El sello Cala Discos cumple su segundo año de vida y lo festeja con dos recitales: uno el jueves en Capital Federal y el otro el sábado en La Plata.
Este jueves a las 21 horas se presentarán en el Chacarerean Theatre (Nicaragua 5565, Capital) media docena de bandas platenses: Stella Cinderella, Hermanitos Kaiser, Norma, San Martan, Mostruo! y Villaelisa. La misma grilla formará el sábado en el Galpón de la Grieta (18 y 71 de la capital provincial) a las 23 horas. En medio de las agitadas horas previas del par de shows con los que el sello Cala Discos conmemorará su segundo onomástico, Gustavo Caccavo (quién se presenta afirmando ser «el factótum, como dicen las revistas… jeje») hace una pausa para explicar cómo funciona su discográfica independiente.
Durante los ’90s Gustavo formó parte de una banda llamada Elefante Violeta que grabó su disco debut para el primer sello discográfico platense, que estaba subvencionado por la Municipalidad. «De allí aprendí un montón de cosas, sobre todo que no-hacer – esgrime – y partir de ahí no quiero que el gobierno se meta en mis proyectos personales, nunca quedan las cosas claras con ésta gente y para mí es lo más importante».
Como todo emprendedor independiente, su labor abarca una larga lista de ocupaciones: trabajo de producción, grabación (los estudios Cala están en su casa de Villa Elisa), compilación, participación en el diseño y armado de discos, organización de shows, distribución de material y tareas de prensa. «Mi función es variada. Cala crece y se abre camino en proporción directa con el trabajo que le mete cada uno de los que estamos dentro y yo trabajé un montón. Pero en verdad soy músico y desde hace seis meses mi grupo es Villelisa, un trío de canciones silvestres y viscerales. Eso cambió las cosas, pero cuando el sello nació estaba sin banda».
¿Cuál es el criterio para seleccionar lo que se editás?
– Esteeeeee… mirá, no existe un criterio, siempre estuvo la idea del manifiesto que nunca escribí (risas). Pero en líneas generales sólo importa que me guste, o le guste a quiénes trabajamos en Cala. Hasta el momento se editaron artistas que grabaron en el estudio y que, de alguna forma, ya tenían una relación de antemano. Esto en cuanto a los que editan sus trabajos exclusivos, porque para los compilados siempre es mucho mas flexible.
¿Pero es necesario ser platense para ser editado por ustedes?
No, para nada. Aunque hasta el momento no recuerdo haber editado nada que no sea de por aquí.
¿Hacia adonde apunta estéticamente Cala Discos?
Es algo muy cuidado porque justamente en esto va nuestra carta más importante. Teníamos que llegar a la gente con ediciones novedosas y usamos cueros, polietilenos, telas y otros materiales para las tapas. Apostamos al fetiche de las ediciones limitadas, pero por supuesto que permitimos las copias. Nuestro lema es «un copia mas un disco más». Cómo la industria discográfica no deja lugar para proyectos como el nuestro, en las limitaciones buscamos nuestra identidad.
A lo largo de los primeros meses de éste 2006, dos bandas del sello se ganaron un lugar entre las novedades promisorias de la escena under argentina: los epilépticos Norma y Mostruo!, un trío de rock primitivo. Ambos grupos tienen flamantes discos editados que cosecharon críticas efusivas de algunos medios especializados que pusieron sus ojos (y oídos) sobre Cala Discos. Gustavo afirma que el prestigio conseguido rápidamente fue inesperado, y si bien agradece la difusión «lo que mejor te cae es el reconocimiento del tipo común, cuando va gente a los shows».
¿Qué harías sí, porque esos artistas superan su convocatoria, una compañía grande quiere comprar el sello?
– Lo podríamos charlar, pero lo que es seguro es que todo se transformaría en otra cosa. Pienso que estaría bueno un apoyo a nivel distribución, dentro de un montón de cosas que anhelamos el objetivo más grande que tenemos hoy es una edición que abarque todo el país. Pero me interesa seguir manejando la estética y esas cosas.
Gustavo es un hombre orgulloso pero no soberbio. Explica que el consigna de la editorial es Cooperación, Buen Gusto, Autogestión y Calidad, que si no se dedicara a la música construiría casas («de hecho lo hice bastante», asegura), pero «si tuviese talento y constancia, escribiría novelas geniales». A pesar de vivir en un paraje campestre a medio camino entre Buenos Aires y La Plata, tampoco es un hombre aislado: mantiene una relación amistosa con los músicos del sello, «con la mayoría todos los domingos jugamos al fulbo en casa».
Los próximos planes del Cala son la grabación del disco debut de Villaelisa, durante el verano venidero, y la publicación de un compilado con material del 2006 que ya está en proceso. A propósito del grupo de Caccavo, también participa del homenaje a Oktubre que está a punto de editar la venerada Radio Universidad de La Plata. «Esa emisora tiene una importancia total, le da espacio a la música de todas las bandas de la ciudad».
Te propongo un ejercicio. Sí te echaran de La Plata pero ofreciéndote pasajes y estadía por un año para todos los músicos del sello, ¿en qué ciudad del mundo pensás que se podrían instalar para trabajar?
– ¿Manchestar (sic)? pero Barcelona no estaría mal. Quizá estemos mejor en la madre patria, entenderían mis letras, jeje.
La capital de la provincia es un semillero incansable de grupos que en los últimos treinta años puso en órbita a una serie de conjuntos que marcaron una tradición exquisita: la Cofradía, Los Redondos, Virus, Peligrosos Gorriones. Actualmente la corona podría estar en manos de Guasones, pero tanto Estelares como Adicta, Nerd Kids o El Mató aparecen como posibles sucesores. Cuando se le pregunta a qué banda histórica le hubiera gustado editar, Gustavo pone distancias con jactancia: «estoy contento con las bandas de Cala. Acá hay pilones y pilones de bandas con muy buen nivel haciéndose lugar, pero sólo conozco algunas porque no me queda tiempo».
¿Sos consciente de que estás dejando un patrimonio cultural a las próximas generaciones?
– Está bueno tu punto de vista, pero no lo pienso así. Para mí es ahora.