La nota de Cristian Vitale, para el No de Página/12.
«En las gastadas retortas medievales, los alquimistas buscaban un nuevo mundo dentro de la materia. No imaginaban que el ruido de sus fluyentes líquidos era parecido al que los artistas del siglo XX fabricarían en sus laboratorios electrónicos.» El relato en la voz de Eduardo Guibourg –tomado de «Panorama sonoro 1965″– sirvió a Club Astrolabio para subirse al futurismo de Simplemente Extraordinario. «Quería que el disco sonase con el ruido a púa propio de discos sucios y viejos. Quisimos hacer algo extraordinario, fuera del orden», dice modestamente Fabián Ghía. El sucesor de Odisea Efervescente (primer disco) es un tributo a Ennio Morricone, Bert Kaempfert «y a los vinilos de un peso del Parque Patricios», prosigue Ghía. A través de 10 tracks, el sonido liga ciertos sonidos psicodélicos de los ‘60 con latido tecnológico, momentos más lúdicos («Poli y la espuma de mar» incita a bailar) o «Peligroso», donde la voz de Claudia Oshiro puede tentar al más indiferente.
Frase: «Sos el veneno que sabe desnudarme despacio, voy a jugar con tu inimidad» («Peligroso»).