Antes de volver a juntarse para un único show, y tocar en el aniversario de Comodoro Rivadavia, la banda cerró el pasado 28 de diciembre su historia con un «Hasta siempre» (que será editado en DVD). Marcó varias generaciones y consolidó un estilo hasta el punto tal de ser los referentes del rock en la región.
Con un puñado de canciones que se cantaron hasta el hartazgo y con una historia que envuelve momentos duros y de mucha euforia, 113 Vicios dijo adiós en Comodoro Rivadavia ante más de 7.000 personas que desde temprano se agolparon en el Predio Ferial.
La historia acusa 24 años desde su nacimiento, con dos producciones de estudio: Crudo (1995) y El disco negro (1999). Suficientes para alcanzar protagonismo y masividad inmediata.
Himnos como «Santa», «Veneno de muerte lenta», «Cansancio» (en su versión ska que sirvió para cerrar la noche a pura fiesta), «Roca que rueda» o «Pájaro Negro» sacudieron al público que en ningún momento dejó de saltar y agolparse contra las barras de contención.
La inclusión de vientos y percusión fue más que un acierto. La presencia marcada de Pichi Vidal (aplaudido hasta el cansancio por el público), parte de los Cheremeques, Marcelo Souza en trompeta, Demián Carrizo en percusión, y hasta algunos referentes de la Murga del Galpón Austral secundaron a los 113 Vicios en una noche de recuerdo y despedida total.
Sin ningún tipo de incidentes y con un Predio Ferial lleno hasta la mitad, el último show de los Vicios fue también el primero para muchos. Padres e hijos cantando sus canciones daban fe de esto.
Mención especial para el sistema de sonido e iluminación que posibilitaron poder escuchar y ver claramente a la banda desde cualquier sector en que te encuentres.
Algunos hablaron de casi 8.000 personas que estuvieron en el cierre de un ciclo en la historia del rock en esta parte del país. Algunos mencionaron una venta de más de 2.000 anticipadas.
Definitivamente 113 Vicios dijo adiós de la misma manera que se presentó: con una banda de gente cantando cada una de sus canciones abrumados por esta particularidad que siempre tiene el rock: pasar del pogo a la emoción.
«Gracias por tanto tiempo de dejarnos estar en sus corazones y sus gargantas» disparó Alakrán minutos antes de saludar al público. Ese gracias que siempre fue mutuo.
Fuente: La Vanguardia del Sur
