El festival sigue creciendo y se erige como el más importante de la provincia de Buenos Aires y también uno de los más convocantes del país, por su grilla federal y su propuesta variada de artistas. Mendoza, Córdoba, Santa Fe y hasta el mix chileno-cuyano Zona Ganjah fueron destinos representados en los dos escenarios del evento.
Una marca de cerveza y el más popular de los servicios de reproducción vía streaming se encargaron de albergar a músicos en vivo de toda la Argentina. Algo muy parecido, en estas épocas de contenido on demand, a estar en el living de tu casa con amigos, birra y surfeando en las playlist de un teléfono celular.
Cacheos simpáticos, el río a la margen izquierda del arribo, puestos para hidratarse, y varios food trucks para alimentarse, cerraron el círculo de cobertura básica de necesidades y comercio inevitable para un público que al menos tuvo algo para masticar o beber mientras sonaban las dos decenas de bandas que fueron pasando en esos tres días vertiginosos del Rock en Baradero.
El viernes fue el turno de los consagrados. Mucho ya no se puede elogiar a Eruca Sativa y Carajo. Los cordobeses -uno de los pocos ungidos que habló con la prensa- con ese tridente fantástico de Lula Bertoldi, Brenda Martín y Gaby Pedernera, dejaron a la gente prendida fuego para el podio del Día 1: Attaque, el power trío más importante del país, y el prócer Ricardo Iorio en el escenario de la cerveza que se retransmitía a través de dos pantallas gigantes en ambos costados.
Pero antes de ver al ex Almafuerte (un look Taxi Driver) con yeso y costuras porque no tuvo la mejor de las semanas previas, pasaron bandas como los boedenses Bestia Bebé, el poder inoxidable de Pez, el surrealismo de Walas -que subió más tarde al ring de Carajo- de Massacre y los hits que pusieron al punk en la escena hace varias décadas, de la mano de los Attaque 77.
El Día 2 fue más fiestero ya con el Mono Fabio de Kapanga metiendo feats con casi todos los colegas, y hasta tocando con su hijo Tobías. Arrancó muy temprano a las 15 y piquito con Lo Funebrero de Rosario. Luego fue un desfile de la nueva escena: Bándalos Chinos y los platenses Rivales, uno de los tantos de la inagotable cantera de la ciudad de la diagonales que pasaron por el Baradero.
Las listas de temas de estos grupos fueron ambiciosas. Más allá de tocar los cortes de difusión y sus hits –como «Isla» de Bándalos Chinos- también interpretaron las canciones que tienen gran cantidad de reproducciones en Spoty y que siempre un puñado de gente estaba coreando debajo.
Desde Cuyo, los hermanos Perras on The Beach y Usted Señalemelo depositaron toda su juventud y desfachatez en una tarde de sábado muy calurosa. Simón y Juan, cada uno a su turno, terminaron bailando y cantando con los fans para luego volver al escenario corriendo; algo que casi había quedado en el olvido en el rubro ceremonial del rock. Poxyran de Perras también colaboró con los Turf que otorgaron uno de los conciertos más enérgicos de esa jornada.
Louta y Miss Bolivia merecen una mención especial. El performer de puro ADN artístico brindó un show descomunal de baile, coreo y escenografía. El hijo de Ana Frenkel y Diqui James se metió en una burbuja llena de papelitos. Sí, una burbuja llena de papelitos. Fue el número que atrasó al resto de la grilla pero valió la pena. Más adelante, la psicóloga, productora y DJ tiró todo su currículum con varios cumbiazos («Cagón», «Tomate el palo») y se despachó con un beligerante y hermoso recitado levantando las banderas del #NiUnaMenos. Precisamente Miss Bolivia y la dupla Eruca fueron las chicas que ya no necesitan presentación y que de a poco van sacándole a la música esa careta machista que a veces se quiere negar u ocultar.
La comunidad entre artistas iba siendo moneda corriente. Otros platenses, los Cruzando el Charco, invitaron a los cordobeses de Los Caligaris. El Mono kapanguero también le prestó sus servicios a La 25 en el cántico rolinga «Solo voy» y varios músicos, a medida que se iban bajando de las tablas, se quedaban viendo a los que venían después en clara muestra de solidaridad, respeto y tal vez admiración.
El sábado pasaron los rosarinos de Cielo Razzo, volaron por el aire las rastas hardcore de Boom Boom Kid, sonaron los himnos radiales de Coti, se funkeó con Lo Pibitos y la fiesta terminó tardísimo con el reggae de Nonpalidece, la danza macabra de Kapanga y el número fuerte y masivo de La 25, robándose las últimas energías de un sábado heterogéneo.
Los parlantes de la popular marca de las tres letras no paraban de escupir música. «Pasos al costado» de Turf, «Hacelo por mi» de Attaque y «Tu sonrisa» de Nonpa fueron apenitas un paneo de los ya clásicos que se dieron en el marco sabatino.
El domingo la cosa pintaba diferente porque el lunes la mayoría del público tenía que volver a laburar. De todas formas nadie se apichonó ante otro comienzo de calor agobiante y fue tomando aún más temperatura festivalera con las que todos saben de Los Tipitos, la novedad del Piti Fernández solista y de nuevo reggae con los Zona Ganjah.
Sueño de Pescado fue una de las más esperadas del atardecer dominical de Baradero con sus «Rock sin vuelo» y «Ladran Sancho». Otro combo platense que tuvo algunos problemas de sonido pero agitó a las masas para que lleguen Nahual y El Bordo, dos créditos de sendos barrios bien porteños.
El piloto automático iba empezando a funcionar en la prensa que conformó un grupo cálido y fraterno. Pero todavía faltaba más. La decisión casi empresarial de que De La Gran Piñata cierre el escenario Spoty fue más que acertada. La agrupación del sur bonaerense convocó a una multitud y anticipó al cierre total de Guasones, también de La Plata, que ya navega entre las bandas locales de nivel internacional.
Más allá de que los Facundo Soto o los Corvatta tuvieran más tiempo para mostrar su música en cualquiera de los dos escenarios del Baradero Rock, cada grupo supo aprovechar su cronómetro. Perras on the Beach utilizó sus últimos cartuchos para condecorar otro concierto memorable y por ahora para un público indicadísimo. Simón miró su relojito y dijo «Eh todavía nos quedan dos minutos». Esa fue una de los miles de postales que tuvo este festival en una ciudad tranquila que se vio revolucionada con tres días desenfrenados de música de todos los rincones argentinos.