El músico presenta Exultante, un álbum gestado durante su internación y marcado por su recuperación tras un trasplante de corazón.

Diez meses de internación y una operación de trasplante de corazón marcaron un punto de inflexión en la vida de Carca. De esa experiencia nació Exultante, su noveno disco de estudio, que el músico presentará este jueves en La Trastienda. Lejos de detenerlo, la enfermedad se convirtió en motor creativo: durante su estadía en la clínica transformó la habitación en un estudio improvisado, desde donde comenzó a componer nuevas canciones junto a Panky Malissia (baterista de Julieta Venegas) y Tuta Torres (bajista de Babasónicos).
El resultado son once temas que condensan su particular universo poético, su espíritu lúdico y una energía renovada. Entre ellos, una versión de “Poseído del alba”, clásico de Luis Alberto Spinetta en su etapa con Pescado Rabioso, reinterpretado junto a Daniel Melero, amigo y colaborador histórico. “La posibilidad de construir música nueva me resulta absolutamente excitante. Este momento me encuentra agradecido por poder hacerla, disfrutarla y seguir adelante”, explica Carca en una entrevista con Nicolás Peralta.
El primer adelanto de Exultante será “Lodo”, que saldrá el 13 de agosto. “Marca un poco el espíritu del disco. Panky me trajo unos ritmos, a mí me surgieron otros pedazos de música y aparecieron las palabras. Así lo fuimos construyendo”, cuenta. La operación de corazón, reconoce, influyó de manera decisiva: “Me dio la sensación de finitud, la obligación de usar el tiempo a mi favor y el deseo de registrar la mayor cantidad de música posible. Pero lo que tenía para decir pasó por otro lado expresivo, más vinculado con el misterio”.
El show en La Trastienda no será una presentación formal del disco, sino un festejo por su regreso a los escenarios. “Es una celebración. Agradezco la posibilidad de poder seguir haciéndolo después de casi dos años”, resume el músico, que mantiene una mirada relajada sobre su carrera. A lo largo de los años compartió proyectos con figuras como Flavio Cianciarulo, Bernard Fowler, Andrés Calamaro, Daniel Melero, Daniel Melingo, Kinky, Attaque 77 y Los Espíritus. Desde 2007, además, es miembro estable de Babasónicos, banda con la que lo une una amistad que se remonta a la adolescencia. “Cuando acepto ser parte de algo, me entrego absolutamente. Doy el cien por ciento, porque es mi manera de ser”, dice.

Su curiosidad lo llevó también a la actuación, con participaciones en Nafta Súper, Kryptonita y Los Sónicos, junto a figuras como Pablo Rago, Diego Capusotto, Norman Briski y Roberto Carnaghi. “Nunca hago nada por dinero. Me interesan los retos de los que se puede aprender mucho. Sin ser actor, tuve la oportunidad de trabajar con artistas enormes, y siempre fue una experiencia positiva y didáctica”, asegura.
Dueño de un largo recorrido, Carca habla con humor sobre su trayectoria. “Toqué antes de Ozzy Osbourne en River y me cagaron a botellazos porque tocaba antes que Korn. Pero toqué en River, tres veces. También antes de los White Stripes en el Luna Park. Viví un montón de cosas geniales”, recuerda entre risas. Lejos de la autocomplacencia, relativiza el concepto de talento: “No creo ser un virtuoso. Hay premios al esfuerzo, a la dedicación y al amor por lo que uno hace. Solo agradezco lo que me pasa y trabajo para que me pasen más cosas”.
En tiempos de incertidumbre, Carca reivindica la música como refugio y acto de resistencia. “Somos muchos los que trabajamos para que la música siga siendo un espacio artístico y una forma de resistencia ante las arbitrariedades políticas y las injusticias sociales. No hace falta hacer canciones de protesta: cada uno aporta desde su lugar. Yo ofrezco mi granito de arena, un pequeño refugio donde las personas puedan ser un poco más felices, más sensibles. Hay que juntarse con otros. Juntos parecemos más”, concluye.