Ciudad de solos,
que con un buen ventiluz les alcanza.
No hay tiempo que falte, ni hora sobrando.
Quedan los enamorados
envejeciendo de cara al mar,
aunque les cueste frío pero les regala eternidad.
Hace mucho me siento enfermo,
¿Cuánto falta para la estación siguiente?
Quiero llegar y abrazarla,
decirle que la extraño
cuando me doy cuenta que existen edificios vacíos
y mis palabras acá no sirven para nada.
Puede ser, seguro sea el hartazgo,
el sentirme indefenso y con los bolsillos vacíos (o rotos).
De eso hablan todos los que vienen,
los que alcanzan a saciarse con lo que la costanera les ofrece;
el sepia es la explanada
que le van encontrando al color del lugar.
Debe ser una manera de vivir.
Vivir para ahogarse, en tres actos o cuatro, eso no importa.
Ahora quiero que me coma y recorra la falta,
que me pegue un aventón la despedida.
Tiene que ser toda mentira esta ciudad,
debe estar ya todo llorado.