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La reunión de Manal: una rapsodia porteña

Rescate de una crónica publicada en la Revista Pelo de mayo de 1980.

Como sucedió con Almendra unos meses atrás, la reunión de Manal volvió a congregar a miles de espectadores en el estadio de Obras. Un público heterogéneo —había hippies viejos, universitarios y adolescentes— que durante cuatro noches se entregó al culto de la nostalgia.

Cuando se mencionan los orígenes del rock nacional es imposible no remitirse a Manal. Junto con Almendra conformaron el staff precursor de la música de rock en la Argentina. Ellos le dieron identidad y esencia a un movimiento que nacía por reflejo de un fenómeno universal. No sólo hicieron una música netamente localista, sino que también la dotaron de un lirismo profundamente arraigado en la problemática de este país. Y en ese aspecto, hubo un personaje que supo describir Buenos Aires, sus calles, sus gentes y sus conflictos como nadie lo había hecho antes: Javier Martínez. De los tres integrantes de Manal, él fue el único que viajó al exterior y no regresó hasta el momento de la reunión. Por eso, para los que ahora son muy jóvenes, Manal y Javier Martínez conformaban un mito doblemente misterioso, cuyo único testamento fueron un par de álbumes y otros tantos simples.

Con toda esa enorme carga emocional, Manal enfrentó a su público por primera vez. Todas las expectativas, todas las tensiones quedaron relegadas cuando el trio arrancó con “No pibe”, un verdadero himno de los años sesenta. La canción sonó igual que cuando la tocaban en el mitológico cine Pueyrredón de Flores. No hubo arreglos diferentes; lo que cambió fue la manera de tocar de cada uno. Claudio Gabis es un guitarrista dúctil, un estudioso de su instrumento, que progresó muchísimo en todos estos años. Á su capacidad se le debe sumar un impresionante arsenal de efectos que le dieron a la guitarra una dimensión diferente. Alejandro Medina es el motor sobre el que descansa esa carrocería lustrosa que es Manal. Aun tocando el bajo sin trastes, su sonido es absolutamente personal. Medina tiene un estilo de raíces negras, que nació del blues, pasó luego por el jazz y terminó con el funk y el afro. Desde el bajo fue donde se notó el cambio más intenso en las instrumentaciones de este Manal. Javier Martínez es un baterista más que correcto, medido, capaz de cantar y tocar la batería con la misma intensidad. Su voz, esa voz negra que cantó los blues en castellano, sigue intacta.

“Vamos a pasear por la ciudad”, dijo Alejandro Medina, y Manal nos condujo a través de la “Avenida Rivadavia” una descripción vigente del barrio de Javier Martínez. Con “Una casa con diez pinos” llegó el primer blues de la noche. Y este Manal que bajó a Sudamérica para tocar sus viejos blues sigue conmoviendo.

Gabis hizo un solo brillante, sentido, mientras Martínez se negaba a la alineación de la ciudad desde las estrofas de su canción.

“Necesito un amor” fue interpretada en una versión más rápida que la original: la típica canción de textos sencillos, uno de los primeros simples que grabó Manal.

El trío presentó solamente dos nuevas composiciones, una de las cuales ya había sido grabada por Alejandro Medina. La primera canción fue compuesta por Claudio Gabis y se llama “Centuria”. Se tra- ta de un instrumental con riffs de jazz-rock y constantes cambios de ritmo. Gabis aprovecha para poner en funcionamiento la parafernalia de efectos, que finalmente van a derivar en un largo solo unipersonal. Luego regresa el resto de la banda y el tema deriva a un ritmo más funky.

Los clásicos números del primer álbum estuvieron todos: “Todo el día me pregunto”, “Porque hoy nací” (con un curioso arreglo de jazz en el medio) e “Informe de un día”. También tocaron las mejores canciones de “El león”, el último álbum. “Blues de la amenaza nocturna”, “Doña Laura”, “Helena” y “No hay tiempo de más” marcaron la diferencia entre el Manal que fogosamente intentaba abrirse camino para comunicar su mensaje y el que ya se acercaba al colapso final.

Con “Helena” llegó el momento de que Alejandro hiciera su solo. Medina es uno de los bajistas más importantes que hay en la música nacional. Su desaprovechamiento como instrumentista, e incluso como compositor, parte fundamentalmente de una etapa de inactividad (aparente) en la que estuvo sumido hasta el momento de la reunión. Su solo fue un ejemplo de fuerza y talento. Directamente porque Medina eludió caer en el cliché de la mayoría de los bajistas: tocar su instrumento como si fuera una guitarra.

Con “Avellaneda blues” llegó uno de los momentos claves del concierto. Pocas composiciones de la música popular argentina pudieron retratar con tanta precisión y lirismo un momento y un lugar de Buenos Aires. La música transmitió con toda claridad la magnífica semblanza de los textos. Gabis hizo una de sus mejores interpretaciones de la noche, apoyándose en el monolítico bajo de Medina.

El segundo tema que Manal presentó en esta nueva etapa pertenece a Alejandro Medina. La canción se llama “El jugador”, y ya fue grabada con anterioridad. El tema tiene un sostenido ritmo funk que denota las nuevas tendencias en las que Medina estaba experimentando últimamente. A pesar de cierta fragilidad en la letra, la canción tiene ritmo y mucha fuerza, y subrayó el clima festivo que ya existía a esa altura en el estadio. También Claudio Gabis presentó un tema que había grabado en su primer álbum solista, acompañado por la Pesada del Rock. “Más allá del valle del tiempo” es una hermosa canción que fue cantada por Alejandro Medina.

El gran final fue para “Jugo de tomate frio” uno de los simples más importantes que grabó Manal. El riff pegadizo levantó a la audiencia que, entusiasmada. bailaba y cantaba. Pero la fiesta no podía terminar allí: enseguida vino la repetición con “Informe de un día”.

Todo el mundo se retiró tranquilamente. después de haber presenciado un buen espectáculo de rock. Manal tal vez continúe su carrera en el exterior, o tal vez vuelva a presentarse esporádicamente en Buenos Aires. Eso es algo que recién se decidirá cuando el grupo termine con todos los compromisos de la reunión. De lo que todos estamos absolutamente seguros es que nadie retrató esta ciudad como Manal: ellos escribieron y tocaron la verdadera rapsodia porteña.