En el marco de la presentación de su flamante disco «Tierra Nueva», los rosarinos tocaron como locales en el teatro Vorterix de su ciudad natal.
Cielo Razzo dio su último show del año en Rosario el pasado domingo pre feriado (aún quedan fechas en San Luis, Mendoza, San Juan y Buenos Aires), en lo que fue la segunda presentación en el Vorterix rosarino (la anterior, el sábado 14 de noviembre), ya con su reciente séptimo álbum de estudio circulando y sonando desde hace varias semanas en la cabeza y oídos de sus seguidores.
Del reciente material sonaron las once canciones que lo componen. El arranque del show fue con la seguidilla de las novedosas «Ventana», «Alisten», «Disfraz» y «Obtuso». Para otra de las nuevas, «El bobo y el payaso», contaron con la participación de dos músicos coterráneos: Ezequiel Salanitro de Sikarios y Nahuel Marquet de Degradé.
Tocar en su casa le permitió al quinteto invitar a artistas locales. También se sumó Rodrigo «Rolo» Prado, guitarrista de Fluído, para «Luminoso», uno de los clásicos pertenecientes al disco «Marea» (2005) que más puso a gritar a los presentes. Es cuando repasaron su largo y pasado repertorio que lograron la euforia de la audiencia.
Quizás la historia más reciente del Rock Nacional todavía no le dio a Cielo Razzo el lugar de reconocimiento que se han ganado por mérito propio, y no por ser una banda de constantes éxitos populares –aunque han tenido su buena época de hits radiales-, sino por ser un conjunto con un sonido prolijo y elaborado que se traslada con la misma potencia al vivo, en el que la adrenalina se contagia en un ida y vuelta con su público que, al igual que la banda, va en creciente exaltación durante el transcurso de cualquier show.
Eso es lo que ocurrió la noche del domingo cuando sonaron «Cascarudo», «Vieja caña», «Caminando», «No shopping», «Frágil» y «Demás».
Como cualquier equipo de fútbol, Cielo Razzo saca provecho de la localía cuando juega en Rosario. Con la tranquilidad que eso significa: tener colegas amigos invitados arriba del escenario y tener rostros conocidos debajo. Entre los temas, no faltaron los saludos y guiños de los músicos cuando divisaban entre el público una cara familiar, amistosa o hacia quienes vieron nacer la banda allá por 1993 en su ciudad.
Con los bises arrancando con «Quizás sí», y con Pablo Pino con una remera de Stone Temple Pilots y con la dedicatoria correspondiente por la reciente muerte de Scott Weiland, la banda que se completa con Cristián Narváez (bajo), Diego «Pájaro» Almirón (guitarra y coros), Fernando Aime (guitarra), Javier Robledo (batería y coros) se embarcó en la última parte del show, con un público que no paraba de saltar y cantar cada canción. Entre las elegidas de «Tierra Nueva» aparecieron «La furia», «Alcalina» y «Tus pasos», y de los materiales anteriores figuraron «La cruz», «Mama», «Bébelo», «Galope» y el cierre definitivo bien enérgico con «Sin salida» y «Alma en tregua».
Cielo Razzo en cada show muestra su potencia a base de rock y grunge, y de locales la energía parece ser distinta, más familiera y amistosa, pero con el compromiso, deber y obligación de rendir hacia ese público que los vio desde sus inicios y que les demanda no olvidarse de sus orígenes. En el teatro Vorterix rosarino, ante alrededor de mil personas, los protagonistas de la noche cumplieron con las expectativas.
Foto: Diego De Bruno