Miguel Vilanova, al frente de excelentes músicos, presentó en Rosario «Don Vilanova»
Una guitarra. Madera, metal, cuerdas. El hueco que aloja el alma, lo que no está y da cuerpo a lo que está. Una resonadora íntegramente plateada. Una voz. Un canto que se apoya en las palabras que se deslizan por la cintura de la guitarra. Suave. Muy suave. Para empezar a subir, a tomar calor, a adueñarse del ritmo del aire. El corazón se agita. Los dedos bailan sobre las cuerdas que parecen estar a punto de estallar, para caer en una calma final, que precede a los aplausos.
Nadie hubiera podido definir mejor esa noche que el mismo Botafogo: nos anticipó que sería como hacer el amor. Ir quitando cada prenda a su tiempo, descubriendo la piel de a poco, dejando que la temperatura vaya empapando el ambiente. Con cada nota, con cada silencio, con cada vibración de su guitarra y de su garganta.
El clima era íntimo y relajado. Un diálogo continuo con el público como si fuera parte de él, y cargado de buen humor, hizo transcurrir una noche que pareció volar en un instante. Los relojes parecían engañar al observar que sus agujas marcaban dos horas de recital. (¿Sería que nos mentían o que la magia de aquellas manos había detenido el tiempo…?).
La banda de Miguel «Botafogo» Vilanova está nutrida por excelentes músicos, muy jóvenes, y con la sorpresa adicional de tener una baterista mujer. Es raro encontrar mujeres instrumentistas, más aún en un instrumento considerado masculino como es la batería. Silvana Colagiovani es un claro ejemplo de que el virtuosismo no distingue sexos. El resto de los integrantes son Sergio Arias en guitarra rítmica, Rafael Pravetoni en bajo, y Gustavo Lozano en teclados. Botafogo en voz, guitarras y lap.
La sala Lavardén repleta alojaba gente de todas las edades, pero en especial a muchos guitarristas, la mayoría de los cuales estiraban sus ojos lo más posible desde las primeras filas o colgados de los palcos laterales para ver las manos del maestro.
Antes de comenzar la música, la resonadora reflejaba las luces del escenario sobre el público, y Miguel dirigía esa luz sobre todos los rincones. Parecía un sacerdote bendiciendo a sus súbditos, haciendo llegar la luz a sus almas.
El repertorio estuvo compuesto por variados temas, como «Blues para mi guitarra», «Little red rooster», «Sitting on the top», «Kalipso» y «Slide blues» entre otros. También estuvo presentando temas del próximo disco pronto a salir llamado «Don Vilanova», el cual contendrá 16 canciones, la mayor parte de ellas inéditas y de su propia autoría. Pudimos escuchar temas como «Juremos con gloria vivir», «El mentiroso», «Hablé con Dios». Durante el mes de julio Botafogo emprenderá su sexta gira por Washington junto al armonicista Bruce Ewan, y luego hará gira por Chile en agosto. Y esto conversábamos antes del recital:
Vos que anduviste tocando por muchos países del mundo, junto a músicos de varias nacionalidades, ¿pudiste comprobar que la música es el verdadero idioma universal?
Si, ya lo creo. Cuando estaba en Japón que no entendía nada, y tocábamos y pudimos hacer un show bárbaro, pudimos hacer cuatro giras y grabar un disco…Si, es cierto.
Estuviste con músicos por ejemplo de EEUU, que por ahí en otro ámbito nos verían como «sudacas» o latinos…vos ahora vas a estar de nuevo en una gira por allá…¿cómo te sentís en ese sentido?
No…en ese sentido el que está arriba del escenario soy yo. Así que, los tipos de «sudaca» nada…un respeto total, porque se dan cuenta que conocés ese idioma. Bueno, yo toco por lo general en lugares donde la gente que se acerca conoce lo que es el blues, máxime en EEUU. Además toco con unos músicos impresionantes cuando voy, así que…a mí siempre me han recibido muy bien. No todos los norteamericanos son Bush y su gabinete, hay muchos genios, mucha gente muy buena, muy sensible, muy gaucha, muy inocente. Hay de todo.
¿Tuvo que ver el blues en esta forma distinta que tenés de ver la vida y de transitarla?
La verdad que si…si, porque una cosa lleva a la otra y una serie de sincronicidades que se fueron dando en mi vida, por el blues, por la música te diría…pero el blues tiene una responsabilidad enorme en ese sentido. En relación a los músicos al conocer sus biografías, al tener la suerte de conocer a algunos de ellos…siguió inspirando para un montón de otras cosas, para leer…Yo había terminado la secundaria y odiaba leer cualquier cosa, lo único que quería leer era el boletín que decía «Aprobó». Seguí aprendiendo cosas, había locuras como gente que seguía siendo un negro africano como Taj Mahal sin ir más lejos. Y bueno, eso me fue llevando a leer otras cosas, estudiar otras, a tratar de crecer un poco, de limpiar un poco tanta mala educación. Yo creo que el blues y meterme en la música me llevó un poco a eso.
