El artista argentino radicado en Madrid presenta su proyecto más ambicioso como músico y productor. Este primer disco solista es el reflejo de las cualidades creativas que lo acompañan y motivan.

Existe un personaje principal que viaja a través de las ocho canciones y se encuentra con diferentes historias y realidades. Las mismas lo llevan a reflexionar sobre la sociedad, el mundo y los desafíos que se aparecen en el camino. Por momentos, la introspección, el aprendizaje y la poesía se manifiestan de manera cruda, y otras desde una perspectiva más positiva y superadora.
Berard tiene en claro que el disco es colaborativo y los invitados resultan clave para esta etapa. La experiencia se expande hacia distintos países y ciudades, lo que enriquece y diversifica los géneros incluidos.
No solo es el desenlace de los estilos que toca a lo largo de los años; sino el gusto de hacer lo que quiere, más allá de lo que exige la industria, y consolidarse como músico, productor y compositor bajo este alter ego.
¿A qué refiere el nombre del disco y qué nos podés adelantar sobre el arte de tapa?
El nombre del disco refiere al recorrido que hace nuestro personaje principal, encontrándose en diferentes historias y circunstancias que la llevan a reflexionar sobre la sociedad, el mundo en el que vivimos y los desafíos que va encontrando a lo largo de este camino. Es un camino de música, psicodelia e introspección desde el mensaje de paz, amor y libertad que siempre caracterizó al rock.
El arte de tapa fue realizado por Alex Labra, artista e ilustrador. Supo reflejar esta idea de el camino, en medio de la oscuridad que nos lleva hacia una luz. La portada presenta un bosque oscuro, con la belleza y los peligros que esto implica. La idea principal es que represente este mensaje, pero que no pierda el misticismo y la psicodelia del rock.
¿Cuál fue el criterio al momento de seleccionar las ocho canciones que lo integran? ¿el número y orden fueron pensados?
El disco no fue premeditado con un número de canciones en concreto, se lanzaron a medida que se editaron. El número fue parte del proceso creativo del disco; cuando sentí que la historia se había desarrollado y acabado, lo di por finalizado. El orden de las canciones está ligado a un relato sonoro, lo que te transmite a través del viaje.
¿Existe un concepto integral?
Sí, El Camino presenta desafíos, enseñanzas, aprendizajes, introspección y una perspectiva poética del momento social en el que vivimos; a veces cruda, otras con una perspectiva más positiva y de superación. Todo es parte del camino.
El relato lo lleva adelante una entidad «ella» que nos va enseñando todo este panorama a través de distintos escenarios y realidades, no muy distintas a las del mundo real.
¿Cómo viviste el proceso autogestivo de producción y cuáles fueron los mayores desafíos desde la mirada crítica hacia tus propias canciones?
Fue un proceso largo, es el primer proyecto que hago como solista y de gran dimensión. El disco fue grabado principalmente en mi Home Studio, salvo por algunas canciones y coros grabados en otros estudios.
Si bien fue un trabajo grande en cuanto a cantidad de músicos, coordinar grabaciones y producirlos, fue un trabajo muy placentero, sin las presión de una fecha de lanzamiento, ni tener que cumplir con otros productores, estudios, horarios, etc.
Pude lograr lo que quería en el disco: hacer una obra completa con todos los ingredientes y estilos que me gustan. A su vez, darme el lujo de contar con músicos y amigos excelentes, que hicieron que este disco tuviera muchos matices.
¿Qué condimentos sonoros destacarías de El Camino?
Destaca la variedad de estilos, es un disco que pasa por el funk, soul y el rock, entre otros. Por un lado, es el desenlace de todos los estilos que fui tocando a lo largo de los años; por otro, pude darme le gusto de tocar los estilos que quería, sin pensar en lo que estaba de moda.
Pude meterme con percusiones muy jazzeras, guitarras de rock psicodélico, teclados y sintetizadores, saxos y trompetas. Realmente en el disco hay una gama muy amplia de instrumentos, lo cual lo convirtió en la obra más grande que compuse hasta la fecha.
Hablemos de los artistas invitados ¿Quiénes fueron, por qué los elegiste y cuál fue su aporte en cada canción?
Tenía claro que sería un disco colaborativo, así que los artistas fueron clave para este proyecto. Hay músicos de distintos países y ciudades, lo que lo enriqueció mucho, y contó con estilos muy distintos.
