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La armonía del huracán

Luis Salinas pasó por Azul y Tandil para exponer la destreza de sus dedos. Hombre generoso, además conversó un rato con nosotros para que ustedes tengan una idea de lo que piensa este gigante de la música.

La música de Luis Salinas vibra en perpetuo movimiento. Refleja la personalidad profunda y luchadora de un intérprete sutil. Se trata de un músico dulce y explosivo que pude pasar del funk al bolero y de la bossa nova al blues y del jazz al candombe sin quedar nunca mal parado. Su banda de apoyo está integrada por Javier Lozano (teclados), Juancho Farías Gomez (bajo) y Sebastián Peycere (batería). Ahora, sus palabras.

Leí por ahí que sos "el Oscar Alemán del 2000"

Luis Salinas: No. Creo que Oscar Alemán fue único. Considero que, junto con George Benson, es el guitarrista con más swing que existió. Alemán tenía una naturalidad única y, por lo tanto, no hay comparación.

Benson es uno de los grandes que reconoce admiración hacía tu manera de tocar ¿cómo lo tomás?

LS: Fue maravilloso conocerlo, es uno de esos sueños que se cumplen. Es más: tocar con él, que me haya invitado a su casa y tener una relación de amistad supera cualquier sueño. Cuando uno recibe elogios de gente que admira mucho es un compromiso y una motivación grande para seguir estudiando y tocando lo mejor que se pueda. Pienso que uno tiene que competir con uno mismo.

O sea que lo único que lo queda por hacer a Salinas es superar a Salinas.

LS: Yo trato de hacerlo, pero eso no termina más. Tengo un video de Paco de Lucía donde dice que uno tendría que tocar un tema solo, e ir mejorándolo hasta que ya no se pueda mejorar más porque uno se muere.

¿Me podés contar cómo te iniciaste en la música?

LS: Mi viejo era músico y mi padrastro también. Yo siempre tengo la duda de si uno se acerca a la música o la música viene con vos. No sé. Mi vieja me contaba que cuando era chiquito y yo gateaba y dejaba todas las cosas tiradas por cualquier lado, pero lo único que acomodaba en un rincón era una guitarrita. Ella me decía que yo era músico antes de darme cuenta.

Te movés por muchos estilos diferentes y una crítica que te hacen es que tocás mucho ¿cómo lo tomás?

LS: Son opiniones, las respeto. Soy sincero con lo que hago y quienes hacen esas críticas no son personas a las que yo admiro.

¿Por qué "Ahí va"?

LS: Es el nombre de un tema que compuse hace tiempo y en la época de Oliverio (mítico pub de Buenos Aires por donde pasaron grandes músicos durante los noventa) lo tocábamos mucho. Yo había hecho un álbum de música argentina (Música argentina, 2002) y para este disco quería tocar la guitarra eléctrica porque venía usando mucho la española. Le iba a poner "Latin beebop", que es el nombre de una canción que hoy tocamos. Me pareció muy americano pero era una manera de hacerle saber a la gente que no era un disco de música argentina. "Ahí va" me pareció mejor nombre porque representa la improvisación, tiene mucho swing. La satisfacción de haber ganado un Premio Gardel por el disco de música argentina y otro por "Ahí va" es algo muy bueno para la libertad artística.

Pero te lo dan los críticos que vos decís que no te interesan.

LS: No siempre son los críticos. Yo respeto a todo el mundo, lo que no tolero es la mala intención y hay personas a la que si no le chupas el culo, hablan de más.

Me imagino que alrededor del jazz debe haber gente muy celosa del espacio de información que maneja.

LS: Muchas veces los críticos se creen más importantes que los músicos y ninguno convoca a ningún público para que los vayan a ver o a escuchar. En algunos casos, tienen impunidad para opinar sobre lo que hace uno. Me jode cuando se subestima al público y se habla sin conocimiento. Yo respeto la opinión de alguien que no entiende pero entiende (por el público) o de alguien que realmente entiende, que son los músicos. Lo que te diga alguien a quien admirás te puede hacer cambiar, pero no lo que diga un crítico. A algunos yo les diría "me gustaría saber como tocás para saber si tengo que respetar lo que decís". Hay gente que critica a Spinetta; me parece increíble.

¿No te hubiese gustado nacer en los cuarenta, en la época de las big bands?

LS: Sí (se le dibuja una sonrisa). Adolfo Ábalos me dijo una vez que nací fuera de época. Fue un elogio. En esos años todos componían y tocaban, lo que generaba una onda de ida y vuelta que sumaba. Era maravilloso.

¿Qué es más importante: la técnica o la improvisación?

LS: La improvisación. Que el momento sea único e irrepetible. El asunto es que vos, con muchas o pocas notas, digas algo.

Complicado; el jazz no tiene letra.

LS: Por eso. Tenés que expresar algo, sentir vos y hacer sentir al público que algo está pasando. Sino son notas nada más.

¿Cómo componés?

LS: No me pongo a componer. Por ahí me voy a casa, me pongo a tocar y me sale un tema. Prendo el grabador para que quede registrado. Pero no digo "hoy voy a componer": me sale naturalmente.

¿Cuál de las canciones que tocaste te quedó más grabada?

LS: La que hice para mi hijo, la "Canción para Juan". La primera parte la hice cuando él estaba en la panza de la madre y la segunda cuando nació. Después, naturalmente se unieron las partes en una canción. Es la más linda por todo lo que tiene adentro, pero no es la que más toco.

A pesar de ser EL género musical por excelencia, según algunos parámetros comerciales el jazz no podría vender ¿cómo tomás la trascendencia de tu música, el hecho de poder hacer giras y llenar teatros?

LS: Yo no hago jazz, retomo el concepto de la improvisación. Creo que el público es un pasivo consumidor de lo que le dan. Hubo épocas que en las que la gente llenaba teatros para escuchar a los más grandes músicos, después apareció el Club del Clan y se taparon a muchos artistas. Acá había una cumbia maravillosa, estaban los Wawanco, y de repente hoy hay otra cosa. He luchado y voy a seguir haciéndolo por que pienso que la música instrumental no es para quince personas. Gracias a Dios toqué y llené los teatros más importantes de Argentina tocando música instrumental. No tuve que resignar nada. El mejor elogio que tuve de un artista fue de Manolo Juárez, que me dijo "te felicito por que si te va bien a vos, nos va a ir bien a todos los que hacemos música instrumental". El público nos viene a ver porque se puede contar una historia tocando, no hace falta una letra. Cuando un productor piensa que esto no es para mucha gente, está subestimando al público.

Dicen que Robert Johnson le vendió el alma al diablo para tocar mejor ¿vos con quién arreglaste?

LS: (se pone serio) Con Dios. Yo soy un tipo que cree mucho. No en la Iglesia, porque veo mucho negocio. Pero hay algo superior y es Dios.