La Pentalpha
Christian Basso
Lista de temas
- Piemonte
- Farewell impromptu
- Melons
- The west end
- Melodía sentimental
- Il circolo
- Madmoiselle Pony
- Cartago
- Rey Mago Zoroastro
- The Promenade
- Walzette
- Drusilla (theme & variation)
La buena estrella de Christian Basso
Publicado originalmente por Germán Arrascaeta el 29 de octubre de 2003
El ex bajista de La Portuaria lanzó «La Pentalpha», su segundo disco solista. El comentario de Germán Arrascaeta.
Christian Basso es un bajista devenido en multiinstrumentista que supo ser parte de Fricción, La Portuaria y de la banda de Charly García cuando ésta se llamaba Las Ligas. Sin dudas, la necesidad de darle un sedimento pop a la música de los inmigrantes, lógica que distinguió a La Portuaria, es lo que más afectó a su militancia musical. Y como pruebas se exhiben sus dos discos: El espectral Profania, con westerns alucinados de medio tiempo y sensación permanente de sound track de filme europeo del este; y el reciente La Pentalpha, un contubernio de más westerns, country, retazos de ópera, music hall, jazz y hasta ska.
Claro está que a este propósito hay que aislarse lo de la pretensión pop. Porque si hay un disco que no cuaja con lo previsible para el entretenimiento sonoro actual, es este.
La Pentalpha, estrella de cinco puntas cuyas diagonales se cortan determinando la divina proporción, es la coartada conceptual que le permite a Basso revestir de espiritualidad todo lo que toca. Un símbolo que movilizó a creyentes de todas las religiones, le da margen para hacer lo que se le antoje y para utilizar una rara diversidad de instrumentos. «La religión de la música no mata a los infieles, no comete atropellos; en ese sentido, parece inofensiva», escribe en el sobre interno, a modo de amparo. Colaboran Dani Melingo, Charly García, Axel Krigier, Alejandro Terán y las cantantes Kal Cahoone, Ava Faludi y Eugenia Vargas. Vale la pena.
Comentario del disco
Publicado originalmente por Pablo Strozza el 22 de noviembre de 2003
«La Pentalpha», segundo trabajo como solista de Christian Basso y sucesor de Profanía, es un disco que requiere una escucha atenta: sí uno se atreviese a ponerlo como mero ambiente se estaría perdiendo de toda su riqueza. El mérito es de su autor. El ex bajista de La Portuaria se revela como uno de los espíritus más inquietos de su generación, alejándose casi por completo del formato rock para ofrecer una suerte de música global en la que todo está permitido.
Canzonettas; chanson francesa; la voz de soprano de Eva Paludi; hot jazz; temas que huelen a desierto al mejor estilo Calexico, Morricone en plan spaghetti western o Ry Cooder Paris, Texas; instrumentales en la tradición del gran Nino Rota; un piano nocturno con un vaso de whisky al lado, humo de cigarrillos y los últimos parroquianos del bar (en “Drusila”); orquestaciones de cuerdas y bronces tocadas por músicos de carne y hueso (aquí la palabra sampler suena como un insulto)… Ese es el universo por el que se mueve Basso, suerte de director de orquesta que disfruta de componer (no hay ningún tema que suene a improvisación) y tocar. Como buen ex estudiante de antropología, Basso sabe de manera perfecta que “toda clasificación es una forma de simplificación”. Y por eso se niega a quedarse en un solo lugar. Enhorabuena: este sistema ambicioso le permitió registrar uno de los mejores discos de este año.