Dave América colaboró en la producción de «Cartas en Madrid» y grabación de voces en «A Dónde Voy»; Andrés Otárola en la mezcla y producción de «Las Agujas del Reloj»; Bea Cabezas y Silvia Vizuete en los coros de todos los temas; Bruno Languasco en el bajo de «Las «Agujas del Reloj», «Cierto»; Víctor Barroso en la guitarra de «No Me Verás Caer»; Rubén con la batería de «No Me Verás Caer» y «El Camino»; Juan Barceló en el bajo de «El Camino» y «A Dónde Voy»; Luis Susilla desde la voz en «Cierto» ; y Rafa Vasck en la guitarra de «Cierto».
¿La mezcla y masterización quién la realizó?
La mezcla de «Cartas en Madrid» la hizo Dave América y Andrés Otárola se encargó de la mezcla de «Las Agujas del Reloj». El resto de los temas los mezclé y mastericé junto a Ferto producciones.
¿Qué sentiste al escucharlo terminado y cuáles son tus expectativas?
Sentí como si hubiese terminado una novela, el cierre de una obra. Por un lado, es el final de un proyecto, pero el inicio de muchos otros. Este disco es la consolidación de «BERARD» como músico y productor. Me metió mucho más en el ambiente de la música desde la parte técnica. Pude explorar maneras de grabar, probar varios estudios y trabajar con muchos artistas. Al final es abrir puertas a nuevas formas de hacer arte.
¿En qué momento te encuentra este lanzamiento?
Este lanzamiento aparece con el proyecto terminado y yo embarcado en otros nuevos y muy diferentes. Hoy puedo verlo de manera más tangible y con un camino marcado.
Aparece este disco en medio de muchos trabajos que están ocurriendo. Me abrió las puertas a conocer músicos y trabajar de diferentes maneras con otros artistas y bandas.
Parte del trabajo y técnicas exploradas durante este proyecto se reflejan en canciones de «Wild Potus» un proyecto de versiones minimalistas con Bea Cabezas» y en la exploración sonora de rock con «Jockey Club», banda que estoy grabando y produciendo al 100%. En estos proyectos no solo grabo y produzco, si no que también soy guitarrista de ambos, lo cual me genera una gran satisfacción. Es arte puramente artesanal y realizado con mucho cariño.
¿Qué es lo que más te apasiona del rol «productor» y qué satisfacciones te da por fuera de componer?
Lo que más me apasiona es que la parte técnica de la grabación y producción se transforman en otra forma de hacer arte; y termina siendo algo tan artístico como tocar o crear música.
La producción también me permite interactuar con los músicos desde otro ángulo, tratando de llevar sus ideas a las grabaciones y hacerlas tangibles. Esa interacción resulta realmente enriquecedora desde ese rol.
¿Cómo conviven ambas personalidades en el mismo espacio y de qué manera distribuís tus tiempos para cada una?
Al principio me costó un poco crear el personaje de Berard, pero con el tiempo todo se acomodó y hoy forma parte de este mundo, donde puedo participar desde la música, producción y la composición con este alter ego creado.
En cuanto a los tiempos, va dependiendo de los proyectos, la energía y tiempo que me pide cada uno. Hoy estoy enfocado en mayor medida a Jockey Club, ya que estamos en medio de la grabación del disco y tocando mucho por las salas de Madrid. A su vez, en el tiempo libre estoy componiendo un álbum de jazz, algo que siempre tuve ganas de hacer.
¿Con qué estilos te sentís más cómodo al momento de producir y por qué?
Creo que justamente este disco muestra en gran medida los estilos con los que me siento más cómodo. El funk, el rock y el soul siempre fueron en los que me moví, y de los cuales hoy sigo aprendiendo.
Tengo la suerte de poder elegir dedicar mi tiempo y producción a la música que me gusta, y meterme de lleno en estos estilos me llenan de satisfacción. Sean comerciales o no, cerca o lejos de la moda y las miradas, puedo encarar el arte desde el lugar que le doy y para mi merece.
¿Algún proyecto que te gustaría mencionar?
Cuando comencé a grabar y a producir mis primeras canciones di con Jay Walker Black, un rapero estadounidense que me convocó para hacer un tema y delegó las melodías a mi criterio. También puedo mencionar a Wild Potus, con su propuesta rockera minimalista; y a Jockey Club. Tres proyectos que me abrieron los ojos a un mundo de creación y fusión de estilos como músico y productor.
¿Cuáles serían tus mayores virtudes como productor?
Soy un freak de la producción, los estudios de grabación y me encanta explorar nuevas técnicas. Creo que lo que más destaco, es que me involucro desde el punto de vista de artista (como músico) y a la vez puedo dar una perspectiva más técnica de la grabación. Cuanto más puedo explorar y meterme en el sonido, mejores resultados logro; y si la banda o el artista están a gusto con lo aportado, para mi es la satisfacción más grande.