Fragmento del libro «Buenos Aires y el Rock», de Adriana Franco, Gabriela Franco y Darío Calderón, editado en 2006 por el Ministerio de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires.
Intentando rastrear en qué momento el rock local comienza a incorporar elementos característicos del tango (referencias concretas a sus intérpretes y creadores, por ejemplo), lo primero que surge es una sorpresa. Así, cuando en 1976 Moris trataba de recordar cómo eran los recitales de Los Beatniks contaba: «Teníamos una canción que hablaba de Gardel, era un rock pero como canción melódica, la letra la había hecho Pipo Lernoud: hablaba de la ciudad, que estaba solitario y qué sé yo, y yo había preparado un sketch que decía el baterista, todo muy armadito, nada improvisado. (…) En un momento decía: «Y no nos olvidemos de que la sonrisa que nos hizo famosos en el mundo entero, la sonrisa de Gardel… y qué sé yo… Argentina…». No me acuerdo cómo reaccionaba el público, serían veinticinco tipos, treinta. Era raro, después de diez años uno se da cuenta de qué era».(2) El rock local recién había nacido y Gardel ya estaba ahí. Moris no reconstruyó totalmente la anécdota y tampoco aclaró de qué «se daba cuenta», pero puede suponerse que se refería a una identidad: Argentina, Gardel y –como diría Horacio Ferrer– ese «qué sé yo» de las callecitas de Buenos Aires.
Con los años, Moris se convertiría en el más tanguero de los rockeros. En la actualidad existe un grupo muy popular –Los Gardelitos– que en el tema «Gardeliando» canta: «La sonrisa de Gardel / ilumina la ciudad». En el medio, malentendidos.
Como dos extraños
Durante décadas se consideró a ambos géneros musicales –rock y tango– como enfrentados, contrapuestos, cuando en realidad tenían muchos puntos en común: ambos son urbanos, marcadamente porteños, y pintan y describen la ciudad. Parte de esos desencuentros se debían a cierta idiosincrasia conservadora, tanto de algunos tan- gueros como de rockeros. Basta recordar la polémica que ocasionó Piazzolla entre los tangueros cuando en la década del cincuenta incorporó a su formación el sonido de la guitarra eléctrica; polémica que no estuvo exenta de grescas en sus conciertos. Piazzolla no cedió en sus intentos por renovar el género, pero la falta de trabajo lo llevó a irse del país. Salvando las distancias, podemos recordar también la persecución que los tangueros ortodoxos emprendieron contra Billy Cafaro cuando en 1959 grabó un tema de origen italiano –»Kriminal tango»– cuya letra hablaba de la sensualidad de esta danza. Luego de varios sucesos violentos en sus recitales Cafaro partió rumbo a España, lo que acabó con la carrera del primer ídolo pop argentino. Afortunadamente «La balsa» no contenía referencias al tango; si no, la historia del rock argentino podría haber sido otra.
Si bien en la actualidad nadie duda de las influencias de una poética tanguera en la obra de Almendra, Manal o Moris, en la década del sesenta dichas influencias no podían ser percibidas y por lo tanto tampoco admitidas: el rock local había surgido como una forma de oposición a los valores de las generaciones anteriores, y el tango era considerado la música de esas viejas generaciones. Obligados a tomar partido en disputas absurdas como «Troilo o Piazzolla», en el mejor de los casos los rockeros se inclinaban por este último,(3) sinónimo de renovación. Con el tiempo estas posiciones se radicalizarían. Así como algunos tangueros se sentían amenazados y veían al rock como «extranjerizante y anómalo»,(4) una parte del público rockero no era menos intolerante.
