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Discos: "Todo se ve negro"

Montecarlo está formado por Primo en voz y guitarra, Juan en guitarra, Chico en bajo y sintetizadores y Fran en batería, y en este segundo álbum decidieron trabajar con Ezequiel Araujo, el ex Avant Press y el Otro Yo.

El disco se inicia con “Todo se ve negro” bien rockero, con riffs pegadizos, buenos arreglos de voces, una base que suena bien valvular, a madera pura, bien orgánica, con un buen trabajo en la letra, lo que marca las serias intenciones de grupo.

“Afónico” comienza con una acústica, a la que luego se agrega la base, una guitarra eléctrica, la voz como un lamento en picada libre, para darle paso en la segunda estrofa a las guitarras sonando más progresivas, con estructuras más complejos, pero en una marco más hard, las guitarras bien poderosas la frente y el bajo por momentos saturado, casi igualando la receta stoner.

La sigue “Míster Collins” con un inicio a puro rock británico de los años 70, con un riff que estalla, la base bien marcada, las guitarras chillando y la canción recuerda sonoridades de Hawkind, la banda de rock espacial psicodélico que integrara Lemmy antes de formar Motorhead, pero también trae elementos de los Kinks.

Tomando un monologo del filme “La Virgen de los sicarios”, basada en la novela de Fernando Vallejo, Montecarlo se mete con sus formas de hard rock progresivo en la liturgia urbana latinoamericana y en un tema muy rico a la hora entregar historias tanto a la música, como al cine y la literatura; el narcotráfico.

La canción tiene una estructura totalmente progresiva, ya que cuenta con una letra bien larga, que la voz va escupiendo para darle un crudo realismo hasta que a los 4 minutos, todos los instrumentos callan, y emergen solo una acústica y una voz guardada casi de fogón.

“Ella es el rey” es bien rockera, juguetona, ardiente, invita a besar a una chica, acariciar sus piernas y subir, mientras su cintura se mueve provocativa, con una instrumentación glam al mejor estilo T.Rex.

“Elizabeth” es puro romanticismo rockero con elementos del mejor rock británico, una letra, cargada de poesía apasionada, acompañada por una guitarra presente. El sonido más hard progresivo regresa en el “Blues del buen hombre”, que cuenta el final de una relación, en donde lo expulsan del hogar al protagonista, con un riff bien pegadizo.

“Ya no nos quieren” arranca con la base metiendo un riff machacante y los sintetizadores metiendo ruiditos en el tema más pop del disco. El disco se cierra con “Chau (hasta luego)” que abre con un bajo bien presente, machacando al mejor estilo new wave, una canción que se mueve al ritmo de un subte que busca alocado una estación donde detenerse.