«Somos cuatro amigos que musicalmente funcionamos igual», se presentan. «Confiamos ciegamente los unos en los otros. Por eso los temas fluyen entre todos, a partir de alguna idea individual».
Superextra, de ellos se trata, llevan ya dos años y medio tocando juntos. Ezequiel Suárez es el vocalista, guitarrista y autor de todas las letras. Abajo del escenario, se mantiene casi al margen de la charla, salvo por alguna intervención esporádica. Arriba, su voz se escucha al límite, variando los tonos sorpresivamente y castigando con furia la viola.
La contracara es Alejo Provvidente. Casi recostado contra una pared lateral, se acerca al centro de la escena solo para accionar la pedalera de su guitarra. Desde allí, su protagonismo se transmite a través de los solos punzantes.
En el otro costado, mucho más demostrativo, Federico Gutiérrez aporta algo más que la base, con su bajo protagónico y sus coros.
Párrafo aparte para Federico Romano, baterista y autoproclamado «el fan número uno de Superextra». Próximo a recibirse de abogado («primero batero, después doctor»), es una máquina de pegarle a los parches y gesticular incesantemente.
«La nuestra no es una música para bailar», había aclarado Ezequiel. «Es más para prestar atención, para escuchar lo que tratamos de decir». Y ahí quizás resida el costado más débil: por momentos, el apasionamiento es tan grande que no se entienden bien las frases. «Las letras están copadas», asegura Alejo. Y continúa: «son de primera, porque transmiten experiencias en serio…» «No, pará», lo interrumpe Ezequiel, el autor. «Yo creo que cada uno tiene sus propias experiencias y a mí me resulta muy difícil decirle a la gente lo que pasa, lo que tiene que sentir o lo que debería hacer». Deja en claro que no pretende ser un referente o un tutor: «yo digo lo que me pasa a mí, y punto. No soy quien para que me crean».
«Nos gusta lo que tocamos», afirma Alejo, casi monopolizando las declaraciones. «A esta altura, en la cual ensayamos mucho, hacemos esfuerzos para equiparnos mejor y tenemos nuestras responsabilidades en la vida, ninguno de los cuatro aceptaría tocar algo que no siente».
El show abrió con «Despierta». Cantada en inglés, remite indefectiblemente a ese sonido de los ’70s, estilo Zeppelin, que ellos mismos reconocieron como ineludible. Pese a lo prometido, pocos pasajes no son al palo: casi casi que hubo que esperar hasta el final para disfrutar de «Let mi gou», a menor velocidad que el promedio. El cierre, una hora y cuarto más tarde y también en inglés, fue el cover «Estallando desde el océano», de Sumo.
«Salga lo que salga la entrada, queremos que el tipo que pagó por vernos se lleve algo a cambio. Podrá gustarle nuestra música, o podrá parecerle una cagada. Pero lo que es seguro es que se irá con la certeza que dejamos todo por él». Para estos tiempos que corren, no es una promesa para desechar.