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La barra ardiente

  • Revista Pelo
  • 10 septiembre, 1970

La Barra de Chocolate pasa por el momento más crítico: sus diferencias musicales.

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Nacho: Decí la verdad Pájaro: ¿Si en otro lado te dan la oportunidad de hacer tu verdadera música y encima te pagan bien, vos te vas de la Barra?

Pajarito: No loco: para mí, la Barra a muerte.

Nacho: No Pájaro: vos sabes que tenés que decirme la verdad: si hoy tenés una oportunidad para cantar como solista lo que te gusta te vas y chau.

Pajarito: «Y acaso ustedes dos no se irían también?» (Refiriéndose a Nacho y Miguel).

Miguel: Si, nos vamos, pero…

Nacho: Lo que pasa es que nosotros queremos hacer evolucionar al conjunto.

Pajarito: ¿…Y te parece que yo no?

Miguel: No sabemos si querés o no, pero no hacés mucho por lograrlo.

Este increíble diálogo entre Pajarito Zaguri, fundador de la Barra de Chocolate, Nacho Smilari y Miguel Monti, guitarrista y bajista del conjunto, tuvo origen dos semanas atrás en la redacción de Pelo, cuando ellos se presentaron para ampliar una nota comenzada durante la grabación del último simple del grupo en las salas del estudio independiente Phonal. Nunca antes un conjunto había llegado a tal punto de sinceridad, de autocrítica. Ellos quisieron ser auténticos en el reportaje. Y se descarnaron entre sí: hicieron emerger las diferencias que había en el conjunto. Concretaron con palabras lo que hacía tanto tiempo venían suponiendo sobre ellos mismos. La entrevista en la redacción de Pelo sirvió para que aflorara la verdad total sobre la Barra de Chocolate. Lo que sigue reproduce fielmente lo que dijeron, aunque duela. O quizás sin dolor: porque hablar de frente, llamando a las cosas por su nombre y apellido, es útil. Este es el diálogo que mantuvieron con un redactor tres integrantes del conjunto: Pajarito Zaguri (compositor y voz), Nacho Smilari (guitarra) y Miguel Monti (bajo).

JUEGO LIMPIO

Pelo: Vamos a hablar con franqueza: es bastante evidente que ha ocurrido un cambio dentro de la estructura de la Barra de Chocolate. Al parecer la Barra en sí ha querido tomar parte en el conjunto Emparejando los niveles con Pajarito. No resulta casual que Nacho se disponga a confeccionar arreglos de Igs dos temas y que además dirija la grabación. ¿Qué es lo que pasa?

Nacho: Lo que ocurre es que el grupo está desconectado. Miguel y yo nos pasamos todo el día estudiando y tocando, Quique el baterista prefiere jugar al truco o ir a los partidos de fútbol y Pajarito está metido con sus temas y su guitarrita. Entonces hay división, diferentes caminos.

Miguel: Desde hace un mes y medio nosotros dos empezamos a preocuparnos por la música en general. Es decir: la tomamos en serio. Con Nacho estudiamos escalas, instrumentaciones nuevas y posibilidades electrónicas. ¿Pero qué ocurre? Nosotros queremos aplicar todo eso en el grupo, pero ellos no nos siguen. ¿Es verdad o no, Pájaro?

Pajarito: Sí lo que dice es cierto: admito que ellos están estudiando mucho y haciendo las cosas muy bien. Pero yo estoy en otra cosa, otra música y otros temas, me cuesta adaptarme al estilo que fabricamos para la Barra.

Pelo: Si Nacho y Miguel están evolucionando, si vos, Pájaro, estás en otra cosa, ¿cuál es el verdadero sentido de la Barra de Chocolate?

Nacho: Mirá, para aclarar todo esto es necesario conocer de qué manera se formó el grupo: Pajarito consiguió un contrato en el sello donde estamos ahora. Era para él y un conjunto, cualquiera que fuera. Pajarito me vino a ver para que buscaramos entre los dos el resto de la gente. Juntamos a los que hoy somos pero sin el fin de hacer un grupo formal. Solamente lo íbamos a acompañar al Pájaro, porque lo queríamos como amigos. En realidad el primer tema, «Alza la voz», era un tiro al aire. Si se vendía, Pajarito pensaba seguir, y si no, a otra cosa. Se vendió. A Miguel, por ejemplo, lo llamamos urgente: estaba en Esquel veraneando. «Vení —le dijimos— porque la cosa camina». De esa manera nos fuimos juntando cada uno de nosotros. Si el asunto no hubiera caminado, habríamos seguido siendo músicos profesionales, de los que que acompañan a solistas. Con todo esto te quiero decir que no hubo en ningún momento intención de formar un grupo en serio: lo hicimos sin esperanza. Como salió bien y epmenzamos a ganar plata, seguimos.

