La Aplanadora presentó a Catriel Ciavarella en su show de El Teatro.
Divididos presentó en El Teatro a su nuevo baterista, Catriel Ciavarella (ex de MAM, que fue probado antes de Araujo pero que no quedó por ser muy chico en ese entonces), en lo que fue otro de sus cortos pero contundentes shows eléctricos. Pareciera que la banda de Mollo y Arnedo encontró un formato que aunque puede no gustar tanto, a ellos les sienta bien: shows de casi dos horas, en lugares pequeños, con entradas agotadas. Luego de haber sorprendido a todo el mundo el año pasado con los excelentes electroacústicos en el Gran Rex, optaron por llenar boliches en la costa, El Teatro en capital y clubes del interior en la primera mitad del año. Y la gente contenta porque son shows más íntimos, la banda está muy cerca del público, se ve bien de todos lados y la música suena muy fuerte. Y justamente así empezaron ayer. No tan puntual como se anunciaba, comenzaron al palo con «Fuck you». De entrada llamó la atención el volumen y la potencia con que sonaba la batería. Mucho más que de costumbre. Daba la sensación que era a propósito, para dejar en claro que «el nuevo batero le da duro», para decir «ojo que si este chico está con nosotros por algo es» y por qué no, para que la gente no piense en Araujo.
Luego del «aplanador» comienzo en el que tocaron los temas que suelen hacer hacia el final, como «El 38», «Rasputín» y «Aladelta», de que Catriel amagara con «Qué tal» y de que arreglaran un pequeño problema de sonido (el show no se estaba escuchando muy bien), el volumen se equilibró, y justo llegó la parte más tranquila pero lograda del recital. Muy bien el clima para tocar «Voodoo Chile», «Cajita musical», «Ay que Dios boludo», «Vida de topo» y la «Ñapi de mamá», para cerrar esa parte con «El arriero».
Fueron metiendo temas viejos, y varios que no suelen tocar en vivo, casi como una prueba para Catriel a ver si se la bancaba en vivo con ese tipo de canciones, o para hacer algo distinto a lo que venían haciendo con Araujo. Muy buena la versión mitad Reggae de «Alma de budín», hubo dedicatoria para la gente que viaja en el San Martín antes de «Paisano de Hurlingam» y la gente disfrutó y saltó mucho con «Salir a comprar». Faltó la parte en que Arnedo se luce en el bajo y el clásico solo de batería para que descansen los otros dos: Mollo se reservó para él la única zapada de la noche y disfrutamos todos del mejor guitarrista del rock nacional.
Y después el show se fue terminando con «Haciendo cosas raras», «Cielito lindo» (en el medio del tema Mollo pidió que la gente se abra y se forme un hueco para el pogo), «Cuadros colgados», «Elefantes en Europa», «Azulejo» y «Paraguay».
El público se quedó con ganas de «Qué tal», «Pepe Lui», «Como un cuento» y «Sisters», temas que habitualmente tocan en vivo, pero estuvo bien que para la presentación de un nuevo integrante se hayan jugado con ese tipo de show.
En conclusión, buen recital Ricardo (no tan locuaz y conversador con el público como de costumbre), Diego (de negro y con perfil mucho más bajo que siempre) y Catriel (completamente transpirado desde el minuto cero pero dándole a la batería con ganas durante las dos horas), que se vuelven a presentar en El Teatro en dos semanas.
Mientras, muchos siguen esperando que vuelvan a Obras e inviten a alguien a subir (¿Andrés Ciro? ¿El Bocha?) a tocar con ellos algún tema de Sumo.