Viajé y viajé hasta que llegué a la frontera y me di cuenta; dejé atrás cuanto pude marchitar, queme todo y no hay vuelta atrás.
A oscuras maté recuerdos y escupí algunas palabras que dejé para que el viento de la costa las tuviera a su libre albedrío.
Ahora llegan las horas en que entre los edificios de la ciudad pampeana me desintegro sonante.