Nicki es un nuevo y enigmático cronista que recorre Buenos Aires y relata sus varias experiencas, rockeras y de las otras. Aquí, su presentación.
Hola! Soy Nicki. No es mi verdadero nombre, pero es así como me llaman después de años. Ya no importa la edad que tengo, qué hago de mi vida ni dónde vivo. Son detalles realmente irrelevantes. Las cosas importantes son las que suceden, las que yo hago que sucedan y quedan en mí. Se cuando y como llegar a la felicidad, ya dejo de ser una búsqueda. Es algo que sé, conozco y la alcanzo. Sólo intento llegar a situaciones interesantes, que llenen mi alma… siento esa necesidad… y eso es lo que voy a contarles.
Jueves 18 de diciembre de 2003
Hay momentos en la vida en que las cosas pesan y mucho. Son esos momentos en los que a uno se le hace difícil dar ese paso necesario. Esa fue la sensación que sentí. Nada trágico, pero los ojos me pesaban. Eran más fuertes que yo. Había salido dispuesto a encarar una noche más con compañeros de ruta, pero sólo llegue al comienzo. Decidía que lo mejor era que el sueño se encargue de guardar esa pesadez en un rincón al que me fuera difícil llegar.
Viernes 19 de diciembre de 2003
Por alguna razón llegue acompañado a un boliche de la zona de Palermo Viejo, lindando a las vías del tren, para acudir al lanzamiento del sello discográfico de la banda argentina del momento, los Babasónicos. Rodeado de gente muy moderna y con varias «celebridades» dando vuelta por el local, entre ellos los músicos dueños de este nuevo sello, pudimos probar varios tragos y conocer gente que hizo de la velada más interesante. Como evento de esa noche estaba anunciada una presentación del grupo Victoria Mil. Hacía un tiempo los había visto como invitados de la banda Proyecto Verona y no me habían dejado una buena impresión. Esta sería una oportunidad más para que al menos me dejen algo rescatable, al menos disfrutarlos un poco. Pero no fue así, de hecho confirmé lo aburridos que son y que sus recursos son muy escasos. Lo único que esperaba era que terminen de tocar para que mis oídos puedan escuchar algo agradable.
Al término de la presentación de esta banda olvidable, le dieron paso al dance que de a poco cautivaba a la gente presente. Me entretuve hablando un rato con gente que conocía, mujeres que de una forma u otra están esperando que las lleven a la cama, dealers intentando meterte cosas raras…
Me aburrí y me fui. A la salida, la entrada ardía, no entiendo el comportamiento de la gente… se empecinan en asistir a lugares donde le roban tanto en la entrada como adentro, van a lugares donde el calor es agobiante y la música no termina de ser buena.
Caminé unas cuadras por Palermo en búsqueda de otro lugar para terminar la noche. El escenario de las calles de Palermo es raro y excitante a la vez. Muchas cosas juntas, disímiles y agradables. Mi visión y capacidad de comprensión, a esa altura de la noche, estaban disminuidas. Casi de memoria llegué a este lugar. Saludé a Carlos, encargado de la seguridad, y me metí directo al baño. Salí como nuevo y listo para celebrar la vida una vez más. Me encontré con esa persona que siempre esta dispuesta para festejar juntos y nos dejamos llevar por la música.
No me acuerdo cómo ni dónde, pero al despertar al otro día estaba en mi cama, desnudo, transpirado y con la boca reseca.
Sábado 20 de diciembre de 2003
El calor me despertó envuelto en un sudor insoportable. La ducha me volvió a mi e ingerí algo para volver a ser el de todos los días. Tenía planeado salir por la tarde a presenciar unos recitales pero el calor que quemaba Buenos Aires me hacía quedar en mi casa. Ya con el Sol menos destructor salí aferrándome de cada pedacito de sombra que encontraba por la calle camino a este lugar donde se realizaba un festival. Lleno de gente y con mucho calor, el festival se desarrollaba casi con normalidad. Dentro de todos los artistas que se iban a presentar esa tarde los más interesantes eran Fantasmagoría y Los Látigos. Dos bandas que van por su segundo disco y que son posibles rescates del Rock Nacional. El festival siguió, pero huí en busca de un poco de alivio. El calor azotó a la ciudad el sábado, durante todo el día.
A las 23,30 hs., nuevamente estaba esperando entrar en un teatro donde La Portuaria presentaba su nuevo álbum, «10.000 km». Me encontré con gente amiga, retiré las entradas y nos ubicamos dentro del teatro. El show empezó casi a horario y fue excelente. Desde el sonido, la puesta en escena, los músicos y las canciones. La banda capitaneada por Diego Frenkel no sólo presento prácticamente todas las canciones del nuevo álbum, sino que recorrió todo su historial sonoro brindándole a los allí presentes grandes recuerdos y emociones a partir de éxitos inolvidables. Lo único que extrañé fue la presencia de Christian Basso en el bajo, que reconozco, le daba un color especial a la banda.