¿Qué pensás de la «incultura» de mucha de la música que escucha gran parte del pueblo de nuestro país? Digamos…pop, cumbia villera, ese tipo de cosas…
Mirá, siempre existieron músicas que coparon la venta de discos, los medios, por su masividad…siempre existió. Yo me consuelo con que por lo menos la gente baila, va a un lugar y se reúne, y escucha…que se yo…música. Claro, por ahí no escucha siempre música.
Hay veces que van los músicos con mini-disc, lo ponen y hacen la mímica…Pero pienso que tarde o temprano, sobre todo en Argentina en un momento como este en el que hay muchas expresiones…todo el mundo puede escuchar de todo, no? Hay quienes prefieren la bailanta, la cumbia villera, lo electrónico…pero si en algún momento se cruzan con alguno de los cientos, decenas o miles de espectáculos que se organizan siempre va a enganchar buena música, de todos los estilos. Buena música de salsa para ver que es distinto que la cumbia villera, buena música de rock&roll para ver que es distinto que el pop barato tipo Bandana…si escucha jazz o escucha blues siempre va a escuchar artistas que lo van a poder hacer madurar. Un poco como que uno escucha a su tiempo las cosas y también dependiendo del lugar que vive…eso tiene que ver. Yo me consuelo un poco con que esa música por lo menos la gente se junta a bailar…A mí me gustaría que todos los fines de semana estuviera B. B. King tocando acá en Argentina. Pero bueno, ojalá que algún día la gente que escucha esa música se cruce con el blues, con el buen jazz, con el buen rock&roll, con la buena música clásica, con buen folcklore, con el buen tango, así seguramente su vida va a cambiar.
¿Qué pensás que puede aportar un músico desde sus letras?
Mirá, yo humildemente lo quiero decir porque no tengo canciones famosas, nunca tuve una canción número uno, ni número diez, ni número nada…pero hay gente que me ha dicho «uh, sabés que cuando escuché tal cosa eso me inspiró para tal otra, entonces me dediqué a tal otra y a tal otra, y te tengo que agradecer…porque eso me hizo reflexionar en algo»…Bueno claro, no es masivo, pero es cierto. Alguna vez uno piensa una canción y alguien la recibe. Está León Gieco, o alguien así, que sus letras obviamente están influenciando a la gente…no influenciando, pero al menos, creo yo…no se si es así…creo que los hacen pensar en algo, o reflexionar en algo, tener un poco más de conciencia a lo mejor del amor que nos debemos los unos a los otros. Yo me acuerdo de pibe escuchar a Spinetta o a Pappo con «Adonde está la libertad», y eso me hacía pensar. U otro grupo que escribió unas letras re locas, «La cofradía de la flor solar», y yo decía «¿qué es eso?». Entonces sentís hablar del surrealismo, el dadaísmo, Arto…sale un disco de Spinetta…¿Arto, cómo, qué es, qué quiere decir…? esto fue como poniendo granitos de arena, pequeños prismitas donde si vos seguís la luz por ahí llegás al origen. Bueno sí, es cierto es que está todo contaminado como para que eso se escuche mucho menos, y haya mucha menos gente que tenga la oportunidad de ver esa puntita de luz.
Incluso creo también que un músico puede ser también la voz de muchos que no se pueden hacer escuchar…
Si…pero hay veces no les gusta, hay artistas que no. Prefieren que no, nunca quieren omitir opinión ni nada. Hay otros que sí, que son artistas —- para que el otro «no se que», pero si como para que uno mismo. hay artistas que es más por él mismo por mostrar como la evolución de uno mismo sirve, a lo mejor. Hay artistas que dicen «uy, si digo esto justo ahora en este momento de la coyuntura todos van a decir que bueno»…También hay formas como más poéticas, no tan sermoneadoras, yo no soy el más indicado para hacerlo, mil veces he hecho canciones de tipo consejo, y sermoneantes. Pero la verdad que ahora tengo como otra búsqueda de cosas, otra madurez para hacerlo, otros elementos y otras herramientas para hacerlo y por ahí un poco le esquivo a eso. Sin embargo hay canciones que las escribo a veces improvisadas por algunas cosas que veo en la coyuntura digamos. Por ejemplo me enamoré de la frase «un mundo mejor es posible», que la dijo Fidel. Entonces yo dije «puta, un tipo que tuvo 600 atentados en su vida, y durante 50 años a nadie le importó un culo…y tendría que estar lleno de resentimiento y de ganas de decirle a todo el mundo las cuarenta en la cara y sin embargo el tipo dice «un mundo mejor es posible». Quedé enamorado de eso, el tema dice algo que está como medio improvisado, ahora está tomando como otro formato, y bajo línea con ese solo tema. Después canto canciones más entretenidas…y después la búsqueda mia con la banda, con la música, con buscar un sonido original quizás, si veo otras bandas de blues que pueda decir «ah, si, bueno, pero acá escuchamos esto y aquello, con aquella banda escuchamos aquello y aquello otro…bla, bla» y que se forme una cosa ahí. Y se dan cosas como quizás que alguien te diga «la primera vez que escuché blues acústico fue cuando vos estuviste esa noche allá, te acordás en Formosa? Si…yo estaba ahí, y me hice fanático del blues acústico, ahora tengo una colección de 200 discos acústicos, me fui a EEUU, todo porque vos fuiste un día con Durazno de Gala y tocaste blues acústico». Eso…está bueno, viste?
