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«No quería ser solista»

  • Diario Clarín
  • 21 marzo, 2002

Pasó su adolescencia en Estados Unidos y regresó para tocar la batería en Divididos. Dejó el grupo en 1995 tras una pelea y ahora está de regreso. La entrevista de Fernando García, para Clarín.

Siete años después y está en el mismo lugar. Un portón verde en una de las avenidas de mayor tránsito en Hurlingham por el que se desciende hacia un sótano hermético. Aquí, sobre todo aquí, entre 1991 y 1994, Divididos se consolidó como una de las fuerzas musicales de la década y aquí mismo se dirimió el profundo conflicto humano que le siguió al éxito —los trece Obras en serie, La era de la boludez, el concierto en Vélez— y que dejó al impetuoso baterista Federico Gil Solá fuera del grupo.

Aquí mismo, entonces, Gil Solá decidió empezar todo de nuevo. Era un lugar oscuro y despojado («¿Parecía una carpa, ¿te acordás?»), entonces, y ahora se ha transformado en un estudio de grabación y Federico Gil Solá, sí, sigue trabajando en el mismo lugar. Sorprende, de hecho, verlo igual que hace siete años ahora que roza los cuarenta. Son apariencias: por este tipo pasó un terremoto y si antes era un ex Divididos ahora tiene todo el derecho del mundo a que se lo reconozca por peso propio. Su primer disco Leaving las vergas articula las peripecias de su vida en un viaje tortuoso en el que quedan expuestas sus obsesiones musicales e ideológicas. Y en las letras, esos pasapalabras herméticos, su decisivo pasó por la cocina creativa de la aplanadora del rock.

– Te quedaste acá, entonces…

– Sí… cuando nos separamos, les compré a los chicos (Ricardo Mollo y Diego Arnedo) la parte que correspondía y empecé a montar un estudio. Me había mudado acá para estar cerca de la sala y armé mi vida así. Después pasó lo que pasó y bueno… ya estaba acá.

– ¿No se te volvía difícil hacer música en este lugar dónde se armó Divididos?

– Y… algunos fantasmas quedaron, sí. Pero son de los buenos, ja…

– ¿Por qué tardaste tanto en volver?

– Cada vez que en mi vida terminé con algo fuerte como fue Divididos, me tomé tiempo para dejar la música. Quiero decir: nunca dejé de tocar acá y yo no quería ser solista. Quería armar una nueva banda… pero no salió. En el medio me quemé con un calefón (muestra el lugar donde se le chamuscó el pelo) y recién entendí que tenía un disco hace dos años.

Leaving las vergas es entonces un espejo hacia adentro de esos que deforman: pos punk retorcido y cuarteto cordobés; inglés y castellano. Es un disco muy Hurlingham ahí, en el punto que vuelve sobre esa cuestión de barrio inglés y conurbano profundo entremezclados. «Sí, tiene que ver con el desarraigo. Cuando nos tuvimos que ir a San Francisco yo andaba con el pelo largo en plena fiebre punk (en 1978, vió el último show de Sex Pistols en esa ciudad). Nunca pertenecí del todo a ninguna cosa».

– ¿Y a Divididos?

– Participé plenamente de todo lo que sucedió con el grupo. Pero al final ninguno de nosotros confiaba en el otro y eso nos mató. Ahí sí, estaba afuera.

– ¿Seguiste los discos durante estos años?

– No. Ocasionalmente escuché algo. Pero no voy a ir a comprármelos.

Dice Gil Solá que le tomó un año convencerse de que podía cantar. Que fueron días descarnados. Que, a tal efecto, «sufrió como un hijo de puta». Aquí entonces hay una obra curiosamente introspectiva que por debajo de los temas (que destacan participaciones de Celeste Carballo, Palo Pandolfo y Pablo Guerra) entrelaza una historia de vida (hasta su ex Hilda Lizarazu dejó una foto en el arte) que, posiblemente, se defina en un verso. «No llegué a Sidharta ni a ser guerrillero», canta Gil Solá en una chaya en la que desnuda con acidez su melancolía setentista.

– ¿Por que esa obsesión?

– Es casi subliminal. Asocio la figura del guerrillero directamente con mi infancia. Y creo que para resolver algo creativo necesariamente tuve que volver a ese momento entre el fin de los 60 y los 70. Es como decir ¿qué pasó con todo esto? . Tenía una canción llamada Papá era socialista y lo llamé a mi viejo a Suecia (donde reside desde 1976) para pedirle permiso.

– ¿Qué te dijo?

– «¿Por qué era?» Entonces le puse Papa sigue socialista. Y le gustó más.

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