Sin embargo, a mediados de la década del setenta Piazzolla y el rock se reivin- dicaron mutuamente. Mientras Piazzolla elogiaba al rock e incorporaba a músicos de extracción rockera a su formación, grupos como Alas e Invisible sumaban bandoneones a sus recitales y discos. Así y todo, durante un show de este último grupo en el Luna Park, cuando el bandoneonista Juan José Mossalini subió al escenario «un sector de la popular empezó a silbar, acaso previendo aires de tango, esa música de viejos. Rápi- damente Spinetta frenó la situación con una frase demoledora: «Hay que abrir la cuca, muchachos»».(5)
El tango te espera
La distancia formal que separaba al tango del rock persistió varios lustros más, aunque con excepciones. En consonancia con el axioma que reza «el tango te espera», en la medida en que los músicos iban acercándose a sus «treinta abriles» fueron recono- ciéndolo como parte de su ADN musical y cultural. Así lo hizo Charly García en «Yo no quiero volverme tan loco» (1982), cuando emparentaba el tango con el rock y proclamaba que se identificaba con ambos géneros. Otro músico de la misma generación, Miguel Mateos, publicaba ese año una oda al tango, cuyo título parafraseaba a los de Piazzolla (Amelitango, Violentango, Libertango): «Ochentango».
Esta suerte de danza tan sublimal
es parte del folklore de la ciudad
no hay nadie que se atreva a desafiar
el misterio del tango y el arrabal…
San Juan, Boedo, París…
¿Cuál será su raíz?
Gradualmente, el reconocimiento fue haciéndose cada vez más explícito, tanto en la producción musical como en el discurso de los rockeros. Nebbia y Spinetta lo habían hecho tempranamente, al recordar que sus padres eran cantantes de tango y que de niños ellos mismos cantaban tangos. De la generación de autores que se incorporaron al rock en los ochenta, Fito Páez fue uno de los primeros en asumir ese reconocimiento (ver epígrafe). Otro fue Adrián Otero, de Memphis la Blusera. Interrogado en 1988 acerca del carácter «casi» tanguero del grupo, confesaba que «al principio éramos rockeros podri- dos, teníamos 20 años. Ahora tengo 33 y la postura ante la vida es otra». Más adelante, Otero señalaba que «tenemos una riqueza cultural muy grande que hay que conservar, profundizar y desarrollar».(6)
Volver a la casita de mis viejos
Poco antes de comenzar la década del noventa, Litto Nebbia, mucho más cerca del tango que del rock, daba su versión acerca del origen de aquel distanciamiento: «Cuando éramos adolescentes, los «enemigos» eran los tipos de cuarenta, los tangueros cerrados que no nos respetaban (…) no odiábamos el resultado artístico de los tangueros sino sus actitudes autoritarias».(7) En el mismo sentido Charly García afirmaba: «Siempre me gustó el tango», pero señalaba otra arista que generaba fricciones: «Hay muchos tangueros que están totalmente fuera de la realidad, viviendo en un mausoleo que se inventaron ellos. Son los que hacen el tango de museo».(8)
Es que durante muchos años, buena parte de los músicos de tango no se ocu- paron de seducir a un público que, inexorablemente, iba renovándose. Como ya se señaló, tenían una actitud marcadamente conservadora y no apostaban a la innovación. Tampoco sus operadores culturales: los programas de radio y TV especializados repro- ducían constantemente sólo una mínima parte del repertorio tanguero, en medio de una estética que los jóvenes rechazaban.
Con el paso del tiempo las antinomias fueron diluyéndose y empezó a percibirse un cambio de actitud. Fue en los noventa cuando el tango y el rock local comenzaron a interactuar y a manifestar su mutua influencia de manera más plena. Después de todo compartían un idioma, una cultura, una historia y, sobre todo, a Buenos Aires.
Préstamos del tango al rock
Una de las formas en que el tango aparece entronizado en el rock es mediante referencias y apelaciones directas e indirectas a tangos muy conocidos, y a elementos y personajes relativos al género. Así, se destaca el uso de nombres propios como Gardel, Carlitos, Piazzolla o Julio Sosa y de otros términos como tango, bandoneón, Volver, milonga. Dentro de este rubro también se incluye la aparición en las letras de rock de títulos o fragmentos de tangos o su paráfrasis.
