (pero relacionado, la gesta no es un eje recto al fin) desde donde surgieron muchas bandas, y otras no tanto, pero si se puede afirmar, una verdadera célula de rock.
Encontramos en este sitio una comunidad hippie (entre otras), intentando llevar un modo de vida a sus maneras, sus condiciones y cargando con los riesgos que esto significa. Hablo de La Cofradía de la Flor Solar, sitio que vio nacer a grandes artistas algunos de renombre y otros quedados en el camino, ocultos para siempre. Fue junto con Arco Iris, una de las comunidades de mayor explendor.
Dar nombres de tanta gente extendería este escrito, por eso los invito a mirar el enlace http://www.magicasruinas.com.ar/redjipis003.htm.
Al costado del camino estaban, si señor. Porque mientras se difundían muchos artistas ellos caminaban por un rumbo paralelo, poco comercio, poca estrella, pero de alta monta. No de gusto dice por allí «De la nada a la gloria me voy» (Beilinson – Solari)
La idea de creer que los premios oficiales significan calidad y riqueza musical es un gran error. El sistema aparta a los diferentes, los que no siguen su línea (o nunca leyeron la crónica de un recital de Los Redondos o La Renga en la sección Policiales) y son estos mismos quienes intentan dar cátedra de «historia del rock nacional» en sus suplementos. «No televisión» (Beilinson – Solari)
Hay desinformación, y lamentablemente solo se conoce un 50% de la verdadera historia del rock en Argentina. Ahora sumen un 2% más.
Existió ese lugar debajo de los rieles de un subte, existieron sótanos y escapadas de último momento. Ojo, no todo lo que se oye es rock. «Puro rock nacional» no es Baglietto entonando sus melodías (no es una crítica a su música).
Si hablamos de rock, hablemos de ello pero primero conozcamos la sustancia que lo conforma. Un guitarra eléctrica no es sinónimo de rock, pero bien podría serlo una precaria guitarra criolla en buenas manos.
Hay buen caudal, buenos músicos, y estoy seguro que lo bueno decanta solo y perdura por sobre todo. Pero muchas veces se reconoce 30 años después y es cierto también que el rock desde Capital Federal empaña al rico rock de La Plata y Rosario.
Otro punto negativo que no nos deja ver es la masificación. El Barbudo es tan rock nacional como El Niño Bonito. En alguna parte la historia los juntó también. Sucede que lo comercial nos roba la posibilidad de enriquecer nuestras almas y el dinero una vez más es el verdugo de nuestras posibilidades.
No hay mejores ni peores, la música es subjetiva y no le hagas caso al comentario de una revista, puede que ese álbum que no te compraste sea la pieza fundamental de tu discoteca.
Nuestro rock es muy rico, pero lo sería aún mas si lo conociéramos tal cual es. Diria que es extensamente rico; por eso invito a desasnarnos desde su visión, tu visión.
Aunque opino que la música es universal. Subjetivamente universal.
Hasta dentro de 40 años.