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Discos: "El hombre nuevo"

Ave Tierra es un power trío platense que explora y empuja hacia adelante los limites de la formación buceando en aguas de un rock setentoso, valvular, con momentos que lo vinculan con el stoner y de a ratos progresivo.

La banda comenzó su carrera en 2002 y editaron dos discos bajo el nombre de Astrocity, hasta que decidieron cambiarlo por el de Ave Tierra, que había sido el título de su ultimo material.

En su segundo disco, los Ave Tierra arrancan con toques de un rock progresivo bien duro con “Viento muerto”, con momentos que recuerdan a Vox Dei y a Aquelarre, con un cierre furioso a cargo de la guitarra. En “El hambre de los sin nombre” un bajo denso, saturado, un grito gutural le dan un toque bien stoner a la canción, con airecitos del primer Black Sabbath, una letra corta, la batería empujando la maquina y la guitarra jugando con riffs psicopatones.

“Primer vuelo” tiene un comienzo bien grunge, pero el microfoneo de la voz lo devuelve inmediatamente a los ’70 y la canción recuerda al mejor rock argento de los 70, con una interesante búsqueda en la lírica.

“El agua sangra” se abre con un rock juego instrumental, una letra oscura y volada, con raptos apocalípticos, mientras la guitarra, el bajo y la batería coquetean entre el viejo metal y algún clima lo Pescado Rabioso.

“Bandoneón” despliega furia de riffs, bajos saturados, que se calman cuando emerge la voz y cuando esta se silencia, vuelven a generar violencia y bronca, estallando. “En la luz y en la oscuridad” trae una calma, un remanso que lleva cargada la tensión y la deja salir casi sobre la ultima estrofa, donde la electricidad toma el control, mientras un violín se disputa el rol principal con la guitarra de Eduardo Mauro.

“Oxido vegetal” es hard rock bien de los ’70 con algún parecido al Deep Purple de esos tiempos, mientras las voces se descargan enojadas, gritonas, sobre riffs chirriantes que Mauro despliega sobre la base firme de Diego Denapole en bajo y Guillermo Mauro en batería.

Este muy buen disco se cierra con la desoladora búsqueda poética de “Por las noches, nada más”, que transcurre lenta y dolorosa.