Hace cuatro décadas, con su primer disco recién lanzado, Fito Páez era elegido uno de los artistas del año. En ese contexto, reflexionaba sobre el arte, la política y el desafío de ser auténtico en tiempos híbridos. El rescate de una entrevista publicada en la Revista Pelo 229, diciembre de 1984.
Fito Páez: que se asusten las tías
Tiene poco mas de veinte años y ya se na ganado el respeto y la admiración de sus colegas y el público. El 84 fue un año muy especial para él porque el lanzamiento de su primer disco solista le deparó excelentes críticas y permitió que un amplio sector de la audiencia lo encumbrara en el nivel reservado para los «grandes». Sin dudas, el reconocimiento obtenido no es más que una justa recompensa para un músico muy talentoso que no conoce de claudicaciones ni concesiones. Su nombre es Fito Páez y no duda en asegurar que lo que hace es «para que se asusten las tías».
Vamos a empezar haciendo un balance de la actividad que desarrollaste durante el año.
Bueno. Vamos por partes. En el verano terminamos la gira presentación de «Clics modernos» con Charly. Después grabé mi disco, hice otra gira con Charly, tocamos en el Astros, nos fuimos a Ibiza y tocamos en Barcelona. A todo esto, yo fui ensayando con mi grupo. Después presenté mi disco en Rosario y fui preparando otro disco y ya tengo muy claro qué es lo que voy a hacer en él. Para mi, este fue un año de asentamiento, de crecer, de alcanzar ciertos objetivos.
Y también de concretar viejos anhelos…
Claro. Mi primer disco es uno de esos viejos anhelos.
¿Te sorprendió la respuesta del público?
Sí, sí. Me sorprende cómo va creciendo todo. Inclusive noto que después de haber tocado en lo de Badía creció mucho el asunto. Para mucha gente yo era nada más que el pianista de Juan y el tecladista de Charly, pero de pronto se encontraron con que empecé a pelar temas. Y evidentemente hubo un reconocimiento masivo. La cosa camina. Me da la sensación de que estoy representando a un sector de la Juventud.
Pero el éxito tiene también facetas desagradables, como por ejemplo convertirse en un buen blanco para las criticas.
A medida que un fenómeno crece se convierte cada vez mas en un blanco. Yo siempre digo que un tipo que está en esto es como una punta de la sociedad, una punta de lo que está pasando.
Sos algo así como el extremo saliente, el extremo que se ve.
Claro, es eso. Sos una saliente y entonces ahi apunta todo. Otra saliente te critica, desde adentro te critican…
¿Y cómo reaccionas ante las críticas?
No sé, trato de tomar lo bueno. Me parece que hay que saber aceptar las críticas. Somos humanos y tenemos defectos, tenemos mambos. Lo que pasa es que la crítica, desde un sector, es embromada porque hay que ver qué se critica. Yo, por ejemplo, hay tipos a los que no me animaría a criticar por la onda que tienen. ¿Cómo le vamos a criticar a Lennon que la grabación de «Instant Karma» está mal hecha? Con la onda que tira el tipo no podés criticarle nada. Por eso pienso que a veces las críticas están de más. A veces. Otras veces, no. Hay que tener mucho criterio para hacer una crítica y también mucho cuidado porque es una cosa muy fría. Yo acepto las críticas si están muy bien argumentadas.
¿Y no te cansa que te digan que te parecés a Charly y que te critiquen por eso?
Eso es un karma que debo tener yo. Me molesta que se tome eso como síntesis de toda una realidad que no existe. Pasan muchas cosas en el mundo y no es importante que se pierda el tiempo pensando si me parezco o no a Charly. A lo mejor esto es tema de conversación en una reunión de pibes y sería preferible que hablaran de otra cosa. Creo que pasan mil cosas más importantes como para hablar. Así yo tenga una onda parecida a la de Charly antes hay un millón de cosas que merecen ser tema de conversación.
¿Es cierto que recibiste amenazas?
No concretamente. Pero el otro día me contaron del fusilamiento de los cinco tipos y se me heló la sangre. Aparte, yo soy peronista y tengo toda una historia. No sé, espero que no pase nada. que sea una falsa alarma…
Vos muchas veces te presentaste ante el público con una remera que dice «Perón». ¿No es arriesgado para un artista embanderarse?
El problema es que nadie se embandera. Seguro que es arriesgado, pero de última es la mía. Yo tampoco me la voy a dar de militante peronista porque no lo soy. Soy peronista por una cuestión afectiva. Y tengo una onda de cambio de leerlo al «Viejo». El tema también una onda de cambio y sus ideas tienen mucho que ver con Lennon, con cosas orientales, con Marx. Él era un tipo muy loco. Yo estoy enganchado por ese lado, no por la mano de la militancia. Recen ahora estoy empezando a moverme con el partido. Creo que es una cuestión de onda.
¿Cuál es tu punto de vista sobre la política actual?
Me parece que, como toda institución. está podrida. El poder, el dinero, hay muchos intereses en juego.
De eso trata «Cuervos en casa»?
