Solo quienes están bien informados saben que es una de las bandas más interesantes de la escena del nuevo rock argentino. Pero posiblemente ahora los ocho cuyanos que la integran dejen de ser desconocidos para la mayoría: acaban de hacer una memorable gira de 20 conciertos en 20 días por Europa, al tiempo que están editando su tercer disco, en el que luce como invitado un amigo llamado Manu Chao…
En algún momento de hoy, ocho muchachos de pelos largos vestidos seguramente con ropas de colores lucirán sus rostros felices pero muy cansados en el área de desembarco del Aeropuerto de Ezeiza. Ese será el final de la gira europea de Karamelo Santo, la banda mendocina que ya ha hecho lo suficiente como para instalarse en el primer plano del rock argentino de estas horas. ¿Karamelo qué?, podrá preguntar más de uno, con gesto de extrañado. Se entiende: en el país que hoy tenemos, no es raro que un buen grupo tarde años en saltar a la notoriedad. Mucho más si sus letras son agudas y dicen verdades, y si su música escapa a los moldes conocidos y mezcla, sin prejuicios, el rock con el ska, la cumbia, el hip-hop, el mambo, el reggae y el reggamuffin. Pero quizás haya llegado la hora de la explosión: Karamelo Santo acaba de concluir un viaje intenso por Europa, durante el que hizo 20 conciertos en 20 días en ciudades de Alemania, Dinamarca, Austria y Francia, y prepara la presentación de Los Guachos, su tercer disco, editado esta semana: el estreno en vivo en Buenos Aires será el próximo martes 13 en La Trastienda. Sin tocarse ahí, por la fecha que eligieron…: un martes 13.
«Hoy en Argentina somos todos guachos y, paradójicamente, somos hijos de este país». Así explican los Karamelo Santo el nombre de su nuevo disco, «Los guachos», que vio la luz hace una semana como una extraña novedad porque en estas horas en que pocos sellos, o ninguno, publica discos. El CD, producido artísticamente por Richard Troilo y el grupo, presenta aportes de Manu Chao y Tonino Carotone -el falso italiano de «Me cago en el amor»-, entre otros invitados. «Los temas centrales del disco son el sentimiento de orfandad y el instinto de supervivencia», dicen los Karamelo, que siguen sintiéndose mendocinos aunque están instalados desde 1997 en una casa del barrio de La Boca. «Esa sensación de ausencia y desprotección es la que despierta en los guachos la necesidad de unirse con otros iguales para salir adelante…»
¿Y qué música tiene el disco? Muchas músicas. «La verdad, es difícil encasillarnos en un único género. «Angelito» es trip-baguala, «Guerrillero» sería una nü-cumbia, «El calor» es samba-metal… Hacemos cumbia y rock, mambo, rumba, reggae, algo de corridos mexicanos, raggamuffin, hip hop…»
No hay que buscar mucho para encontrar chicas y chicos de hoy que creen que todo termina en Los Piojos y La Renga. Ellos, desinformados, deberían saber que hay más; que también existen bandas muy recomendables como Karamelo Santo. Gente que puede ayudar a que estas horas no sean tan grises, che.