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Festival Anfibio: de tierra y agua, para les pibes

El debut de una nueva propuesta masiva para el espectáculo rosarino cumplió con su leitmotiv “la música nos une”, una consigna que se acopló bien a una preciosa tarde-noche de noviembre, a orillas del Paraná, con música en vivo que además documentó ese lema.

El Anfi tiene a su incondicional socio: el río, como plus para todo. En este caso, los 24º de la tardecita del 18/11, que fue recibiendo a la luna con una brisa de Pampa Húmeda y ciudad, combinada con el rocío que caía lentamente en los eventuales espacios verdes que rodean al Humberto de Nito, pincelaron al amplio predio y los sonidos colaboraron demasiado con la excusa.

El ingreso al Festival Anfibio resultó cómodo y ordenado porque incluso la jornada se prestaba para arrancar temprano a beber cerveza tirada, jugar al metegol, fisgonear merchandising, o entrarle a algún sandwich, fundamental combustible para tener algo en el estómago y tirar hasta que llegue la noche. Una factura difícil, quizás de lograr satisfacer para los festivales multitudinarios de la ciudad, que sortean también cierta burocracia municipal que no contempla las largas colas que se generan para comprar un trago o simplemente lograr ir al baño. Las vejigas y las ordenanzas no siempre van de la mano.

Las productoras asociadas del evento tuvieron, a priori, una parada ambiciosa ya que Rosario vivió, a la par, su histórica Fiesta de Colectividades pero desde la organización se resolvió con una propuesta variada y la vez precisa, orientada, conociendo a la perfección ese público alternativo, de comunidad y sin prejuicios musicales.

Muchas familias se acercaron al Anfibio, y cuando se habla de familia no se refiere a etiquetas. Gran cantidad de niños con sus mayores a cargo disfrutaron desde temprano los primeros acordes de la cumbia latinoamericana de Los Peñaloza, un colectivo de diez músicos que arrancaron la fiesta temprano, todavía a pleno sol. A la espera de su primer disco con canciones propias, Los Peña tuvieron la responsabilidad de desatornillar esa primera curiosidad que dispersa al entrar a un predio con tantas propuestas.

El atardecer ya vestía una muda de nochecita para darle cabida al groove de los Groovin Bohemia, otro crédito local joven que rinde culto a su nombre y alude a esa sensación rítmica que moviliza sin distinguir. Dicho sea de paso, si hay que activar, no hay más refugio sonoro que escuchar a Hugo Lobo y los Dancing Mood, el número siguiente del Anfibio. Un extenso trance de los Mood que hacía un mes habían pasado por otro festival de la ciudad.

Uno deslizaba “hay muchas camisas hawaianas”, en ese hábito social casi ineludible de precintar sectores, públicos, o lo que sea. Pero ese fue otro punto resuelto por el evento, de hecho un puñado de los que fueron a ver Damas Gratis se fueron cuando Lescano se bajó del escenario, y varios que anhelaban ver solamente a Nonpa terminaron bailando “La pikadura”. Cosas que pasan.

Damas Gratis, precisamente, fue la apuesta fuerte del festi ya que Lescano y su banda no vienen muy seguido a la ciudad (en formato concierto y no de bailanta) y en este 2018 ya lo habían hecho dos veces, en un par de shows con el cartel de sold out colgado en la puerta. Pablito y su numeroso séquito colgaron bastante porque faltaba un músico de ese numero staff, aunque la espera valió la pena. “Rosario ATR” gritó el ícono pop tropical a eso de las 23, el día en que su grupo tenía la módica suma de seis conciertos en una noche y que en principio iban a ser los encargados de cerrar en Anfibio, aunque la alta gira pudo más.

El medley de hitazos fundacionales de la cumbia villera como “Los dueños del pabellón”, “Quiero vitamina” y “Aspirina”, entre otros, le siguen dando a Damas Gratis esa mística invaluable y hasta nostálgica, junto con su versión de “La danza de los mirlos” y la preciada colección de teclados ploteados de museo que se llevan todas las miradas. En tanto, los hits latinos reversionados para la actualidad del streaming, “No te creas tan importante” y “Me vas a extrañar”, le siguen dando vigencia a Damas Gratis, y no pudieron faltar en la todavía noche del 18.

Lescano les hizo prender a todos el celular en el himno tropical “El humo de mi fasito” y terminó bañando al público, descorchando una botella de champán, no sin antes enganchar con “El viejo de la bolsa”, una cabida reggae para los Nonpa que ya estaban esperando para trasladar la sintonía de la fiesta y seguir bailando hasta entrada la madrugada.

Néstor y la agrupación tigrense, clave del movimiento reggae argento, arrancaron puntuales como lo marcaba la grilla. Fue a eso de la primer media hora del ya lunes feriado. Nonpalidece, río, aire, música y feriado. Más no se podía pedir cuando Ramljak irrumpió con sus coreutas, mientras la banda instrumentaba al ritmo de “Is this love” y “Buffalo soldier”, de Bob Marley.

El sonido de Nonpa vibra y se reproduce por todo el cuerpo. Se siente en la panza y en el alma. La sonrisa impregnada de Néstor y su cadencia rasta en el baile se transmite y en el Anfibio no hubo excepción con “Tu presencia”, “El ciclo de la vida” o “Nuestra ideas”, entre varias de este grupo bonaerense que acusa más de 20 años de trayectoria en el lomo. Naturaleza y Nonpa para despedir el festi.

Por otra parte, el contraste de los colores de la pantalla con el número sobre escenario tuvo su mérito y colaboró muchísimo con el espectáculo, así como las luces del Anfiteatro Humberto de Nito, el lugar más lindo que tiene Rosario para esta temporada primaveral con tintes estivales. Nonpa se quedó entonces con las últimas energías para bailar, mientras la atmósfera ya manijeaba para aguantar hasta que amanezca, a orillas del Paraná. El Festival Anfibio o ambas vidas en ambos medios. De tierra y de agua. El suelo y el río. Fue la cumbia latina, el funk, el groove, el teclado endemoniado de Pablo Lescano y el reggae dub sosegado de Nonpalidece, maridado con el Paraná.