Si. «Cuervos» es una síntesis de lo que yo pienso sobre el tema. La política está mal parida. Creo que es muy jodido y lógico a la vez que un país como Argentina elija a un presidente como Alfonsín. Lógico porque después de diez años de represión nosotros -la burguesía argentina- necesitábamos una figura protectora que se pareciera a un padre de familia. Y elegimos a Alfonsín. La cuestión peronista estaba mal encarada, mal manejada. Y me parece patético porque evidentemente estamos equivocando el camino histórico otra vez. Además, por ahí nosotros elegimos un presidente y eso ya estaba digitado hace diez años en otro lado. Creo que la política es un arma muy jodida. Es una droga…
Estábamos hablando de política. Recién nombraste las drogas. Yo agregaría el sexo. Son tres temas que aparecen frecuentemente en tus letras…
Si, si. Lo que pasa es que mi entorno tiene que ver con eso. Soy muy obsesivo con el tema de las drogas. Me preocupa ver qué pasa con la gente, qué daño le produce, qué puede llegar a alterar socialmente. Hay teorías, por ejemplo, que dicen que desde la represión sexual manejan a la civilización occidental. Reprimiéndote sexualmente ya te reprimieron todo lo demás. A mi me gusta profundizar en esos temas y por eso los trato en mis letras. Me preocupa ese lado de la vida.
Tu público tiene un promedio de edad cercano a los quince años. ¿Oué efecto puede tener sobre él la temática que vos abordás en tus canciones?
Yo creo que lo despierta. Si cuando yo tenía quince años alguien me hubiera hablado de sexo, las cosas hubieran sido distintas. El ejemplo es la generación de los Beatles. Ellos hicieron despertar a un montón de pibes. Es lo mismo que, en otro nivel, pasó acá con Sui Generis. Son fenómenos sociales que trascienden los límites de lo estrictamente musical.
¿Y te parece que acá puede volver a darse un fenómeno de ese tipo?
Humm… no sé. Yo soy un optimistanihilista. No sé qué puede llegar a pasar acá, loco. Creo que estamos viviendo un momento creativamente muy híbrido. Hay que hacer una revisión profunda. El creador —o todo aquel que se considere creador— tiene que hacer una revisión profunda de valores, desde su relación con la compañía de discos hasta la relación consigo mismo. Hay que hacer una revisión profundísima como para poder empezar de vuelta. Tiene que haber un revival creativo porque está todo muy manoseado. Hay que generar un fenómeno no sólo musical sino también político y social. Yo veo mucha, pero mucha hibridez. Como para darte una pauta de lo que me interesa te diría que creo en el afecto dentro del arte. Si no trabajás con afecto, todo se te cae. Cuando empiezan a privar otros intereses sobre el afecto, se te cae hasta la vida.
¿Pensás que los artistas están más pendientes de lo que van a ganar con un tema que de otra cosa?
No te quepa la menor duda. Yo no dudo de los valores humanos y afectivos de mucha gente, pero sí dudo sobre si esos valores no se han transformado. El medio transformó al creador. De alguna manera se lo comió.
Y esos «creadores» ahora están pasando un momento crítico, porque la situación económica no permite el consumo masivo de sus canciones…
Realmente. Yo creo que al no vivir un proceso revolucionario, un proceso de cambio, estamos en un medio híbrido. Nosotros vivimos para crear un cambio, una opción, una alternativa, no una contracultura. Yo creo que hay que crear una alternativa, aunque sea mínima. Tenemos que generar un fenómeno alternativo dentro de un contexto alternativo. Cuando vos hacés un disco pensando en lo que va a vender, el contexto se te empieza a deformar. Antes, a lo mejor tu sobrino, tu primo y tu tía pensaban que los Montoneros iban a hacer la revolución; ahora ya ninguno piensa eso. Ahora todos piensan que Alfonsín va a curar al país. Hay otra cosa en el aire. Hay un asentamiento de la burguesía. Y tenemos que trabajar contra ese asentamiento. Estamos viviendo un clima de postguerra. Es un clima de cocaína y de gente que se junta a hablar y no le sale nada. Además, hay mucha frustración de gente que estuvo en una y ya no puede estar más. Estamos viviendo un momento muy jodido, creativamente y todo lo «mente’ que sigue…
¿Pero crear una opción de alternativa como vos propones no trae implícito el riesgo de convertirse en elitistas?
Creo que no, si sabés entender más o menos el fenómeno. Tipos como Spinetta han tenido momentos geniales en los cuáles se comunicaron tanto con un intelectual como con un obrero. En «El jardín de los presentes», Spinetta logró hablarle a un enorme espectro de gente y todos lo entendieron. Charly y Litto también lo lograron. Se puede ser popular sin caer en la mano Julio Iglesias. Al contexto hay que entenderlo, no rechazarlo.
Es un poco entenderlo para enfrentarlo, ¿no?
Claro. Y para poder solucionar algo. Es como cuando un pibe se raya porque el padre no lo deja salir; al crecer se da cuenta que el padre no era un tarado, que simplemente tenía otra realidad. Si uno es tan genio y tan loco, tiene que entenderlo, no rechazarlo. Hay que tratar de modificar el asunto a través del entendimiento. Es como luchar con otras armas, pero sin olvidarse de crear una alternativa. Estamos trabajando con formas musicales perimidas que nada tienen que ver con la vanguardia. Al final, estamos trabajando para lo que odiamos toda la vida: un gran monstruo que se llama compañía multinacional…
Osvaldo Marzullo