Miguel: Ese clima de inestabilidad, sin ensayos y de temas «hechos» en el propio estudio de grabación, continuó hasta hace poco. Cuando Nacho y yo quisimos hacer las cosas en serio nos encontramos que cada uno estaba tirando para su lado: en su propia cosa.

Pelo: Entonces, dentro de todo ese desconcierto, musicalmente la Barra no tiene una aparente finalidad…

Nacho: Existimos porque hay trabajo, nada más.

Pelo: ¿Y cuándo no haya más…?

Miguel: Es muy probable que la Barra se disuelva; pero ojo: en esa misma disyuntiva está cualquier conjunto argentino. Si no hay trabajo ¿para qué vas a seguir?

Pelo: Pero a pesar de todo eso ¿ustedes van a seguir juntos?

Pajarito: Por supuesto. Todo esto que te vamos diciendo no quiere decir que no intentemos hacer las cosas cada vez mejor. Por ejemplo, ahora grabamos nuestros últimos dos temas, «Voces en la calle» y «Doña Lucía», con acompañamiento de orquesta dirigida por Bubby Lavechia. Los arreglos los hizo Nacho.

Pelo: Sí, pero que los arreglos los haya hecho Nacho demuestra la evolución de Nacho, no de la Barra de Chocolate. Y aparentemente, el resultado de la evolución musical de la Barra surge de la unión entre Nacho y Miguel.

Pajarito: Bueno sí, está bien. Pero yo estoy orgulloso de eso porque son mis amigos. Y ellos consiguieron algo que no es muy habitual en las salas de grabación: entusiasmaron a los músicos profesionales, y todos tocaron como si fueran un conjunto de hace años que está trabajando en conjunción.

Miguel: Lo de la unión mía con Nacho es musicalmente real. pero mejor sería que estuviéramos todos en lo mismo. Y ustedes parecen no querer eso. (Refiriéndose al resto de la Barra).

Pajarito: Vos bien sabes que estoy en una línea folk y me cuesta adaptarme a otro estilo.

Pelo: ¿Vos, Pajarito, aceptás los cargos que te hacen Nacho y Miguel. y comprendes verdaderamente sus actitudes?

Pajarito: Por supuesto, soy consciente que quien se aísla soy yo. Todo esto me está haciendo reflexionar: para nuestro próximo long play no voy a ir con los temas preparados para que ellos le hagan los arreglos y todo eso. Quiero que trabajemos en equipo. Lo prometo.

Nacho: Decí la verdad Pájaro: ¿cuántas veces te dijimos que vinieras a casa para trabajar y tocar? Nunca viniste, así no vamos a ir a ningún lado.

Pajarito: ¿Pero qué estoy diciendo? ¡No te digo que voy a ir! Quiero trabajar en equipo: hacer las cosas bien.

Miguel: Lo dijiste muchas veces Pajarito…

Pajarito: No, esta vez es en serio; vas a ver.

Pelo: Y si a pesar de esa nueva unión de intenciones, no mejora el nivel musical y humano del grupo ¿qué van a hacer?

Miguel: Creo que Nacho y yo nos vamos.

Pajarito: Si ustedes quieren irse por problemas musicales, yo voy a ser el primero en apoyarlos. Una vez Nacho se quiso retirar porque tenía problemas personales dentro del conjunto. Yo le dije que de la Barra sólo se podía ir si tenía diferencias musicales. Si hoy las tenés, te lo digo ahora, yo voy a ser el primero en decirte que te vayas tranquilo.

EL MENOR CAMELO POSIBLE

Esta es la situación de la Barra de Chocolate, a pocos días de la aparición del último simple del grupo que, como ellos dijeron, es decisivo para su supervivencia. Si el disco tiene éxito —cosa probable— ellos se enfrentarán ante un segundo problema, quizás el más arduo: unirse verdaderamente en el progreso musical, en las intenciones y humanamente. La prueba será el próximo long play. Si allí no ocurre nada de eso, por lo menos Nacho y Miguel, seguramente, se irán. Quizás Pajarito disuelva la Barra al comprobar que es un conjunto que no lo representa, ni a él ni a su personalidad musical. Nunca antes un conjunto argentino había sido tan franco públicamente, hasta la altura de presentar sus propias, grandes dificultades internas. Pero eso fue siempre una condición de la Barra de Chocolate: hacer todo con el menor camelo posible.

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