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Slash en Rosario: la ópera de las guitarras sangrantes

Slash feat. Myles Kennedy & The Conspirators, la banda que lideran el guitarrista de los Guns y el tenor ligero de Boston, visitó Metropolitano el pasado 15 de mayo, en el marco de una gira sudamericana en la que presentan el álbum “Living the dream”.

Puntual arranque 20.55 y muchas expectativas, aunque a priori se hace difícil diferenciar y coordinar qué es qué en la historia solista de los rulos y la galera como obra, pero si alguna etiqueta le cabe perfecta a esta banda angelina, para concluir la previa rumoreada del concierto, es la de Supergrupo.

La voz de Kennedy (Alter Bridge), las cuerdas bífidas de Slash (Guns y Velvet Revolver), las cuatro de Todd Kerns (Age of Electric), las seis de Frank Sidoris (The Cab) y los parches de Brent Fitz (Theory of the Deadman) se complementan, en vivo, como el fernet con la cola o Manu Ginóbili con Tim Duncan. Y en Rosario se comprobó.

Pero más allá de reivindicar a este seleccionado de monstruos musicales (fotos: María Fernández), el arranque del recital en el Metro fue un toque arrogante con la primera canción del material editado en 2018, “Living the dream”, “The call of the wild”, y el falso final se dio con “World on fire”, el hitazo que rejunta millones de escuchas en los servicios de streaming, porque así son las cosas ahora. Luego llegaron los apenas dos bises de la noche.

Mientras el clima se iba destiñendo con nostalgia, de la gorra a los pañuelos noventosos en la cabeza, el tímido público casi uniformado con insignias de GNR se arrimaba al escenario a rockearla. La onda era más bien mirarlos a los cinco interactuar. Vale la pena remarcar la garra que le puso SMKC, que terminó desatando una bomba atómica de rock hollywoodense. Hasta recibieron una más que cálida bandera artesanal en la que su creadora aseguraba que la música de Slash la había salvado del cáncer. Una delicia para despellejar a la frivolidad: "Slash: your music helps me cure cancer. Thank yu. I ♥ you", rezaba el trapo.

Hubo canciones de casi todos los discos solistas como "Back from Cali" y "By the sword", del álbum homónimo de 2010, y "Avalon" (uno de los bises), del exitoso "World on fire" que fue lanzado en 2014 a través del sello propio que tiene el guitarrista nacido en Londres y criado en LA.

El icónico músico de galera, gafas y perlo rizado hizo varias sesiones de #guitarporn, empuñando su harem de Gibsons y -lo más esperado- sonó una de los Guns que tiene rodaje en vivo ya junto a la Myles Kennedy & The Conspirators: “Nightrain”. A juntar las banderas que toca Slash y no Guns and fuckin Roses... Fueron 22 canciones casi sin respiro y nada de "Sweet child o' mine", las más popular en el stream, versión parida en el mundillo virtual (para una sesión de Spotify), pero que todos sabemos no le cae en gracia al propio creador de su característico riff.

El miércoles se iba poniendo espeso glitch y las camperas de cuero genuino enfilaban para el fondo porque no le daban más los gemelos. Sonaba el humo funk de “Driving rain” y antes la furia de “Mind your manners”. Slash tocaba en pija prácticamente los fraseos de su hitazo “Anastasia” para un final épico, en probablemente uno de los conciertos internacionales más prestigiosos que tuvo la ciudad en años y, aunque el valor de la entrada era relativamente accesible ($1800, unos 40 dólares), costó convencer al particular público rosarino.

Slash feat. Myles Kennedy & The Conspirators es una cosa para la voraz industria del streaming y otra cosa, pero mucho más intensa y variada, arriba de un escenario. El quinteto tiene momentos de metal, de grunge y perlas vocales del amplio registro de Kennedy. Se puede imaginar con toques artísticos de la última década del siglo XX y el desenfreno rutinario de la vida de Los Ángeles. Es un grupo con varios abanicos y un estilo muy difícil de encasillar en sus propios subgéneros. Es aburrido ya. Escuchalos...