Cuarto aniversario del ciclo cordobés organizado por Felix San Martín, con Eli y Luci Rivarola, Bosques de Groenlandia y Ent.
Sábado a la noche, en un lugar alejado del centro y de toda la movida nocturna en la ciudad de Córdoba; en una calle oscura, un portón grande es la entrada a un patio amplio, lleno de verde, pocas luces y decenas de jóvenes recostados sobre el pasto, siendo custodiados por un gigantesco árbol que señala hacia una Luna llena de un rojizo resplandeciente. Frente a tanta vida, un escenario improvisado en la casa del organizador de Harte de Arte, por donde van pasando distinta variedad de músicos y estilos.
Un ciclo de cultura indie, comandado por el músico Felix San Martín, que busca que el under rockero –y sus derivados- de la ciudad del fernet ocupe cada vez más espacio entre tanto cuarteto.
En Córdoba desde hace alrededor de una década suceden movidas interesantes gestadas por nuevas mentes con ganas de convertir a la provincia en uno de los puntos nacionales donde la cultura rock emerja hacia cada punta del país en busca de mentes más federalizadas.
La edición del cuarto aniversario de Harte de Arte comienza con su organizador sobre el escenario: Felix San Martín es el anfitrión y el primero en mostrar su material en la noche cálida del sábado en esta especie de festival subrepticio.
En segundo lugar, ante la atenta mirada y un sereno silencio, aparece en escena el dúo de las hermanas Eli y Luci Rivarola (hijas del memorable músico cordobés Titi Rivarola). Cada una con su guitarra y su voz aniñada recorren un repertorio de folk rock y carnavalito que endulza la noche, y las convierte a ellas mismas en un tributo en persona a la memoria de su padre. Qué mejor homenaje podía recibir una persona que tanto hizo por la cultura cordobesa, que sus dos hijas tomen su legado con la guitarra y el resultado sea placentero.
Mientras un niño de unos cuatro años corretea por el patio, los Bosques de Groenlandia dicen presente sobre el escenario en formato trío -Pablo Natale en voz y guitarra, Cecilia Jiménez en violín y Guillermo Bustos en guitarra y coros; y sin la presencia de Catriel Luna en cello- y logran sumar algo de velocidad a un folk experimental con canciones que invitan a viajar sin la necesidad de despegarse de la comodidad del pasto.
El cierre de la noche llega con los Ent, conjunto de trip hop de Carlos Paz que ofrenda en su nombre a los árboles calmos y sabios inventados por JRR Tolkien para El Señor de los anillos. Ante la vigilancia del -casualmente- enorme árbol (cuya extensa altura no debe responder al agua ingerida, sino a las notas musicales que lo han bañado durante varios años), al instante en que comienza a sonar la sombría «Ves» (del álbum «Fogo», 2013) un viento cálido se apodera del lugar.
Pasada la medianoche, Harte de Arte llega a su fin. Quién sabe hasta cuándo. Aquel que como espectador haya pasado por este espacio verde seguramente estará atento y expectante a una nueva edición. No es común que la juventud y el rock se mantengan tan calmos cuando se fusionan. Sin embargo, Harte de Arte lo logra. La gente se acerca allí a prestar atención a lo que sucede en escena.
Allí, en esa casa aislada del ruido de la ciudad, quedan el portón, el pasto, la Luna y el árbol a la espera de más música.
