Ardimos
Estelares
Lista de temas
Los Estelares, especialistas en los trazos finos de lo cotidiano
Publicado originalmente por Pablo Plotkin el 10 de diciembre de 2003
En su último trabajo, «Ardimos», el grupo platense sigue fiel a su mirada minimal, pero esta vez con sonido depurado. La nota de Pablo Plotkin.
Manuel Moretti, un platense que sabe contar la melancolía cotidiana, canta al comienzo de Ardimos, el tercer disco de Estelares: «Subimos a la terraza, se ve perfecto el jardín, tomás tu menta con hielo, fumás tu Virginia Slims». Ahora Manuel, sentado en un bodegón gallego del centro, fuma algún rubio menos refinado y toma cerveza de litro, en lugar de licor de menta. Sus canciones siempre tuvieron esa especie de bohemia argentina con clase, de Hermitage de Mar del Plata. Mientras el mundo sigue su marcha –una pelea de De la Hoya, un triunfo crepuscular de River–, alguien en la ciudad tiene el corazón roto. «Son momentos del día que a mí me sugieren estados de ánimo», dice Moretti. «Es parte de la geografía de mis sensaciones. Lo aprendí de las películas de Casavettes: las sensaciones normales, cotidianas, puestas debajo de un microscopio. A veces intento hacer eso en las canciones.»
En la segunda mitad de los noventa, Estelares salió de La Plata con dos discos artesanales –Extraño lugar y Amantes suicidas– llenos de canciones románticas y dolidas. Moretti y el guitarrista Víctor Bertamoni definieron el carácter del grupo, inscripto en la tradición de Neil Young, Lennon, Bob Dylan y el linaje de compositores eléctricos con formación literaria (los beatniks y los realistas mágicos, todos influyen). Pero sobre eso también operaba la música metropolitana local –los valsecitos, el tango– y el imaginario nocturno de las diagonales, rebalsado de estudiantes insomnes e historias de fantasmas. Manuel lee a Pesoa y escucha a los Kinks («me inspira el sonido victoriano»), pero en el último tiempo hubo una especie de actualización. Empezó a prestarles atención a los recicladores «victorianos» (Blur, Oasis) y a varios efectos colaterales del brit pop: Graham Coxon, Robbie Williams y mucho Supergrass, el gran gusto en común de toda la banda.
El proceso de creación de Ardimos fue más largo de lo deseado. En tiempos de la crisis del gobierno de Fernando de la Rúa, Estelares quedó boyando en esa especie de inactividad generalizada. Todo hacía parecer que las promesas vertidas en esos dos primeros discos morirían adheridas al rubro «revelación» de las encuestas de fin de año. Al cabo, la reactivación incluyó un elemento decisivo: Juanchi Baleirón, guitarrista de Los Pericos y productor entrenado, se ofreció a intervenir en el disco. Para una banda tan guitarrera como Estelares, que tenía las canciones pero no siempre la pericia técnica, el trabajo de Juanchi fue una especie de baño de espuma. «Evidentemente, en algún punto se notan los veinte discos que Juan tiene encima», concluye Manuel.
Al cantante le gustan «la dirección y la potencia» del gran rapper blanco Eminem y de Pity Alvarez, el líder de Intoxicados. Pero más allá de ellos, de Wilco y demás referentes, Moretti aprendió mucho de Andrés Calamaro, de «ese registro de ideas frescas y a la vez viscerales». «Lo quiero mucho», dice sencillamente Manuel, que le había mandado unos discos de Estelares en la primera época de Los Rodríguez (a lo que Andrés respondió con una carta) y, años más tarde, durante la grabación de Ardimos, se contactó con él para que participara de alguna forma. «Estuvimos tres o cuatro días grabando», se emociona Manuel. De aquellas sesiones salió la interpretación a dúo de Moneda corriente, una de las canciones más tristes del disco. Calamaro se fijó en la armonía del tema y le dijo «ah, sos mucho más beatle que yo». Cuando volvían de la casa de Juanchi, en taxi a la madrugada, Manuel le habló de una canción del disco quíntuple El salmón. «All you need is pop… Qué canción, man.» Calamaro le dijo «qué bueno, ¿te gustó?». «No, no es que me gustó. Me parece descomunal», amplió Moretti. «Qué bueno –dijo Calamaro–. Algunos no se dan cuenta.»
Los platenses van al grano
Publicado originalmente por Juan Andrade el 24 de enero de 2004
«Ardimos» remite a un tema de la discografía paralela de Estelares en el que los platenses pulsan su nervio más electrificado, acoples incluidos. Tiene sentido entonces que hayan elegido el mismo título para su tercer álbum, el más directo, el más rockero de todos. Esa línea que venía intensificándose en el sonido de la banda es profundizada por la producción del perico Juanchi Baleirón con un minucioso trabajo que pone de relieve los planos y matices que aportan las guitarras. Aunque, claro, sin caer en dogmas que impidan meter unos samples por aquí y un ritmo tecno-pop por allá.
Entre invitados estelares (Andrés Calamaro, Hilda Lizarazu, Gabriel Carámbula y el propio Baleirón) y un reguero de guiños sabiamente esparcidos (desde frases sueltas como «Stand by me», «Federico y Miguel ya no están» o «Son las 6 y Lennon suena en la radio», hasta la versión final de «Birds», de Neil Young), Manuel Moretti agudiza su pluma para retratar con habilidad carveriana el abismo que se abre en situaciones más o menos cotidianas. Un rasgo que sobresale en «América», «Disco Pub» y «En la habitación». Se trata canciones sencillas en apariencia, enmarcadas por sus clásicas melodías agridulces. Tardaron un largo rato en ver la luz, pero la espera valió la pena.
Comentario del disco
Publicado originalmente por Redacción Rock.com.ar el 5 de junio de 2004
En un mundo perfecto, en un mundo ideal, la canción «Moneda corriente» debería ubicarse en el tope de los ránkings, sonar por las radios y escucharse en todos lados para acompañar las caminatas. Es una canción triste, claro; pero la tristeza, la melancolía no tendrían por qué estar desterradas de ese mundo «estelar». Se trata del mejor tema de un álbum en el que no faltan los muy buenos temas (ver también «De La Hoya», «La coupé roja»). Es que en este tercer disco, el grupo platense Estelares parece haber encontrado una síntesis casi perfecta entre la canción y el dolor, entre la liviandad y la densidad, entre ese aire tanguero de discos anteriores y las melodías pop. Quizás esto se deba en gran parte a la producción artística de Juanchi Baleirón (una elección que, aunque no hubiera parecido lógica a priori, resultó ser perfecta) y a la química y el conocimiento de años entre el cantar y las palabras de Manuel Moretti y las guitarras de Víctor Bertamoni. Los invitados para el disco aportan lo suyo: voces de Andrés Calamaro e Hilda Lizarazu, la guitarra de Gabriel Carámbula y los toques de Baleirón.