Sin duda, la referencia al tango más utilizada por el rock vernáculo es la figura de Gardel. Gardel hace su aparición de la mano del grupo Invisible, bajo la forma de una «foto de Carlitos» («El anillo del capitán Beto», 1976). Casi veinte años después el grupo La Renga lo evocará en el mismo formato: «un ciego vende la estampita de Gardel» («El circo romano», 1994).
La segunda aparición de Gardel es en un tema de Fito Páez («El loco en la ca- lesita», 1983), nada más y nada menos que junto a precursores del rock local: «nunca conoció a Gardel / sólo a Pappo y a Tanguito».
Del mismo modo, las sucesivas apariciones del máximo ícono tanguero se darán en su carácter de símbolo de identidad local. Gardel aparece recurrentemente acompa- ñado de otros íconos, como Perón, Borges y el «Che» Guevara. A continuación damos algunos ejemplos, citando el título de la canción, el grupo y el año de publicación, en ese orden:(9)
-«25 estrellas de oro», Los Twist, 1983: Sarmiento, Perón, Alfonsín, Brizuela Méndez, Gardel.
-«Símbolos patrios», Miguel Cantilo, 1985: la Virgen, el Che, Discépolo, Borges, Perón, Gardel.
-«Corrientes», Javier Martínez, 1994: Pappo, Gardel.
-«Ídolo de los quemados», León Gieco, 2001: Edmundo Rivero, Sixto Palavecino, Hermenegildo Sábat, Madres de Plaza de Mayo, Martín Fierro, Don Quijote, Eva Perón, Alsogaray, Videla, Dios, Gardel.
-«Barrio bajo», Tren Loco, 2004: Evita, Perón, Gardel.
-«La argentinidad al palo», Bersuit Vergarabat, 2004: Alberto Locati, Barreda, Monzón, Gustavo Cordera, el Che, Maradona, Dios, Videla, Galtieri, Alfonsín, Menem, María Julia Alsogaray, De la Rúa, Adolfo Rodríguez Saa, Yabrán, el soldado Carrasco, Guido Di Tella, Vicco, Spadone, Favaloro, Gardel.
-«Tango», Charly García, 2004: Dios, Gardel.
-«Todo eso», Callejeros, 2004: Porcel, Olmedo, Maradona, Luca Prodan, Las Madres y Las Abuelas de Plaza de Mayo, Gardel.
Como lo señalamos anteriormente, fue durante la década del noventa cuando el rock se reconoció en el tango de forma más directa. Así, en 1990 Páez(10) retoma los famosos versos de «Apología del tango»(11) y el título del vals «Desde el alma» para expresar su pesar en «Carabelas nada»:
Tango, que me hiciste mal y sin embargo te quiero quiero sepultar
La vieron a tu vieja con un pan de hash
vendiéndole a los negros en la calle Montparnasse
Y esto no deja de ser una canción desde el alma.
Sol, que me calma
Otro ejemplo del viraje gradual del rock hacia el tango se manifiesta en que al promediar la década tres pioneros del rock publicaron discos titulados así: En el 2000… (también)… («Pajarito» Zaguri, ex Los Beatniks), Sur y después (Moris) y Nebbia canta a Cadícamo (Litto Nebbia).
Por su parte, en el tema «Piazzolla» (1997) Los Fabulosos Cadillacs utilizan una batería de referencias tangueras que van desde el propio Piazzolla hasta apelaciones a la canción «Balada para un loco» y al bandoneón: «Piantao, calavera, luna, loco. /
¡Tango!», «voy a estrellarme con tu bandoneón a toda velocidad». En el mismo tema se observa otra referencia al tango «Solo», que, si bien no es de Piazzolla, forma parte de la banda de sonido de la película El exilio de Gardel, de la cual sí compuso gran parte de la música. Finalmente sugiere el origen marplatense de uno de los tangueros más apreciados por los rockeros.