En distintos temas, varios de ellos del último disco, subieron al escenario como invitados Verónica Vernier y Diego Vainer que le dieron frescura al show.
El final del show fue emotivo, dejándose entrever las ganas de la banda de no abandonar el escenario la gente haciéndolos quedar desde el fervor de sus aclamaciones. Así fue que la presentación de «10000 km» terminó más tarde de lo planeado, con una Portuaria que no quería dejar el escenario y un público resistiéndose a dejar el teatro.
Las noche me llevo con mis acompañantes Avenida 9 de Julio abajo hasta un estacionamiento abandonado, o que parecía estarlo, dónde se realizaba una muestra fotográfica. Esa era la excusa. El delirio y el desenfreno se sentían en la calle y al llegar a destino nos encontramos con una gran oscuridad.
Nos mercaron el camino por donde descender hacia donde sucedía todo. Una vez bajado una escalera que tenía como destino la oscuridad absoluta nos sorprendió un camino de velas que a los dos metros se convertía en un círculo y luego seguía hasta el final de ese lugar, esa era la única iluminación del lugar. Era un estacionamiento, pero parecía un lugar de post cataclismo tomado por sobrevivientes, todos ellos jóvenes amantes de culturas urbanas. Al pasar por el círculo delineado por las velas, saludamos a unas personas que no vi bien qué estaban haciendo. Sólo pude ver algo parecido a instrumentos en sus manos, pero anda sonaba.
Llegamos al final de ese recorrido que tanto me hacía acordar al film The Crow, y se proyectaban unas animaciones de comics desde unas computadoras y de fondo sonaba Radiohead. Había un puñado de gente en el lugar, pero no superaban las 100 personas. Debo recordar que estbamos en un estacionamiento abandonado con graffitis en sus paredes y música sonando fuerte. Toda esta gente parecía haber sido por las imágenes reproducidas contra una pared. Si se movía alguien, relalizaba movimiento extraños… o por lo menos eso veía yo. A esa altura dudaba un poco de toda esa situación. No era muy entretenido, pero no me quería ir. Pensamientos un tanto apocalípticos me venían a la mente.
Al finalizar esa proyección, decidimos salir del lugar. Caminamos nuevamente por el camino marcado con las velas y en ese preciso instante comenzó a tocar una banda a un costado del círculo formado por las mismas velas.
Era una trompeta, una batería, un contrabajo y un saxo/oboe… Me detuve por un instante a ver qué era lo que se traían entre manos. Sonidos de improvisación mezclado con jazz fue lo que comenzó a sonar y me capturó inmediatamente. Me acerque a una columna del estacionamiento y me senté apoyándome en ella. Como me sucedió a mi, les pasó a todos los allí presentes… estábamos sentados cada uno a distinta distancia pero unidos por lo mismo. No se qué era, y nunca lo sabré, pero estábamos unidos. Y no era la música. Me quedé un momento hipnotizado por el movimiento de la llamita de la vela que más cerca tenía…mi mirada se quedó en eso mientras escuchaba la música, o el silencio, o las dos cosas. Un movimiento me desconcentro del trance en el que estaba. Un hombre comenzó a dar vueltas carnero y llegó hasta el centro del círculo. Se paró y comenzó a bailar de una forma muy extraña. Segundos después se le sumó una mujer… Hizo lo mismo y se enfrentaron, sin dejar de bailar. Entonces comenzó un encuentro entre esas dos personas que por momentos parecía una pelea descarnada y en otros una escena de amor salvaje. Chocaba y excitaba al mismo tiempo. De fondo la música. A veces el silencio. Otras veces ruidos. Por momentos las dos personas iban al ritmo de la música y en otros eran los sonidos que seguían los movimientos de esas dos personas, que se tocaban, se pegaban y se cuidaban mutuamente.
Al tiempo, no se cuando, en estos momentos eso es lo que menos importa, el hombre y la mujer se separan y cada uno se va por su lado y es en eso momento en que no se cómo, pero una pastilla estaba en mi boca y las cosas comenzaron a cambiar.
La oscuridad se veía vencida por las velas y el sonido de la banda. Me levanté y camine no se hacia donde, pero llegué de la mano de una acompañante que no conocía a una habitación iluminada por un rayo de luz proveniente de un hueco en el teyo que dejaba entre ver la luna.
Al despertar, ya con el sol pegándome en la cara, supe que se llamaba Malena, que había sido muy cariñosa con migo y que nunca más la volvería a ver…
Domingo 21 de diciembre de 2003
No se cómo llegue a mi casa, pero me desperté entrada la tarde y para bajar todo lo que tenía en la cabeza, me fui a la casa de un amigo por Palermo Viejo, donde todos los domingos hace fiestas muy exclusivas. Se sabe de esas fiestas de boca en boca y muy poca gente asiste. Música tranquila, bebidas acorde y un ambiente propicio para pasar lo sucedido los días pasados y encarar una nueva semana.
Esto es todo. Ya tendrán más noticias mías…
Los Saluda !!!!!!!!
Nicki