El ex Karamelo santo formó dos proyectos musicales nuevos, pasó de tocar para 2.500 personas a tocar para 50 y aprendió una lección: «los tipos que hacen negocios con el rock son lo menos rockero que existe», dice.

Maria, la llave!» como si fuera una escena de La vida es bella, Goy tira la llave desde el balcón de su casona de La Boca, donde vive desde 1997, cuando se vino con Karamelo Santo desde Mendoza a probar suerte. «Tocábamos en todos los festivales, ya no nos podían ni ver allá», recuerda entre risas, y va a su habitación y trae un simple 7’ de Baila gordito, editado por Radio Trípoli en esa época. «Es muy frustrante para un músico quedarte en tu provincia: a los que realmente les gusta la música, se terminan yendo», sigue. En el lado A se lee el nombre de la banda, todavía en plural: Karamelos Santos. En el lado B figura «El baile oficial», canción germinal que curiosamente eligieron para titular su último cd/dvd en vivo. El último del que Goy participó antes de dejar la banda.
«La música fue lo que más me costó en mi vida», confiesa este cantante na- cido como Guillermo Andrés Ogalde Glúzman, en el seno de una familia rumano-judía de Godoy Cruz, Mendoza. Los profesores que tuvo fueron tajantes en sus diagnósticos: «No tenés talento, pero tenés perseverancia», le decían. A los 19 años se fue de la casa de sus padres, empezó a escribir canciones y abandonó además la carrera de Ingeniería en la UTN. «Un día estaba re fumado delante de una integral matemática que tenía que resolver y… ¡Me agarró una risa tremenda! No sabía qué estaba haciendo ahí. Cerré el libro y no volví más.»
Los Karamelos originales eran seis. Todos Tus Muertos les ofreció grabar un disco y vinieron a instalarse a Buenos Aires. Al mes de estar acá, ya estaban terminando Perfectos idiotas (1997, TTM Discos). Entre asados y guitarreadas, se juntaban más de treinta personas en la casa de la calle Martín Rodríguez, un punto de encuen- tro con espíritu okupa. «Ahora vamos a reabrir el comedor donde hacíamos fiestas y vamos a hacer miniconciertos sorpresivos.» Señala un rincón y dice: «Aunque parezca gracioso, ahí tocaron Nonpalidece, Kapanga y Arbol, ¡cuarenta personas pogueando! Hasta Manu Chao estuvo».
En el 2000, el grupo montó el estudio El Cangrejo en uno de los cuartos de la casa, y empezó a producir artistas. Con el tiempo, Goy se convirtió en el padrino de una nueva generación de bandas latinas, como Sancamaleón, Andando Descalzo y Aztecas Tupro. «Un día pintó una computadora robada de acá del barrio y pudimos hacer el primer cd de Resistencia Suburbana. Debía de ser de un milico, porque venía con todas cosas navales. Igual la formateamos, le compramos una plaquita nueva y nos pusimos a grabar el disco. Todavía me acuerdo el presupuesto: 400 pesos.»
Al año siguiente emprendió la primera gira con Karamelo por EE. UU. y después por Europa. Llegó a hacer nueve tours en el Viejo Continente: 12 mil kilómetros de viaje, tres meses de estadía y 1.500 euros de ganancias. Nunca tuvieron que pagar ni un solo pasaje. «Hicimos más de mil conciertos afuera, nos cruzamos con gente que jamás nos hubiéramos imaginado, desde los Chemical Brothers y Beck hasta Beyoncé y Gogol Bordello. Eugene Hütz un día me dijo que era fan de la banda y que desde que la escuchaba le gustaba más el vino.»
Pero el año pasado decidió bajarse del grupo. Estaba atraVesando una crisis. Venía de separarse de su mujer y sufría ataques de pánico. «La culpa de mi ida de Karamelo no la tiene Karamelo, la tengo yo», reflexiona ahora. «Lo bueno es que me fui feliz porque ellos tienen todos obra social, jubilación y los derechos de autor de todos los temas que compartimos.»
Sus ex compañeros prefirieron no hablar para esta nota. Se encuentran grabando su nuevo disco, y al cierre de esta edición lanzaron su primer single sin Goy, el rasta-punk «Diente». El dice que con sus ex compañeros quedó todo bien, que los cortocircuitos se generaron con los managers y sellos discográficos. «Las bandas se separan siempre por problemas económicos; los managers sobrefacturan mucho y suele haber números que no se saben: los tipos que hacen negocios con el rock sonlo menos rockero que existe», asegura.
«Tenemos historias parecidas», dice Edu Schmidt, ex Arbol, que colabora con Goy en uno de sus nuevos proyectos, La Peña Pop. «Eramos los cantantes de una banda que creció y que después decidimos dar un paso al costado.» En este tiempo de transición, Goy se fue rodeando de viejos amigos como Palo Pandolfo (a quien le está produciendo su nuevo CD), Juan Subirá y Schmidt. «Se fueron colando colegas que vienen de otros divorcios musicales. Somos todos Viudos e hijos del rock and roll», parafrasea Goy.
Hoy, gira por el interior con su banda solista, Goy y Los Cangrejos, graba discos en su casa y toca todos los martes en Ultra Bar con La Peña Pop, un «grupo accidental» que formó con Fede Cabral de Sancamaleón, Carlos Martín de Bersuit Vergarabat, Manu Espinosa de La Esponjosa y el cantautor Charlie Desid ney.»En mi último concierto con Karamelo había 2.500 personas y ahora estoy tocando para 50″, desliza.
Y termina: «La idea de La Peña Pop es no pensarla mucho; si la pensás, fuiste. Me gusta que ahora las cosas sean de onda, no por contrato. Ya aprendí la lección».