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Entrevistas

Dante: el eslabón perdido

Tiene una conexión obvia con los próceres del rock argentino; forma parte de una banda clave en el sonido de los '90s; su carrera solista siempre fue mucho más urbana y desde hace un tiempo se entremezcla con artistas de trap, veinteañeros que tienen formas muy diferentes de ver la industria, la música, la vida. En esta charla hace referencia al amor, a Emmanuel y el sonido kuryaki, al momento urbano, a este paso hacia Duki y otros exponentes del trap. Es Dante Spinetta, el eslabón perdido del rock argentino.


Fotos de Karina Dos Santos

La última vez que nos reunimos estabas lanzando "La Humanidad o nosotros". Un disco grabado en cinta analógica, donde los IKV volvían a las raíces. Esta etapa solista te encuentra más cerca de géneros como el trap. ¿Qué pasó en el medio de todo eso y cómo definirías tu momento actual?

En ese trayecto pasó, obviamente, "Puñal" que tiene como un punto medio entre esas dos cosas porque está la Filarmónica de Praga y las máquinas. Ahora estoy como en un lado más urbano, que es algo característico de mis discos solistas. Siempre vuelvo al sonido de la calle porque es algo que necesito hacer.

"Puñal" es un disco sangriento también, en el sentido de que tiene mucha alma puesta. Cuando lo hice estaba saliendo de un desamor muy grande y en un momento hasta flashé que podía llegar a morir de tristeza. Entonces necesitaba hacer ese álbum para soltar. Después salí con "Verano hater" y "No sigas", desde otro lado de la vida.

Estoy en un gran momento, en el sentido de que estoy haciendo música, que me va bien y estoy lleno de proyectos relacionados con eso. Todos los singles que estoy sacando, mas el tercero que se viene y se llama "Perdidos en el paraíso", se van a convertir en un disco urbano. Además estoy trabajando en otro álbum, que es un secreto en realidad, pero la idea es que salga el año que viene. Mientras voy construyendo este camino urbano de reconectar con el sonido de hoy.

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¿Considerás que la frase "La música salva" es real?

Sí. También creo que soltar las cosas y hablarlas ya las convierte en otra cosa. El hecho de generar luz desde la oscuridad es como poder revertir ese dolor.

Hay músicos que dicen que desde el dolor nace la inspiración para componer.

Puede ser que haya momentos de mucha inspiración y que tengan que ver la oscuridad o reencontrarse con un montón de cosas. Como cuando uno queda desarmado o cae en esa especie de pozo donde está todo eso que no quiso ver de su vida y tiene que empezar a ordenar un montón de situaciones. También es sano y no me arrepiento de nada. De todo se aprende y va forjando lo que es uno.

Ahora estoy enamorado de lo urbano y voy a seguir por ese camino, pero tocando en vivo con mi banda. Venimos de tocar en Mar del Plata y Córdoba y vamos a estar el 8 de agosto en Niceto. La verdad que es un dream team y estoy súper feliz.

¿En qué punto se une el rock y el rap de los IKV con el trap que hacés hoy?

Tampoco es que estoy haciendo trap, sino que estoy colaborando con artistas de ese género. La música urbana es parte de mí y si hoy ponés el disco "Pyrámide", por ejemplo, hay gente que me pregunta por qué usaba autotune para cantar y decía que me estaba enganchando en la moda. ¿Qué moda? Chequeá 2010 y hay cinco canciones enteras cantadas así. Inclusive singles como "Mostro" y "Gisela". Por eso considero que son una continuidad de lo que hacía.

A la gente sí le llama la atención lo que hacemos Emma o yo como solistas, en comparación de los IKV que es otra cosa. Para nosotros es como una isla donde, cada uno desde su lugar, va con el botecito hacia un puerto en común. Ahí es donde podemos amalgamar musicalmente nuestros espíritus.

Solistas nos pasa otras cosas y creo que por eso tuvimos que parar la banda. Son ciclos que se van cumpliendo y no significa que no nos volvamos a juntar. Quizás algún día salga un tour o algo, pero por ahora estamos metidos 100% en nuestros proyectos. Yo sigo ese fuego interno que me dice: "Che boludo, hay que ir para acá o para allá!". Uno no se puede acomodar a la industria, sino que la industria se tiene que acomodar a uno.

¿Sentiste miedo en algún momento de que lo que hicieras no le gustara a la gente?

Uno a veces piensa en eso, pero al fin y al cabo lo tenés que hacer porque es tu viaje y tu vida. No lo podés delegar al gusto de los demás, ni complacer a todos. Mismo cuando saqué "Puñal", todo el mundo me decía: "Tocá la guitarra, tocá la guitarra" y es un disco que básicamente es todo guitarra porque tenía ganas de hacerlo. Aún así no es un disco re popular, pero cada uno debe hacer lo que le de ganas. Yo tengo la suerte de sentirme libre dentro de la música, sin ser representante de un género en particular.

Tengo mucha música guardada, pero también mantengo la humildad de que todos somos alumnos del sonido. Hay que seguir aprendiendo. De los grandes de antes y de los nuevos, también.

A diferencia de "Pyrámide" o "Puñal", decidiste sacar estas últimas canciones como singles.

El concepto de single es la primera vez que lo hago y la estoy pasando bien, en el sentido de que cada instancia de comunicación es como hacer un disco nuevo porque hay una tapa, un video y toda una idea para una canción que, a su vez, te permite concentrar la fuerza. Así que creativamente me divierte, pero no quita que no esté haciendo esos discos de los que hablé. Uno urbano y otro re loco.

Hace unos años me traumaba un poco la idea de tener esa bipolaridad musical, pero entendí que era así y que tenía que explotarlo.

¿Cómo explicarías la riqueza del trap a las generaciones que quizás llegaron tarde o que no lo consumen?

Yo creo que básicamente la música se escucha y te gusta o no. Si ponés una canción y la sentís, dejate llevar. Ese mismo prejuicio lo tuvieron con el rap y con el rock, porque a la gente le cuesta aceptar nuevas sensibilidades y nuevas formas de expresar.

Uno va tejiendo toda su vida con un soundtrack y una forma de ver las cosas, hasta que aparecen nuevos animales en el bosque. Al principio los siente como una amenaza y los ataca, pero creo que algunas veces hay que parar para ver qué onda y aceptar que el mundo cambia. Me pasó con el rap, imaginate la gente del palo del rock cómo nos dio a nosotros. Y siempre va a pasar.

Lo que tiene que cambiar es la forma de agresión a las nuevas generaciones. La cultura va cambiando y cada uno tiene su lugar. Agradezco a la vida el estar siempre evolucionando. Hay otros artistas que por ahí se sienten más cómodos en un nicho, y está muy bien, pero no es mi naturaleza. Yo no podía ser sólo rapero o rockero, tenía que hacer canciones y tocar la guitarra también. Eso muchas veces me costó éxito, pero ser diferente hace que tengas que luchar contra lo establecido y el prejuicio.

¿Cómo percibís a este público joven que se está sumando?

Está buenísimo que pase y ya lo vivíamos con IKV. Al final creo que tiene que ver con algo más social, o de las redes sociales, el separar las cosas por edades, cuando el arte pasa por otro lado. En algunos casos la experiencia y el tiempo hacen que sean más ricas.

Tengo una banda armada que es furiosa y con la que presentamos una experiencia diferente. La gente que viene al show disfruta tanto de la musicalidad, como de los músicos y de la energía que se genera. También está bueno cómo se mezclan los mundos de mis discos solista, porque se acomodan de una manera muy natural.