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Pescado Rabioso

Artaud

Artaud

Fecha de edición: 10/02/1973

Lista de temas

  1. Todas las hojas son del viento
  2. Cementerio Club
  3. Por
  4. Superchería
  5. La sed verdadera
  6. Cantata de Puentes Amarillos
  7. Bajan
  8. A Starosta, el idiota
  9. Las habladurías del mundo

Notas

Más allá de toda polémica, "Artaud" es el disco más importante en la historia del rock argentino.

Si bien está acreditado a Pescado Rabioso, se trata en realidad de una obra de Spinetta solista. Las nueve canciones fueron compuestas por Luis quien además canta e interpreta guitarras, maracas, piano y platillos. Lo acompañan su hermano Gustavo en batería ("Cementerio Club" y "Bajan") y los ex Almendra Rodolfo García en batería ("Superchería" y "Las habladurías del mundo") y Emilio del Guercio en bajo y coros ("Bajan", "Cementerio Club", "Superchería" y "Las habladurías del mundo").

Por supuesto, el título hace referencia al poeta surrealista francés Antonin Artaud, quien vivió en la primera mitad del Siglo XX y marcó mucho a Luis en aquél momento. El propio Spinetta reconoció el ensayo "Heliogábalo o el anarquista coronado" (de 1934) como una de las obras de Artaud que más lo impresionó. Y sobretodo, "Van Gogh, el suicidado por la sociedad", un ensayo sobre el pintor holandés y las cartas con su hermano Theo. En el libro "Martropía", de Juan Carlos Diez, Spinetta hace una extensa referencia al escritor francés:

Leer a Artaud y tratar de degustarlo no se trata de una experiencia inicialmente filosófica, sino que parte de una experiencia sensorial. Ver cómo las palabras danzan con un peso inconcebible. Y al razonarlas y advertir lo que él ve, ahí empieza el mundo. Yo creo que de eso no sale una filosofía, aunque él asoma como filósofo. Al advertirnos acerca de la actividad interior, parece que él quisiera escribir La literatura y el mal, que después escribe otro gran escritor como Georges Bataille. Pero es como si él lo encarnara. Artaud es un atormentado inconcebible. No era muy sano el tipo. Era meningítico, fue adicto a la morfina y a otras drogas toda su vida para tratar de evadir los dolores de cabeza y otros síntomas de su enfermedad mal curada en aquella época. Él reconoce su enfermedad y trata de transformar su lenguaje. Es increíblemente profundo. De precisión daliniana, diría, porque tiene la precisión de la pintura de Dalí, que te hace un huevo que se transparenta sobre el mármol y parece una foto de algo que uno no podría concebir. De esa calidad es Artaud para escribir sobre algo que es indecible. Solamente él se atreve a hablar de esa manera de las cosas que ve y siente, y a internarnos en el mundo de las neuronas y sus pesadillas, de la pesadilla biológica del pensar. Parece que todo el tiempo deseara extraer el mal de su poesía y ponerlo en evidencia porque no quiere ser débil. No quiere la debilidad y el tormento, entonces acusa, sentencia. Artaud sentencia, es sentencioso. Eso lo hace poético, lo hace williamblakeano, pronosticador de pesadillas. Y mucho más inocente que el inocente, porque si uno pudiera escribir con tanta calidad posiblemente lograría liberarse de sus males. Sólo momentáneamente. A la vez, se ve que el dolor vino después; antes y después de eso para él. Pero escribir ese dolor, de esa manera, le permite seguir respirando, o de otro modo se hubiera matado a continuación de un texto. Menos mal que se le ocurrió uno detrás de otro... Él tiene esos raptos, inventa el mundo. Un genio tremendo: insoslayable e inubicable. Insoslayable para la literatura, inubicable para la filosofía. Inubicable. Y grandioso por el aporte lingüístico. La visión es grandiosa. Es un mundo de células que sienten. Se introduce en el ser como la sangre de su propio cuerpo y desde ahí habla. Es mortífero, casi lo más grande que hay para leer.

La tapa original también es única: con forma octogonal irregular de cuatro puntas. Fue ideada por el propio Spinetta junto al diseñador Juan Gatti y tuvieron que convencer primero a la discográfica que la aprobara. En el libro "Martropía" se cita a Luis haciendo referencia a esas peleas: "Me pedían de rodillas: "Te la hago de oro, pero cuadrada". Y yo les contestaba: "¡Nooo, ahora que me la aceptaste, no te vuelvas atrás. Pensá que estás sacando un disco muy original y chau". Las disquerías devolvían los discos porque las tapas se doblaban en las bateas".