¡Solo!
Solo vino del mar, y solo se fue con él
piantao el fulano aquel, va por calles canallas.
Otro caso de paráfrasis aparece en la canción «No tan Buenos Aires» (1999), de Andrés Calamaro. En «Nocturno a mi barrio» Aníbal Troilo recitaba: «Alguien dijo una vez / que yo me fui de mi barrio. / ¿Cuándo? ¿Cuándo? / Si siempre estoy llegando». Al volver de una larga estadía en España, Calamaro deslizaba en aquella canción un sutil guiño para melómanos y tangueros: «y siempre estoy llegando a saludar a los aires».
Reversiones de tangos
Una de las formas en que el rock inadvertidamente incorporó el tango fue mediante el uso del bandoneón, su instrumento por excelencia. El bandoneón apareció temprana- mente en «Laura va» (Almedra, 1969), «Yo vivo en esta ciudad» y «Che, ciruja» (Pedro y Pablo, 1970), y «Cuando ya me empiece a quedar solo» (Sui Generis, 1973). Así, sin que lo reconocieran, el tango se les colaba a los rockeros a través de instrumentos mu- sicales. Pero la mejor demostración de la aceptación final del tango por parte del rock fue la recreación, grabación e incorporación de sus canciones al propio repertorio. La siguiente lista ofrece un panorama de ese proceso.
| Título | Intérprete | Año | Álbum |
| Soledad | Canturbe | 1983 | Bonpland |
| Cambalache | Sumo | 1984 | (Solamente en vivo) |
| El día que me quieras | Litto Nebbia | 1986 | Demasiadas maneras de no saber nada |
| Gricel | Spinetta – Páez | 1986 | La la la |
| Mi caballo bayo* | León Gieco | 1986 | De Ushuaia a La Quiaca vol. 4 |
| Rubias de New York | Baglietto | 1988 | Mami |
| Soledad, Volver y otros | Litto Nebbia | 1990 | Homenaje a Gardel y Le Pera |
| Cambalache | Hermética | 1990 | Intérpretes |
| Milonga sentimental | Baglietto – Vitale | 1991 | Postales de este lado del mundo |
| Desencuentro | Baglietto – Vitale | 1991 | Postales de este lado del mundo |
| Naranjo en flor | Baglietto – Vitale | 1991 | Postales de este lado del mundo |
| Nostalgias | Baglietto – Vitale | 1991 | Postales de este lado del mundo |
| Cafetín de Buenos Aires | Baglietto – Vitale | 1991 | Postales de este lado del mundo |
| 1964 | Baglietto – Vitale | 1991 | Postales de este lado del mundo |
| El día que me quieras | Baglietto – Vitale | 1991 | Postales de este lado del mundo |
| Yira, yira | Los Piojos | 1993 | Chac tu chac |
| El día que me quieras | Celeste Carballo | 1993 | Chocolate inglés |
| Siga el baile** | Auténticos Decadentes | 1993 | Fiesta monstruo |
| Desencuentro | Almafuerte | 1995 | Mundo guanaco |
| Por una cabeza | Cadena Perpetua | 1995 | Cadena Perpetua |
| Sur | Los Visitantes | 1995 | En caliente |
| Naranjo en flor | Octubre Rojo | 1995 | Vení, sentate… |
| Tomo y obligo | Moris | 1995 | Sur y después |
| Nocturno a mi barrio | La Mississippi | 1995 | Bagayo |
| Suburbio y otros | Litto Nebbia | 1995 | Nebbia canta Cadícamo |
| El día que me quieras | Rubén Rada | 1996 | Montevideo |
| Por una cabeza | Los Pericos | 1996 | Yerba buena |
