Sacó del cajón
las pastillas y una rama,
después vomitó
y se refugió en la almohada.
Nadie quiso verlo
se le ahogaba la mirada,
no hay remedio fiel
para el alma atravezada.
Preso de sus sueños
la miró y escupió al suelo
y después rió.
El despertador sonaba como un revólver,
los recuerdos eran como flores en un sobre.
Rompió el velador
y las luces de su cara,
un infierno azul
en las pupilas gastadas.
Corazón de huesos
lagrimas secadas con excesos.
Apoyó el cuchillo en la garganta.
El despertador sonaba como un revólver,
los recuerdos eran como flores en un sobre