¿Por qué los músicos de blues en algunas cosas son muy cerrados, como por ejemplo esa eterna rivalidad con el jazz que tienen muchos?
Es mutuo, porque el jazzero…no todo el mundo, estamos hablando de extremistas y de fundamentalistas. Pero muchas veces los que estudian jazz empiezan a menospreciar el formato del blues porque se toca en una sola escala, porque es más escueto, es más desposeído. Y viceversa muchas veces por envidia los bluseros dicen «no, el jazz es una comida de coco y no se qué. Tocan cualquier cosa desafinada y dicen que es jazz». También muchas veces porque no tienen la técnica suficiente como para tocar por ahí incluso la gente de jazz que él admira, no? Sin decirlo…Me parece una tontería.
Pero sí la historia no miente, no te engaña en el sentido que el blues existió y el jazz existió después, jugando con el blues. O sea, porque hay que saberlo como es también en el contexto socio-político-histórico. Los primeros maestros del blues eran realmente esclavos, y no podían ir a Berkley a estudiar música ni al conservatorio de los blancos, ni nada, viste? Trabajaban con su intuición, y con sus cosas que conservaban en su memoria, y que iban pasando…una guitarra desvencijada que encontraban tirada en un campo se volvía a convertir en una guitarra con unos alambres y tornillos en la parte que estaba arreglada. En fin…ellos son os que crean una forma, una fórmula del blues. Eso de cantar en menor y el acorde estar en mayor, entonces se crean esas disonancias, la blue-note. Luego el blanco va como…blancos y negros…van admirando y queriendo esa música, y reformándola se hace el jazz, por alargar las fronteras del blues tradicional. Y se hace mudo, porque en el jazz básicamente no se canta. Hay cantantes y que se yo, pero el jazz hace como una música instrumental, para improvisar, y alargar un formato inicial, y divertirse alargándolo.
Pero digamos que no hay rivalidad porque es como si hubiera rivalidad entre el abuelo y el padre…Si, bueno, puede haber así cosas, pero el blues es el padre, o el abuelo, o la madre del jazz. Pero sí es cierto que existe una rivalidad bastante tonta, porque además siempre por lo general cuando se juntan músicos de jazz y blues hacen genialidades. Yo lo digo por mí, salvando las distancias, pero un grande como Walter Malosetti yo lo convoqué a hacer unas grabaciones y tocamos juntos. Nosotros tocamos blues básicamente, y él tocó arriba que es un violero de jazz eximio y era como si hubiéramos ensayado toda la vida. El se divertía con nosotros, y nosotros le hacíamos el aguante a él y lo hacíamos tocar con cierta decisión. Y estaba re loco, saltaba en el escenario.
¿Es una coincidencia que tengas músicos tan jóvenes en tu banda?
Sí, un poco sí porque las bandas van sufriendo así como mutaciones, y un músico tiene por ahí otro tipo de compromisos o cosas. Silvana es amiga de mi hijo. Lozano llegó también por una audición a la que yo convoqué, es un pibe muy joven, que tiene 18 años.
¿Cómo se transitan 30 años junto al blues sin que te hayas cansado o aburrido?
No, porque es una música que a mí no me aburre para nada. Yo hace 35 años que escucho blues, que lo descubrí, que empecé a descubrir a esos artistas poco a poco. Y hay tantos, y tantos discos y tantas obras que no conozco que constantemente estoy descubriendo cosas y músicos gloriosos, que por ahí no son tan conocidos. Y voy atando cabos, y digo «ahh…ésta frase que tocaba fulano viene de acá, porque…y a ver, ¿éste disco cuándo fue editado?…» Y voy atando cabos. Además me gusta tocarla, me gusta enseñarla,. Entonces estoy muchas horas con pibes que son intensos. Muchas horas con pibes enseñándoles los primeros blues, a superar ciertas barreras técnicas, y eso me da a mí como un subproducto constante como de tocar de taquito cada vez más. Lo cual eso es lindo, porque te empezás a preocupar por otras cosas, decís «bueno, esto está resuelto». Y tratás de cantar un poco mejor, escribir mejores letras, componer otros temas, o empezás a estudiar otras cosas más para que se amalgamen algún día con esto que ya se. Y haya otro pequeño subproducto ahí de otro nivel, o diferente, de otras escalas, de otros estilos incluso.
Me quedó esa imagen inicial de la luz reflejándose en la resonadora. Pensé en el sol cegando los ojos de los trabajadores en las plantaciones de algodón. Pensé en el peso del blues, en su nacimiento, en su historia cargada de dolor, en esas letras que desahogan sentimientos. Hoy, tantos años después, tan lejos, tal vez viviendo dolores muy parecidos, reflejando los propios en nuestras letras. Botafogo fue un pasaje a esa historia, y a la nuestra también.
Que alegoría. El nos iluminó con su guitarra, porque es la luz de nuestros oídos.