| Nostalgias | Vitale, Inzarrualde, González | 1997 | Cuando el río suena |
| El esquinazo | Vitale, Inzarrualde, González | 1997 | Cuando el río suena |
| Naranjo en flor*** | Baglietto | 1997 | 15 años |
| Amablemente | Daniel Melingo | 1998 | Tangos bajos |
| El escape (El piro) | Daniel Melingo | 1998 | Tangos bajos |
| Canaro en París**** | Walter Giardino | 1998 | Walter Giardino – Temple |
| Mi Buenos Aires querido | Calamaro, Andrés | 1998 | Las otras caras de alta suciedad |
| Como dos extraños | Pedro Aznar | 1998 | Cuerpo y alma |
| Nostalgias | Alianza | 1999 | Huellas |
| Volver | Calamaro, Andrés | 1999 | Las otras caras de alta suciedad |
| Naranjo en flor***** | Calamaro, Andrés | 1999 | Honestidad brutal |
| Naranjo en flor | Giusti Funk Corp | 1999 | Arrabal eléctrico |
| Cambalache | Baglietto – Vitale | 1999 | Postales del alma |
| La última curda | Baglietto – Vitale | 1999 | Postales del alma |
| Nada | Baglietto – Vitale | 1999 | Postales del alma |
| Lejana tierra mía | Baglietto – Vitale | 1999 | Postales del alma |
| El choclo | Baglietto – Vitale | 1999 | Postales del alma |
| Tarde | Baglietto – Vitale | 1999 | Postales del alma |
| Pasional | Baglietto – Vitale | 2000 | No olvides… |
| Los mareados | Baglietto – Vitale | 2000 | No olvides… |
| Cafetín de Buenos Aires | Calamaro, Andrés | 2000 | El salmón |
| Barrio de tango | Calamaro, Andrés | 2000 | El salmón – set box |
| Malena | Calamaro, Andrés | 2000 | El salmón – set box |
| El día que me quieras | Calamaro, Andrés | 2000 | El salmón – set box |
| Nostalgias | Can Can | 2000 | Backgammon |
| Gricel | Flavio Cianciarulo | 2001 | Flavio, viejo, solo y peludo |
| Los mareados | La Mosca | 2003 | Tango latino |
| Sus ojos se cerraron | Calamaro, Andrés | 2004 | El cantante |
| Malena | Calamaro, Andrés | 2004 | El cantante |
| Volver | Calamaro, Andrés | 2004 | El cantante |
| Yuyo verde | La Caja | 2004 | Faro |
| El día que me quieras | Diego Mizrahi | 2004 | 18 kilates |
*Editado recién en 1999.
**Junto al mismísimo Alberto Castillo, quien, además de grabar su voz para el disco, participaba de las presenta- ciones en vivo.
***Grabado en vivo, junto a su coautor, Virgilio Expósito.
**** Solo de guitarra dentro del tema «Corte porteño».
*****Grabado junto a su coautor, Virgilio Expósito.
Aunque en la lista no figura el detalle de los tangos grabados por Litto Nebbia,(12) es muy conocida su temprana afinidad por el tango, que se refleja en los discos señalados, íntegramente dedicados a la obra de Gardel y Le Pera y de Enrique Cadícamo. Además, desde su sello discográfico, Melopea, siempre impulsó el género, incorporando a su catalógo figuras de la talla de Adriana Varela o el «Polaco» Goyeneche.
Andrés Calamaro, otro prolífico cantante de covers tangueros, registró en su disco El regreso (2005) el clásico «Por una cabeza» y alcanzó su máxima expresión revisionista en 2006, al grabar un álbum completo dedicado al tango, Tinta roja.
Nuevos tangos
Miguel Cantilo fue uno de los primeros músicos que, a través de una canción, describió los lazos familiares que unían al rock local con el tango («Del tango y el tan- guito», Mateína, 1985). En un contexto signado por la falta de renovación del género sugería que el rock era una especie de continuador del tango, su heredero, y anticipaba el intercambio y reencuentro que se daría entre ambos:
Porque soy porteño yo canto tanguitos el tanguito es joven loco y zapador
sale de la calle pero no de un túnel rasca la guitarra pega en un tambor. (…)
Como en una parábola de aquel hijo pródigo el tanguito un día volverá a su hogar
con su nuevo ritmo con su nuevo código pero ese buen aire cosa familiar.
Del tango nació el tanguito del tanguito una canción
qué importa que cambie el ritmo si es la misma la intención.
Años después el rock intentaría retomar no sólo aquella «intención» del tango sino sus códigos, tanto poéticos como musicales. De esta forma comenzaron a aparecer tímidamente «nuevos tangos», compuestos por rockeros.
Alejandro del Prado había sido pionero al registrar en 1984 su evocativo «Tanguito de Almendra». Del mismo modo, al año siguiente Baglietto grababa un tango nuevo, con letra de Juan Gelman, música de Fernando de la Riestra y bandoneón a cargo de Rubén Juárez: «Sentado al borde de una silla desfondada (Mi Buenos Aires querido)».
También compusieron tangos con letra y música propias rockeros como Fito Paéz («Loca tuca de Dios», grabado por Fabiana Cantilo en 1995) y Daniel Melingo (prácticamente todos los de su primer disco, Tangos bajos, 1998). En 1995 el grupo Divididos editó su tango «Volver ni a palos» (Otroletravaladna) y al año siguiente Los Piojos grabaron «Gris» (Tercer arco). Por su parte, en 1997 Miguel Cantilo grabó un disco de tangos nuevos, con títulos como «Tanguito era Gardel» y «Cuando bailo el tango» (De amores y pasiones).
En algunos casos lograron componerlos en sociedad con tangueros, como Cala- maro en «Jugar con fuego» (1999), escrito en coautoría con Mariano Mores, o Celeste Carballo, que hizo lo propio junto a José Colángelo («Buenos Aires no tiene la culpa», 2004). Otros casos son el de Omar Mollo, rockero de estirpe actualmente dedicado casi exclusivamente al tango, y el de Daniel Melingo, que logró obtener el consentimiento de Enrique Cadícamo para musicalizar sus poemas inéditos. El resultado se publicó en su disco Ufa! (2002). También les puso música y grabó letras de Luis Alposta y Celedonio Flores. Además, a mediados de la década del noventa Melingo condujo el programa Mala yunta, que se emitía semanalmente por el canal Solo Tango, en el que invitaba a rockeros consagrados a interpretar tangos en el estudio, una curiosidad para el momento.
Un párrafo aparte merecen los cruces entre música electrónica y tango, como el disco del colectivo Bajofondo Tango Club, en el que participan músicos de rock y que fue producido por Gustavo Santaolalla.(13) Este pionero del rock nacional también produjo en 2005 el proyecto «Café de los maestros», orientado a plasmar en nuevas grabaciones la obra de glorias vivientes del tango, recuperando el sonido de las grandes orquestas.
Finalmente, en los últimos años, formaciones novedosas, como Pequeña Or- questa Reincidentes, Me Darás Mil Hijos, Buenos Aires Negro, Tanguetto, Romina y los Urbanos, y hasta la Orquesta Típica Fernández Fierro, parecen ser las que asumen las influencias múltiples con más naturalidad (aunque todavía, en las entrevistas, deben dar explicaciones acerca de si su música es tango o rock).
Con una tradición de más de cuarenta años, la brecha generacional entre el rock y el tango se vuelve relativa. Cada vez está más cerca el día en que un joven músico reco- nozca influencias de Manzi, Spinetta, Discépolo, Charly García, Troilo o Moris, sin sentir la necesidad de explicar nada. Es que se trata sólo de la música de Buenos Aires.